Público
Público

Netflix Amores condenados y fantasmas en la terrorífica 'La maldición de Bly Manor'

Netflix estrena este viernes la nueva entrega de la antología de terror creada por Mike Flanagan.

Imagen de 'La maldición de Bly Manor'. /Eike Schroter/Netflix.
Imagen de 'La maldición de Bly Manor'. /Eike Schroter/Netflix.

Defienden algunos críticos estadounidenses que La maldición de Bly Manor no da tanto miedo como lo hacía su predecesora, La maldición de House Hill. Puede que tengan razón. Aunque todo depende del nivel de tolerancia a las apariciones inesperadas y a los fantasmas de intenciones retorcidas que tenga quien se ponga al otro lado de la pantalla para disfrutar o sufrir, según se mire, con una historia de amores envenenados y trágicos desarrollada por Mike Flanagan a lo largo de nueve episodios de duración entre los 45 minutos y la hora larga.

Con Otra vuelta de tuerca como punto de partida y alguna que otra referencia más a las novelas de Henry James, esta segunda entrega de la antología más terrorífica de Netflix lucha con sus propios fantasmas: los de la comparación con su predecesora, alzada a la categoría de fenómeno hace dos años. Sin embargo, su concepción como temporadas independientes (aunque compartan género y parte del reparto) le favorece y hace que funcione perfectamente como una matrioska con infinidad de capas tanto a nivel de trama como de personajes y puesta en escena.

Los detalles importan mucho en esta historia. Por eso están tan cuidados invitando a un segundo visionado en el que apreciar todo eso que sucede en un segundo plano o que, aún estando delante de sus ojos, puede pasar desapercibido por el sobrecogimiento y el terror del momento. Esas rutinas de algunos de los protagonistas, esos comportamientos y sucesos que se repiten una y otra vez, el número de velas encendidas por los muertos, los muñecos hechos a mano, las llamadas sin respuesta, las huellas de barro… Todo eso son pistas a seguir para llegar al desenlace de las distintas historias que confluyen en un mismo espacio físico, el de una mansión en la idílica campiña británica.

Allí, en Bly Manor, conviven los miembros de la pequeña familia formada por el cocinero (Rahul Kohli), la jardinera (Amelia Eve), el ama de llaves (T'Nia Miller) y dos huérfanos, Flora (Amelie Smith) y Miles (Benjamin Evan Ainsworth), a los que el tío de ambos (Henry Thomas) envía una nueva niñera de origen estadounidense (Victoria Pedretti) con su propio trauma y drama que intenta huir aceptando cuidar a dos niños tan dulces en apariencia como inquietantes. Pedretti interpreta a Dani Clayton, au pair que comparte apellido con el director de The Innocents, adaptación de Otra vuelta de tuerca llevada a la pantalla en 1961 con una Deborah Kerr excepcional.

La maldición de Bly Manor trata de personajes dañados, marcados por una tragedia que les persigue y que confluyen en esa mansión espectacular de zonas prohibidas y sombras terroríficas donde todos y cada uno de ellos intentan recomponerse. Lo curioso (e interesante al mismo tiempo) es que ninguno parece querer reconocer o hablar abiertamente del dolor que atesoran. La serie va aumentando en tensión a medida que avanzan los capítulos, pero también en comprensión. A fuerza de ir encajando piezas de este complejo puzzle y desvelando misterios y porqués se entiende mejor el comportamiento de quienes allí habitan. Estén vivos y muertos. Por eso, uno de los aspectos más interesantes de la propuesta de Flanagan es que lo que puede dar miedo o asustar al comienzo acaba por despertar entendimiento, lástima y hasta cierto grado de empatía en algunos casos.

Enmarcada en el género de terror hay sustos, escenas que encogen el corazón, momentos de taparse los ojos y dejar escapar un grito, pero también hay conversaciones realmente profundas e interesantes sobre la muerte, el amor, la pérdida, el arrepentimiento, la culpa, el dolor… Esta entrega está plagada de grandes textos y líneas de guion tan intensas como inspiradoras. El ritmo, aunque creciente, se ve frenado en ocasiones por los viajes al pasado que, por otra parte, cumplen con su función de proporcionar información y cierto descanso a la mente introduciendo escenas en las que se da por hecho que no se incluirá el componente terrorífico. Es más, en su mayoría son viajes a tiempos más felices, a historias de amor cuando aún eran 'solo' romance… Hasta que dejan de serlo y se convierten en consecuencia directa de lo que ocurre en 1987 en Essex.

Como explica el propio Flanagan en una carta enviada a los periodistas junto con los capítulos, esta es una historia (o más bien muchas) de amor, de amor gótico, que "a menudo está mal entendido" por asociar la palabra romance a "algo de poca calidad, demasiado dulce". Sin embargo, como apunta el creador y showrunner de La maldición de Bly, "en el mundo de Henry James, 'romance' tiene una connotación diferente. Significa misterio y emoción y romance gótico significa horror y ruina".