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Un atardecer en la Toscana 'Un atardecer en la Toscana', retrato de la Europa ignorante

El cineasta polaco Jacek Borcuch advierte del peligroso aumento de la xenofobia y denuncia la ineficacia europea en 'Un atardecer en la Toscana', una película protagonizada por una poeta Premio Nobel de Literatura y por la amenaza de las sociedades ignorantes.

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'Un atardecer en la Toscana'

Ezra Pound, una de las voces más influyentes en la poesía y las vanguardias del siglo XX, estuvo durante meses encerrado en una jaula como una bestia, a la intemperie, a la vista de todos. Ajusticiado por haberse declarado admirador de Mussolini, muchos años después, atravesado por la tristeza de haberse equivocado, escribió en la monumental obra Los Cantos, el poema épico más importante del siglo pasado: "He intentado escribir el paraíso. Que los dioses perdonen lo que he hecho. Que aquellos que amo traten de perdonar lo que he hecho".

Este capítulo de la vergüenza –no la del poeta americano, sino la de la humanidad rencorosa e ignorante- inquietó al cineasta polaco Jacek Borcuch. Le interesó la figura del artista que cruza los límites morales y desde ella comenzó a escribir la historia de Un atardecer en la Toscana, un relato protagonizado por una poeta, Maria Linde, Premio Nobel de Literatura, convertida en autoridad moral sin proponérselo de una Europa a la que llegan miles de refugiados.

Una Europa sofocante e incierta

Interpretada por la veterana actriz Krystyna Janda, esta mujer, concebida por Borcuch como una mezcla de "Patti Smith, Susan Sontag, Bob Dylan, Oriana Fallaci…", comete el pecado de la palabra. En un discurso público, donde critica a los gobiernos europeos, se pone del lado de los refugiados, denuncia la burocracia y la corrupción en los campos de refugiados, y afea la tolerancia de fachada, compara un ataque terrorista con una obra de arte. Y ahí la serenidad del pueblo de la Toscana donde vive se transforma en ira y odio, reflejo del miedo a lo desconocido y a lo que no se entiende.

Un atardecer en la Toscana va convirtiendo un drama familiar en un retrato de la Europa de hoy en permanente conflicto. "El viejo continente ha estado marcando el tono durante cientos de años, ha sido un punto de referencia, dando forma e imponiendo una imagen de lo que es la vida en nuestro planeta. Hoy, cientos de miles de refugiados recién llegados obligan a que se tomen decisiones rápidas, a menudo mal pensadas, cuyas consecuencias se padecen cada día. El miedo a lo desconocido, la falta de política sabia y la cooperación entre los estados que forman la Unión hace que el continente sea sofocante y muy incierto", escribe el cineasta en sus notas de dirección.

El orden cotidiano

Premio Especial del Jurado en Sundance para la actriz Krystyna Janda, ella es la clave de la película. Una mujer casada, madre y abuela, que mantiene una relación con un joven egipcio. Una descendiente de supervivientes del Holocausto refugiada en Italia. Un alma que observa el mundo con la sensibilidad de la poeta y el espíritu punki de los rebeldes. Una artista a la que un pequeño grupo de intelectuales influyentes convirtieron en quien no era y otorgaron el dominio de cierta moralidad. Cuando ella, Maria Linde, es un ser completamente ajeno al concepto de moral. Más allá, ella misma es una inmoralidad en medio de esa convención reconocida como moralidad.

La actriz Krystyna Janda, en una escena de la película

A través de este personaje, Jacek Borcuch advierte del peligroso aumento de la xenofobia en Europa. En unas declaraciones realizadas en Polonia para la revista cultural Onet Kultura, el cineasta recordó cómo cuando tenía 19 años y el comunismo terminó en Polonia, experimentó una "sensación de alivio combinada con la convicción de que lo peor estaba ya detrás de mí. Estaba seguro de que con la apertura de las fronteras al mundo sería más fácil y más hermoso. Pero la libertad, como sucedió años después, no es fácil ni hermosa, ni eterna. La gente está feliz de intercambiarla por la paz, por no ver gente de otro color a su alrededor, de modo que nada, aparte de sus asuntos, altere el orden cotidiano".

"Comerciantes de palabras"

Un atardecer en la Toscana va más allá. La película es también una reflexión del papel con el que no cumplen los políticos europeos y de la necesidad de los ciudadanos de encontrar esos referentes en otras tribunas públicas. "Por ello me pareció tan interesante la figura de un destacado artista que cruza los límites morales y éticos. Porque, especialmente hoy en día, cuando los políticos se han convertido en los comerciantes de palabras y significados, cada una de sus declaraciones es un eslogan que se adapta con precisión a las necesidades del grupo objetivo. Todos, como el fuego, temen la ambigüedad, no encontrar algo en su discurso que pueda ofender a alguien".

Por supuesto, la literatura, el arte, la Cultura en mayúsculas, tiene un papel protagonista en esta historia. No es solo que el personaje principal sea poeta y Premio Nobel -lo que facilita al director el decir grandes palabras-, es la importancia de la cultura. Hay que leer, viajar, aprender idiomas, dice Jacek Borcuch desde sus personajes. Hay que asumir la responsabilidad de nuestras decisiones, participar en los temas sociales y políticos, "para tener tu propia mente y ser capaz de defenderlos. De lo contrario, no puede haber ninguna cuestión de libertad –dijo tras el estreno en Sundance-. El hombre privado de estas cosas es una criatura primitiva".

Hay que participar, ser parte, de la cultura, en definitiva, para desterrar el miedo y no renunciar a la libertad ni cerrar fronteras ni odiar al otro. "Cuando veo con qué facilidad la gente cree en esa basura sobre los refugiados, en esa propaganda terrible y cínica –sentenció Borcuch a propósito del estreno el mes pasado en Polonia-, me asusta pensar peor sobre ellos que sobre aquellos que les mienten. No entiendo cómo se puede ser tan ingenuo y tan estúpido".