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La mujer detective tiene su lugar en el teatro

El Centro Dramático Nacional, que sigue la estela de las novelas policías nórdicas, presenta 'La ciudad oscura'  

Un momento de 'Ciudad Oscura'. - MARCOS GPUNTO

ALFONSO ÁLVAREZ-DARDET

MADRID. - El detective privado que describen las novelas negras suele ser un hombre de edad madura, malhumorado, con serios problemas con la bebida y un inmenso vacío en su interior. Un ser solitario, de gancho fácil y mirada profunda que se esconde en la penumbra de mugrientos callejones, envuelto en la nube tóxica que emana de su cigarrillo. Detalle más, detalle menos, esa es la imagen que nos han vendido escritores del género como Michael Connelly o Dashiell Hammett, entre otros, de sus personajes.

En aquellas sórdidas historias la mujer representa el papel de la femme fatale. Una diosa de generosos pechos y peinado imposible que iluminaba con su feminidad hasta el más oscuro de los rincones. La dama joven y elegante destinada a enloquecer al ya de por sí perturbado protagonista. Angelical y letal, su presencia quedaba justificada como uno de los múltiples obstáculos que debía esquivar el intrépido y obstinado sabueso para dar con el malhechor.

Todo iba bien en esta alianza sacramental entre autor y personaje, hasta que un día, llegaron los nórdicos y todo cambió. Stieg Larsson, creador de la famosa saga Millennium que tiene como protagonista a un periodista y una hacker, Lisbeth Salander, murió sin ver su obra publicada. Quizás pudo intuir en vida que esta contribuiría a desmembrar estos tópicos citados anteriormente.

Su personaje femenino es fuerte, inteligente y solitaria... y está lo suficientemente perturbada como para competir con el más desequilibrado de los detectives masculinos. Su inclusión en el género despertó un boom creativo en el imaginario de los nuevos escritores y animó a muchas creadoras a introducirse en el género.

La Ciudad Oscura. - MARCOS GPUNTO

El público disfruta de historias detectivescas protagonizadas por mujeres. Una de las investigadoras más populares es Sarah Lund, la protagonista de la serie danesa Forbrydelsen (The killing en su versión norteamericana). Sobre ella se ha dicho: "Es simple y llanamente uno de los más grandes personajes femeninos jamás creados", según el Daily Telegraph.

Esta nueva ola de historias de sabuesas son las que inspiraron al dramaturgo cordobés Antonio Rojano, un fanático del género negro, a escribir La ciudad oscura, función que se representa del 18 al 29 de marzo en el teatro María Guerrero. La obra, al más puro estilo detectivesco está protagonizada por una mujer: "Ella es una policía experta, huraña y antipática", describe el escritor, y para contrarrestar la antipatía de este personaje está acompañada de un joven aprendiz que es todo lo contrario, "trata de hacerse el simpático y es bastante inexperto". Paco Montes es el encargado de la dirección. Sobre sus hombros recae la misión de desgranar el argumento con cuentagotas, para que el público mantenga el misterio hasta el final.

No hay eje central. La acción recae, según el momento en el que se encuentre, en dos planos distintos. Un primer mundo, el real, en el que un padre escribe un libro con su hija. Ambos interaccionan alrededor de una mesa, único mobiliario en escena. En el espacio vacío que rodea el escritorio interaccionan los personajes del segundo mundo, la historia que juntos inventan. En ella dos policías investigan la muerte de un jockey el día después de una carrera. A medida que se desarrollan los acontecimientos las pistas dirigen a los investigadores hacia una conspiración al más puro estilo del 23 F. "La obra trata de hablar de la oscuridad como símbolo de aquellas informaciones veladas, de la manipulación en todos los sentidos", explica Rojano.

En la historia inventada, un grupo neofascista asentado en el poder trata de perpetuarse manipulando la realidad. Una vez más el Congreso es el escenario de una conspiración diseñada desde las más altas esferas. El objetivo es hacerse con los medios para que los nuevos partidos emergentes acaben señalados como culpables. "Va a ocurrir algo y se va a culpabilizar a las plataformas Rodea el Congreso, 15-M… Pero no han sido ellos, sino unos conspiradores". El autor no quiere contar más. Hay que mantener el suspense hasta el final.