Público
Público

Entrevista al autor de 'Fariña' Nacho Carretero: "El periodista de a pie alzó la voz contra quienes pagan con visibilidad"

El reportero coruñés publica 'En el corredor de la muerte', un libro sobre Pablo Ibar, condenado a la pena capital en Florida.

Publicidad
Media: 4.09
Votos: 11

Nacho Carretero, autor de 'Fariña' y 'En el corredor de la muerte'. / FOTOS: CHRISTIAN GONZÁLEZ


Nacho Carretero (A Coruña, 1981) llevaba años ejerciendo el reporterismo con solvencia cuando se topó con el fardo de Fariña. No hacía falta la denuncia de uno de los personajes del libro, una radiografía del narcotráfico en Galicia, ni el consecuente secuestro de los ejemplares para apreciar su trabajo a pie de calle. Pero el paso por el juzgado, del que salió indemne, y la serie homónima amplificaron su voz.

Ahora retoma un caso que llevaba tiempo en su tintero: la condena a muerte del español Pablo Ibar, sobrino del boxeador Urtain, tras un turbio viacrucis judicial por el asesinato de tres personas en Florida. Las únicas pruebas en su contra fueron un vídeo borroso grabado en la escena del crimen y un testigo ocular presionado por la policía: ni rastro de su sangre, ni de su ADN. La impericia del abogado de oficio lo llevó a la cárcel tras un juicio injusto.

En octubre, podría volver a nacer de nuevo, después de pasar más de veinte años preso. Su actual letrado ha frenado la cuenta atrás y lo defenderá en otro proceso con mayores garantías. El periodista gallego desgrana los años de libertad y encierro de un joven que se está haciendo viejo entre rejas. Tras visitarlo en la prisión de Miami, cartearse con él y entrevistar a su familia, narra su atribulada vida en el libro En el corredor de la muerte (Espasa).

¿Tiene la convicción de que Pablo Ibar es inocente?

No, la convicción no, porque es imposible tenerla. Cuando un tribunal dictamina algo, aceptamos, como un contrato social, que esa persona es culpable o inocente. Si me tengo que inclinar por algo, apostaría a que Pablo no hizo eso porque jurídicamente no se sostiene, por lo que indican las pruebas y por lo que señalan los hechos. Después de muchos años conociendo a su familia y a su entorno, confío en su inocencia. Es realmente difícil demostrar que lo haya hecho, pero insisto en que la mía es sólo una opinión como cualquier otra.

"No sólo hay inocentes en el corredor de la muerte, sino que ya han ejecutado a muchos, porque la justicia no es infalible"

Mi labor aquí es la de un narrador que ha descubierto una historia interesante y se limita a exponerla. En el libro intento ser lo más aséptico posible y no entrar en juicios de valor ni en reflexiones, para que sea el lector quien saque sus propias conclusiones y responda a esa pregunta.

Como advierte desde el inicio, usted es un "mero narrador" que “nunca osa meterse en la mente o sentimientos de unos personajes que, en este caso, son personas”.

Eso se percibe hasta en el lenguaje. Casi lo calificaría de trabajo artesanal, porque yo no aporto nada de mi cosecha. El libro está construido a partir de horas de conversaciones con los protagonistas. Si digo que alguien sintió que "se lo tragaba la tierra", es porque así me lo expresó esa persona, no porque yo lo haya considerado así.

Cada vez que un condenado a muerte es absuelto, la pena capital es puesta en entredicho y provoca un temblor en el sistema estadounidense. Aunque quizás no debería ser necesario apelar a los fallos para defender su abolición.

Ocurre cada vez que liberan a un inocente del corredor de la muerte. Hubo quienes demostraron que no eran culpables después de veinte o treinta años encerrados. Eso es un torpedo en la línea de flotación del sistema, porque demuestra que se iba a ejecutar a un inocente y, por tanto, que probablemente se ha ejecutado a inocentes. Si liberan a Pablo, provocará un nuevo terremoto, pero no ayudará a abolir la pena capital en ese estado, porque hay gente que la apoya.

"El riesgo de matar a un inocente invalida la aplicación de la pena de muerte"

Por eso es tan difícil sacar a alguien del corredor de la muerte, pues en el fondo pone en duda el sistema. De hecho, hay abogados especializados en este tipo de casos, aunque sus tarifas son salvajes.

Nacho Carretero. / FOTO: CHRISTIAN GONZÁLEZ

No como el abogado de oficio Kayo Morgan, un desastre como letrado y como persona que, según su relato, arrastró a Pablo hasta el corredor de la muerte. Allí comienza a estudiar Derecho y, entonces, percibe el despropósito de su defensa.

Es una de las piedras angulares de la historia y una de las razones por las cuales Pablo se enfrenta a la pena capital. El abogado de oficio no lo defendió, un derecho del que goza cualquier persona, y terminó en el corredor de la muerte durante dieciséis años. O sea, Pablo sufrió indefensión, algo que el propio Tribunal Supremo de Florida ha admitido cuando se repitió el juicio. En cualquier sistema judicial que aspire a ser mínimamente democrático y moderno, es intolerable.

Se le ha pasado por la cabeza que sea culpable, pero que no tendría que haber sido condenado por falta de pruebas.

No, porque las pruebas me llevan a pensar que es inocente.

¿Hubiese escrito el libro si creyese que es culpable?

Si no hubiera esas inconsistencias, lo más probable es que todos nos inclinaríamos a pensar que es culpable. Y si no se hubiera producido esa injusticia, la historia perdería atractivo. Precisamente, me atrae porque es rocambolesca, lo que me lleva a creer en su inocencia.

¡Qué vida la de los Urtain! ¡Y qué crónica de la muerte anunciada de Pablo Ibar!

Es otro elemento literario más de esta historia. Es muy novelesca, de ahí la atracción que sentí. Resulta interesante hasta el revestimiento de la familia, que parece sometida a un maleficio, por no hablar del paralelismo entre la lucha de Pablo y los combates de boxeo de su tío [Urtain se suicidó arrojándose al vacío desde un décimo piso]. Es casi una tragedia griega.

Usted lleva el gran reportaje al formato libro, manteniendo un ancla en el periodismo, si bien son historias muy literarias o cinematográficas. 

Es un reportaje periodístico que podría tener cualquier otro formato, aunque yo he decidido que fuese un libro. A partir de ahí, puede estar condimentado con un lenguaje más novelesco o el lector puede tener la sensación de estar navegando por una novela negra.

Rehúye el adorno vacuo. ¿Se siente más periodista o escritor?

Sin ninguna duda, periodista. De hecho, no me considero escritor. Mi intención era convertirme en una correa de transmisión entre los hechos y el lector. No hago ninguna pirueta, entre otras cosas porque no se me da bien.

¿No le ha asaltado nunca la tentación de escribir ficción?

Se me pasa por la cabeza, pero como una fantasía erótica o como un sueño. No me veo capacitado y, además, la realidad resulta una fuente inagotable de de temas que, al final, parecen novelas en sí mismos. Me siento más cómodo en la no ficción, donde puedo hacerlo bien y aportar más.

Pablo Ibar sueña con salir de la cárcel e irse directamente a comer pollo crujiente a una cadena de comida basura, pese a que sus pesadillas a veces discurren entre rejas. ¿Con qué sueña usted? ¿Los recuerda al día siguiente?

A veces, aunque cada vez menos. Suelo acordarme de los feos, no de los bonitos [risas].

¿Alguno que se haya hecho realidad?

Desde que tengo inquietud periodística, siempre soñé con poder vivir de lo que escribía, y eso se cumplió. Luego, con poder llevar a cabo proyectos que me hicieran sentir realizado y que tuvieran un reconocimiento, algo que también está ocurriendo. En ese sentido profesional, lo que vivo ya es más de lo que he soñado.

Nacho Carretero. / FOTO: CHRISTIAN GONZÁLEZ

Su billete ha sido de ida y vuelta: empezó en redacciones, recorrió medio mundo como freelance y volvió a pisar la moqueta. ¿Recuerda esa etapa intermedia, de acá para allá, como la mejor?

Esa etapa tiene un aspecto imbatible: la libertad de llevar a cabo proyectos que te apetecen cuando tú quieres. Eso es incomparable y resulta muy difícil que te lo dé un medio. Tengo un recuerdo muy grato, porque aproveché para aprender, para viajar, para hacer cosas que quería hacer y, afortunadamente, se presentaron oportunidades muy buenas. Pero también tiene un lado muy amargo, como saben tantos periodistas...

De algún modo, el pasaporte hacia los grandes medios fueron sus trabajos sobre el terreno, aunque a veces esas arenas resultan movedizas y el freelance termina con el fango hasta el cuello. "Escribo sobre lo que quiero, pero no me da para vivir".

Claro, ése es el lado realista. Yo creo que en España no es posible ser reportero freelance para la prensa escrita. Ya no es que sea extremadamente complejo o sólo para unos pocos elegidos, sino que económicamente es imposible.

En su caso, siguió haciendo méritos hasta que volvió a subirse, digamos, al tren de la nómina. Sin embargo, ejercer como colaborador puede ser la trampa que uno se tiende a sí mismo. “Si este señor o esta señora escriben buenos temas y les pago poco, ¿para qué voy a contratarlos?”.

Efectivamente. Es un asunto de dinero o, más bien, de ausencia de dinero. He sido reportero en El Español y, actualmente, en El País, por lo que me considero un privilegiado. Hago lo que me gusta y, sobre todo ahora, con una libertad y una confianza del periódico muy grande, por lo que no puedo quejarme. ¿Por qué es muy difícil tener reporteros en plantilla para que sólo hagan reportajes?

"Los errores judiciales se pueden enmendar, excepto si el error ha consistido en aplicar la pena de muerte"

Obviamente, por una cuestión puramente económica. Al medio le sale más a cuenta pagar ciertas colaboraciones, sin hacerse cargo en muchas ocasiones de los viajes. O sea, mal pagarlos, sin que le generen más gastos que el del reportaje en sí.

La casuística es amplia: la visibilidad como pago, gente que escribe gratis porque tiene otro sustento y demás mandangas. Un sistema que a largo plazo perjudica a toda la profesión, fijos y colaboradores, porque la oficina del paro —paradójicamente llamada de empleo— sigue estando a la vuelta de la esquina.

Estamos mejorando un poco, porque los periodistas de a pie han alzado la voz contra quienes pagan su trabajo con visibilidad. Con el tiempo, hemos sabido hacer autocrítica. Si te fijas, el medio siempre era el demonio y el explotador. "Me voy a Siria y sólo me pagan sesenta euros por crónica", decían algunos. Ahora, en cambio, la respuesta es: "Bueno, tío, pues no vayas, porque si cobras sesenta euros no estás jodiendo a todos los demás".

"No me veo capacitado para escribir ficción, aunque se me ha pasado por la cabeza, pero sólo como una fantasía erótica"

Si aspiras a la visibilidad, buscas una oportunidad o incluso quieres sentir la experiencia de ser un reportero de guerra, vete. Hazlo de una vez. ¿Pero por qué vuelves? ¿Por qué llevas ahí dos años? ¿Por qué sigues aceptando esas tarifas y luego estás quejándote? De pronto, fuimos más conscientes de eso.

¿Cómo acabaría con la precarización de los colaboradores? Comencemos por subir el precio de las piezas. Luego....

Lo dicho, básicamente es una cuestión económica. En Estados Unidos no pasa esto. "¡Oh, qué periodismo! ¡Oh, qué reportajes". Pues a lo mejor esa persona le dedicó seis meses al tema, porque allí hay pasta. No es que tengan un don natural por el cual escriben mejor. Aquí hay profesionales que, si tuviesen tiempo y dinero, contarían historias brutales.

¿Y hay un público dispuesto a pagar por leerlas?

Está claro que influye la mayor población de Estados Unidos. Ahora bien, aquí también hay un público al que le interesan los reportajes largos. ¿Dispuesto a pagar? De momento, no, por lo que a los medios más le vale que espabilen porque, de lo contrario, el futuro se presentará complicado. En otros países, los principales medios han apostado por la suscripción y se está demostrando que ése es el camino. Aquí todavía no sucede, pero hay que ganarse la fidelidad del lector ofreciéndole buenos temas.

En Jot Down describió las atrocidades cometidas en Ruanda, pero también la grandeza del humilde y aguerrido Eibar. No hay historias pequeñas.

Así es. Muchas veces nos perdemos en el fuego de artificio. Las guerras y las crisis humanitarias tienen un aura muy atractiva y fascinante. Como si eso fuera "el reportaje" y lo demás pareciera secundario. 

"En las redes sociales, la gente que matiza o reflexiona genera rechazo y se ve apartada de esa pelea de gallos. Aunque sean minoría, los radicales son más ruidosos"

Hay historias increíbles en todas partes y cada vez me fascinan más las pequeñitas, las personales, las que van de lo concreto a lo universal y encierran unas lecturas y unas reflexiones profundas. Me acuerdo de un reportaje que hice sobre una señora que llevaba dos años muerta en su sofá y nadie se había dado cuenta. Un tema brutal que habla de la soledad, de las relaciones humanas y de la sociedad de hoy en día.

El reportaje sobre María la Portuguesa, de David López Frías.

Una historia tremenda y maravillosa. Hay miles de personajes anónimos y sencillos con una una trascendencia de calado.

¿Algún personaje para su próximo libro?

No. Me lo preguntaban mucho después de publicar Fariña, pero ahora no tengo ninguna historia en la cabeza con forma de libro.

Todo estaba ahí, mas había que darle forma. Cuando llegó el éxito, rechazó retomar el tema del narco, porque habrá tanto que contar... Aunque a veces lo tenemos tan cerca que nos parece ¿anodino?

Tal vez. Eso pasó también con Fariña. Probablemente, hace unos años, los medios o las editoriales no hubieran apostado por el narcotráfico en Galicia, porque lo hubiesen considerado un tema local que ya se había contado. En realidad, tenemos historias fascinantes en España que hablan de cómo somos, pero no les hacemos caso por cotidianas o por sabidas.

"No tengo muy claro qué preferiría: la pena de muerte o pasar el resto de mi vida en una celda"

Sin embargo, si las rescatas de las páginas de los periódicos, les das un barniz más literario, les quitas el corsé periodístico y te quitas los complejos para contarlas sin temor a caer en la frivolidad, se convierten en historias maravillosas.

¿Qué se le pasaba por la cabeza antes de ponerse a escribir Fariña y qué sensación tiene hoy?

Era el libro que me apetecía escribir y, sobre todo, que me apetecía leer. Ahora siento muchas más cosas, porque profesionalmente me ha cambiado la vida. Ha tenido una repercusión tremenda y espero que le sirva al periodismo para ver que esas historias, contadas así, funcionan y pueden tener un recorrido cultural, audiovisual e incluso de ficción.

¿Puntúe la serie de cero a diez?

A la serie le doy un diez, porque captaron lo que puede hacer diferente esta historia. Además de su altísima calidad, tuvieron la visión y el acierto de contextualizarla, de contar con actores y actrices gallegos, de rodarla allí y de captar la atmósfera, el clima, los códigos, la forma de hablar y de relacionarse...

"En España hay historias fascinantes que hablan de cómo somos, pero no les hacemos caso por cotidianas o sabidas"

Ése es su valor añadido, igual que sucede con Gomorra o The Wire. Ojo a la sinopsis de la producción de David Simon: criminalidad y camellos en Baltimore. "¡Bah! ¿Y a mí que me importa!". Sin embargo, es una de las mejores series de la historia. Y, precisamente, ahí está la clave de Fariña.

Nacho Carretero. / FOTO: CHRISTIAN GONZÁLEZ

Qué sociedad más hipócrita: a un personaje de Fariña parece no importarle su currículo de narcotraficante, aunque amenaza con querellarse por unas escenas de sexo. Como si le resbalase que sus descendientes vean que ha sido un criminal, pero el juego de cama ni tocarlo.

Prefiero no meterme en eso. Si él considera que eso le ofende o vulnera su honor, tiene todo el derecho a demandar.

Ahora que ya ha pasado todo, ¿qué conclusión saca del secuestro del libro? ¿Qué ha fallado?

No lo sé, y nunca lo supe. No comprendo cómo la jueza pudo tomar esa decisión. Ni yo, ni casi nadie. Por suerte, porque eso habla de que somos una sociedad que no tolera ciertas cosas y a la que tampoco le gusta que se censuren libros cuya intención es informar, no vulnerar el honor de nadie. Esa incomprensión ha servido para generar un ruido que será positivo, porque ayudará a que no vuelva a ocurrir.

¿Se nos está yendo la censura de las manos o, si lo prefiere, la libertad de expresión?

Lo de Fariña fue distinto desde un punto de vista jurídico, porque su secuestro se debió a una demanda por supuesta vulneración del derecho al honor, aunque coincidió en el tiempo con los casos de Valtonyc o de ARCO. En ese sentido, si queremos ser una sociedad moderna, como ciudadano creo que urge revisar la ley mordaza o el delito de ofensas a los sentimientos religiosos.

Volviendo a su nuevo ensayo, Michael sufre los daños colaterales de la condena a muerte impuesta a su hermano. Por una parte, lo rechazan en las entrevistas de trabajo: basta fijarse en su apellido o googlear su nombre, lo que refleja que nadie está a salvo de una difamación falsa. Por otra, nadie lo cree, o sea, ignoran la versión que exculpa a Pablo, lo que nos lleva a esa turba digital que no se informa ni reflexiona lo suficiente. El tribunal de la inquisición de las redes sociales, donde apenas caben los grises entre tanto linchamiento: ¡a por éste¡, ¡a por el otro! Parece que importa más el prejuicio que la verdad.

Yo creo que ahora simplemente son más visibles nuestros prejuicios, nuestros miedos y nuestros moralismos. La indignación, la intolerancia y la censura antes eran iguales, incluso mayores. Sin embargo, se trataba de una sociedad menos madura y más difícil de articular. Resultaba mucho más difícil que esa masa enfurecida con antorchas se dejase ver, porque no existían los canales de comunicación de hoy en día, tan inmediatos como Twitter. La indignación llega a nuestro teléfono al momento, aunque estoy seguro de que antes estaba igualmente ahí.

"Los medios deben ganarse la fidelidad del lector ofreciéndole buenos temas, porque en España hay  público al que le interesan los reportajes largos"

Está bien que ahora sea más visible, porque mirarnos al espejo como sociedad gracias a las redes sociales también genera debate y nos está haciendo ser críticos. ¿Nos estamos pasando con la censura? ¿Somos unos mojigatos? Esta reflexión está siendo buena para la libertad de expresión y de información. Como sociedad, aún nos queda muchísimo por madurar, pero vamos por el buen camino.

Nacho Carretero. / FOTO: CHRISTIAN GONZÁLEZ

No lo ve como un "estás conmigo o estás contra mí".

Claro que pasa. Cuando se genera un debate en el que hay tensión, se polarizan las posiciones y se pierden los grises. Al final, las posiciones intermedias se ven sumidas en el silencio. La gente que reflexiona o matiza genera rechazo y se ve apartada de esa pelea de gallos. Aunque sean una minoría, los radicales son más ruidosos"

Un tema a debate: el Pazo de Meirás. ¿Lo ha visitado?

Sí. Soy de A Coruña y he veraneado en la ría de Betanzos, no lejos de allí. Además, tengo familia política muy estrechamente relacionada con el Pazo de Meirás.

"Cuando la familia Franco dice que el Pazo de Meirás es suyo, me da la risa, porque pertenece al pueblo, que lo sufragó con su sueldo"

Eran militares que tuvieron que pagar una especie de diezmo —o sea, parte de su salario— para comprar la propiedad, que fue entregada a la familia Franco. Cuando le escucho decir que es suyo, me da la risa, porque literalmente es del pueblo, que lo sufragó con su sueldo. ¡Oye, no tengáis la cara tan dura! ¿Cómo que esto es vuestro? Hay que devolvérselo a la gente.

¿Y el Valle de los Caídos? ¿Qué hacer con la cruz, con los restos de Franco, con las goteras...?

Vaya por delante que mi opinión es como la de cualquier otro ciudadano: no vale más, ni resulta más interesante. Dicho esto, como monumento, no creo que haya que destruirlo. El Valle de los Caídos es muy bonito. Bueno, muy bonito no, pero arquitectónicamente es espectacular. Me daría pena que una mole así se derrumbase.

Creo que hay que despojarlo de su simbolismo fascista, porque un dictador no debería tener semejante honor. Habría que dejarlo como monumento, no como un mausoleo o como la representación de uno de los bandos de la Guerra Civil. 

"El Estado debe limitarse a aplicar la justicia, no a colmar los deseos de venganza de las víctimas, aunque sean perfectamente comprensibles"

Lo que no entiendo es por qué cierto sector de la derecha tiene ese reparo. Al revés, creo que la derecha misma debería encabezar esto para, por fin, dejar claro que es una derecha desvinculada completamente de un totalitarismo. ¿Qué tiene que ver ser de derechas con ser totalitarista? No entiendo por qué todas esas reticencias. Es absurdo e inmaduro.

Hablando de banderas y de simbolismo, en este caso blanquiazul, también ha escrito un libro sobre el Deportivo: Nos parece mejor. Dígame un motivo por el que valga la pena comprárselo.

El libro forma parte de una colección muy interesante que utiliza el fútbol como base para hacer un relato. El mío sigue esa línea. Es una historia con la que muchos lectores pueden sentirse identificados. Es un anecdotario y un memorándum de lo que supuso para nuestra generación crecer en los años ochenta y noventa, de cómo eran nuestras ciudades, de la identidad que buscábamos y del papel que jugó un equipo de fútbol en ese contexto. A partir de ese hilo conductor, se habla de muchas más cosas.

Armada y su padre en las gradas de Balaídos. Jabois y el Madrid. El periquito Enric González ajustando cuentas en Barcelona. Ander y la Reala. ¿Qué club echa de menos en la colección Hooligans Ilustrados? O, mejor dicho, ¿qué autor ligado a qué equipo?

Me encantaría leer un libro sobre el Celta escrito por Lucía Taboada.

Segundo gol por la escuadra: Bambú, la productora de Fariña, ha comprado los derechos de En el corredor de la muerte.

Ramón Campos, su responsable, fue una de las primeras personas que lo leyó. Le gustó y, tras hacerse con los derechos, me ha comentado que el equipo de Fariña ya está trabajando algo en la idea. A partir de ahí, veremos hacia dónde va...

Nacho Carretero. / FOTO: CHRISTIAN GONZÁLEZ

Volviendo a Galicia, los narcos han pasado de las planeadoras a los contenedores. ¿Pero dónde están los submarinos?

En 2006 llegó a encontrarse uno en la la ría de Vigo. Más de un narco me ha dicho que han introducido cocaína en Galicia con submarinos, aunque yo no los he visto, por lo que sólo te queda fiarte de su palabra [risas].

¿Hay más narcotráfico que antes, pero salta menos a la vista?

Sí, aunque es algo intangible. Digamos que hay más cantidad de cocaína entrando, ya no sólo en Galicia, sino también en Europa. Ahora se mueve más farlopa en el mundo que nunca.

Galicia, una esquina en el fin del mundo que pudo ser Sicilia. Buena comparación para explicarle las Rías Baixas a un neófito, mas quizás un pelín exagerada.

Es una frase hecha que intenta explicar un fenómeno: una organización criminal, en este caso de contrabandistas y después de narcotraficantes, llegó a estar muy cerca de las instituciones.

"La sociedad gallega, encabezada por las madres, se jugó la vida contra el narcotráfico. Esa reacción fue la que hizo moverse a los Garzones y la Justicia"

En unas ocasiones, dentro de ellas; y en otras, a veces ellos eran las mismas instituciones. Cuando la criminalidad organizada penetra en la administración, el problema se convierte en algo totalmente diferente y extremadamente complejo de extirpar. En Galicia casi ocurre, pero pudo evitarse, porque si no las consecuencias habrían sido nefastas.

¿Fue más héroe Baltasar Garzón o más heroína Carmen Avendaño?

Si Avendaño representa a la sociedad y Garzón representa al Estado, ambos se complementan. Ahora bien, quien dio el primer paso y se jugó la vida fue la sociedad gallega, encabezada por las madres, que dijeron "hasta aquí hemos llegado". Esa reacción social fue la que hizo moverse a los Garzones y a la Justicia.

En el Reino Unido están vendiendo Fariña como Snow on the Atlantic: How Cocaine Came to Europe. La traducción sería Nieve en el Atlántico: así llegó la cocaína a Europa. Imagino que le parece acertado el título, aunque quizás resultaría más poético Nieva en el Atlántico.

Puede ser... No obstante, en argot su snow sería nuestra fariña. El libro tiene muchos códigos locales, por lo que la traducción fue un desafío. De hecho, el subtítulo es un gancho internacional. Sin embargo, creo que hay mucho prejuicio. Pongamos el ejemplo de Gomorra, que refleja el crimen organizado en una ciudad de un país extranjero.

"Si ETA ya no existe, no le veo sentido a la dispersión de los presos, porque los únicos perjudicados son los familiares"

Pues aquí generó un fenómeno: todos nos sentíamos fascinados por los clanes de Nápoles, por su estética y por su forma de hablar. Funcionó el libro, la película y la serie. ¿Por qué no entonces la criminalidad, la estética y la atmósfera de un rinconcito de España en el que ocurrió algo muy particular?

¿Le interesa Roberto Saviano como autor?

Sí, como casi todos los periodistas de investigación, aunque con sus sombras. Hizo una investigación bestial y publicó unos libros muy buenos. Otra cosa es lo que le pasó luego: las consecuencias, el ruido y la exposición a las que se vio sometido. Cuando una persona está tan expuesta, se le analiza hasta el último matiz y, por tanto, se torna imposible salir bien parado. Recibe muchas críticas porque es muy conocido, pero no tiene más sombras que otros periodistas que pasan más desapercibidos.

¿Cree que se salvará Pablo Ibars?

Espero que sí. Sobre todo, como persona que soy contraria a la pena de muerte. Mi deseo sería que ningún Estado ejecutase a ninguno de sus ciudadanos.

¿El sistema es el demonio? Ante un crimen atroz, hay quienes claman justicia inmediata, aunque paguen justos por pecadores.

Eso no es justicia, sino venganza, y el Estado debe limitarse a aplicar la justicia. Por tanto, esa pulsión —que es castigar inmediatamente y con la máxima dureza al perpetrador del crimen— tiene que alejarse de un sistema judicial. No debe colmar los deseos de venganza de las víctimas, que por otra parte son perfectamente comprensibles.

Nacho Carretero. / FOTO: CHRISTIAN GONZÁLEZ

En el caso de Pablo Ibar, al final, una multiplicación: dos por tres, que son los metros cuadrados de su celda. ¿Resultado?

Antes preguntabas si el sistema era el demonio. Desde luego, en este caso el sistema da miedo.

Pederastas, asesinos en serie, violadores que no han salido de su calabozo en años… Pablo Ibar se hizo valer en la prisión de Miami y, después, en la de Raiford, donde estuvo recluido en el corredor de la muerte. Tuvo que imponer, digamos, otra ley: la del más fuerte. Luego, de la jaula al hueco: una pelea con un recluso lo confina en la celda de castigo, sin libros ni televisión, apenas unos calzoncillos y un calendario de dos meses a la sombra.

No tiene otra lectura que la de un castigo extremadamente cruel. Aquí tenemos un poco más inculcada una concepción de la cárcel como un intento de reinserción. Muchos creemos en la redención, aunque no significa que siempre sea posible. Hay que ser realista: muchas veces no es viable la redención ni la reintegración, pero otras sí, por lo que entonces debería intentarse. Ahora bien, si metes a alguien en un agujero de dos por tres y lo tienes ahí hasta la hora de matarlo, queda claro que el único fin es el castigo.

Pablo decidió contratar al abogado Peter Raben —quien había logrado la libertad del madrileño Juan José Martínez tras pasar casi cuatro años en el corredor de la muerte acusado de un doble asesinato en Tampa— para que recurriese la sentencia y lograse un juicio justo. Cándido, su padre, reúne 300.000 euros, una minuta sensiblemente inferior a la que cobraba el letrado en estos casos. Sin embargo, acepta porque cree en la inocencia del condenado. Conclusión: sólo puede luchar por su libertad quien tiene dinero.

Básicamente, sí. Siempre te pueden proporcionar un abogado de oficio, pero en el caso de Pablo eso suena a chiste. Él siempre define la justicia de Florida como un negocio. Tiene la suerte de que recibe unas ayudas y cuenta con apoyos para poder pagarse precisamente los abogados más caros que hay.

Ellos son los que pueden llevar adelante una empresa tan complicada como sacar a alguien del corredor de la muerte. En ese sentido, Pablo dice que allí hay gente que asegura ser inocente, si bien no tiene ningún recurso en marcha porque no cuentan con dinero para contratar a un abogado.

¿Hay muchos Pablos en las cárceles de Estados Unidos?

Hay muchos reclusos que aseguran que son inocentes y, como mínimo, algunos de ellos dirán la verdad. Por lo tanto, no sólo hay inocentes en el corredor de la muerte, sino que han ejecutado a muchos. Aunque sólo sea por una cuestión de probabilidad, porque la justicia no es infalible.

Hay un personaje, o persona, que bien merece otro libro: Tanya, la joven novia que cree en él, pues según ella la madrugada del crimen estaban juntos en la cama. Su testimonio no es tenido en cuenta en el juicio y, pese a la separación eterna, terminan casándose con un cristal mediante. Sin poder tocarse siquiera, apenas un sí quiero. Tardaron seis años en abrazarse y lo hicieron, sin dejar de llorar, durante otros tantos minutos.

Es la historia que más me llama la atención del libro. Tanya es la verdadera protagonista. Ella huye de la visión romántica. No la relata como una historia de amor ejemplar, sino al revés. 

"Tanya, la pareja de Pablo, es la verdadera protagonista del libro. Huye de la visión romántica, pero sabe que no es culpable, por lo que estar con él es la única elección que la hace feliz"

Sus reflexiones son tremendamente lúcidas y muy descarnadas. Ella admite sin problema que ha sufrido mucho por esto, que ha tenido dudas, que ha desperdiciado aspectos de la vida que no ha podido disfrutar, que le ha causado mucho dolor... Pero sabe que Pablo no es culpable y que es la persona a quien quiere. Por lo tanto, es la única elección que la hace feliz. Me parece un razonamiento muy honesto y valiente. Me llama la atención por su corazón, por su lucidez y por su coraje.

Pese a no estar permitido el vis a vis, de sus encuentros furtivos en la cárcel nacen dos hijos, una nueva ilusión para Pablo.

Él siempre insiste en que el motor que le hace seguir adelante es tener familia. Comenta que presos que nunca han recibido visitas perdieron absolutamente la cabeza. Sin los suyos, no hubiera podido seguir con su lucha.

Nacho Carretero. / FOTO: CHRISTIAN GONZÁLEZ

Su mujer conduce durante horas para un encuentro fugaz. ¿Qué opina de la dispersión de los terroristas encarcelados en España?

Entiendo esa medida judicial para evitar fenómenos como los que pasan en algunas cárceles latinoamericanas; para evitar que exista un entendimiento; para evitar que un tipo que apenas ha rozado el fenómeno, pero es condenado por terrorismo, entre en un entorno en el cual sí hay terroristas y salga más convencido; o para evitar que ese espacio se convierta en una oficina central, como ocurre en algunas prisiones.

"Seamos realistas: en España es económicamente imposible ser reportero freelance para la prensa escrita"

En esos casos, entiendo la medida de dispersión. Dado que ETA ya no existe y que todos sabemos que no hay posibilidad de reorganización ni de adoctrinamiento, acaba convirtiéndose en un elemento político al que ya no le veo sentido. Los únicos perjudicados son los familiares, y eso no es justo.

No sólo presos vascos, sino también gallegos y de otras ideologías.

Sí, como los anarquistas veganos. El caso de los gallegos es tremendo. La ley antiterrorista viene de una época muy dura, que tiene que ver con ETA, por lo que ciertos aspectos de este proceso judicial han perdido sentido en el contexto actual. Que un chaval se coma veinte años por quemar un cajero... Eso debería revisarse.

Como diría Pablo Ibar, “ya no sabes cómo se sienten los rayos del sol en la cara”.

Desde fuera, la gente dice: "Le han caído sólo quince años". Sin embargo, estar privado de libertad es durísimo. Si cada día ya es un mundo, imagínate una o dos décadas encarcelado. Son cifras inasumibles.

Por cierto, la portada vuelve a ser del diseñador Artur Galocha. ¡Qué tío!

"Hay que despojar el Valle de los Caídos de su simbolismo fascista, porque un dictador como Franco no debería tener semejante honor"

Un fenómeno. Lo quiero a mi lado en todos mis proyectos porque es maravilloso. La portada de un libro termina siendo una parte esencial y Fariña le debe muchísimo a Artur. Si te fijas, la estética que él consiguió está por todas partes. Ya no sólo se relaciona con el libro, sino también con el narcotráfico. En este caso, ha logrado transmitir la idea de una vida que se va deshilachando.

Carnavales: varias personas pasan junto a usted disfrazadas con un mono naranja...

El carnaval es sátira y rebaja la tensión, aunque probablemente no me gustaría verlo. En todo caso, no creo que sea un tema que se preste a eso, más bien a la empatía.

Después de la serie y el secuestro de Fariña, es más probable que se vean disfraces de Sito Miñanco y compañía.

Yo creo que sí [risas].

Si mañana no pudiese volver a escribir, por el motivo que fuese, ¿qué le quedaría por contar?

Buf. Muchísimas cosas, a las que habría que sumar las que aún no sé que tengo por contar. Ahora bien, carezco de una historia tótem.

¿Y de cuál se siente más satisfecho?

De esas historias pequeñas que pasan desapercibidas. Las que están escondidas y, de pronto, las descubres y puedes difundirlas.

"Nos perdemos en el fuego de artificio. Las guerras tienen un aura atractiva, pero las historias pequeñas que pasan desapercibidas  me generan más satisfacción"

Me generan una satisfacción que no siento por casi ninguna otra. Escribí Mi tía Chus para la revista Orsai, sobre mi propia tía, que tiene síndrome de Down. Un tema que ni siquiera me sacó del salón de mi casa. Lo hice simplemente hablando con mis abuelos, quienes me relataron cómo habían peleado por la integración de su hija. Quizás ninguna otra me haya satisfecho tanto.

En fin, ¿por qué está en contra de la pena de muerte?

Porque estoy en contra de que nadie pueda asesinar a otra persona. Por una cuestión ética y porque, desde un punto de vista pragmático, considero que la justicia no es infalible. Los errores se pueden compensar o enmendar, excepto si el error ha consistido en matar a alguien. Exponerse al riesgo de matar a un inocente invalida la aplicación de ese castigo.

Cadena perpetua.

También me parece una medida muy extrema, pero sigue siendo revocable si demuestras tu inocencia, algo que resulta imposible tras una inyección letal. De todas formas, habría que ver cuál de las dos condenas es más cruel. No tengo muy claro qué preferiría: que me matasen o pasar el resto de mi vida en una celda.

O sea, morirse poco a poco.

Desde luego, vivir no es.