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Series Alberto Rodríguez: "Esta temporada de 'La Peste' tiene el espíritu de la primera pero es más accesible para el espectador"

Movistar+ estrena la segunda temporada de 'La Peste', que regresa fiel a su esencia pero con un tono algo distinto y la "peripecia" como fin y La Garduña como hilo conductor.

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Captura de la serie de Movistar+ 'La Peste'.

En el último capítulo de la segunda temporada de La Peste, que aterriza hoy en Movistar+, "se da muy bien ese binomio entre una cosa tan bonita y estéticamente tan bien hecha y al mismo tiempo tan frenética". Este resumen tan certero de lo que es el regreso de una de las mejores y más cuidadas series españolas recientes lo hace su guionista, Rafael Cobos, en una entrevista para Público junto al resto de responsables y elenco de La Peste, que vuelve con seis capítulos en los que desarrolla una historia más luminosa, más coral, "más accesible para el espectador", dice Alberto Rodríguez, pero sin olvidarse de sus raíces, de esa primera temporada llena de dilemas morales, filosóficos y religiosos. 

Aquella volaba alto y la segunda sigue en esa línea sin desoír algunas críticas surgidas en su estreno que no fueron del todo justas. Sobre aquello, si era demasiado oscura o se veía mal y lo que en su día se dijo al respecto, el director Alberto Rodríguez, que se coloca tras la cámara de nuevo en los dos primeros episodios, explica que cuando las críticas proceden del público, "hay que tenerlas en cuenta". En esta nueva tanda de episodios se ha hecho una corrección en ese sentido, hay más luz, pero la decisión no obedece solo a las quejas pasadas, sino que responde también al giro en el argumento y a una necesidad de adaptarse a los nuevos modelos de consumo.

"La primera la pensamos para que se viera en un monitor, bien calibrado, con su carta de ajuste y la en unas condiciones determinadas. Lo que aprendimos es que la gente consume de mil maneras y muchas veces en condiciones que son increíbles, como en un autobús con la luz entrando por la ventana en el móvil", resume sobre la polémica de entonces. En base a eso, "en esta lo que tratamos fue de poner las cosas más fáciles".

Desarrolla una historia más luminosa, "más accesible para el espectador", dice Alberto Rodríguez

Pero que nadie se piense que de pronto la luz va a inundar la Sevilla del XVI como si se tratase de una obra impresionista. Nada de eso. Está todo medido para que la fidelidad a la época se mantenga. Ambientar la mayor parte de las escenas de día, como señala David Ulloa, director de cuatro episodios, es un buen ‘truco’ para conseguirlo enfrentándose "al reto" de corregir "sin que nos despeguemos de lo pictórico". Caravaggio es una referencias que está muy presente en La Peste que, como ya ocurría en su primera temporada, sigue pareciendo un cuadro en cada escena. 

Sobre la entrada de la luz en La Peste, Rodríguez añade que, además de lo expuesto anteriormente, hacerlo "está perfectamente justificado porque hay dos cosas muy importantes que hemos dejado atrás que teñían la primera temporada entera. Una es la enfermedad de Mateo, que es nuestro hilo conductor, nuestros ojos en la aventura, que es depresivo y recupera la fe en el hombre, con lo cual la depresión la deja atrás. Y otra es que la peste se ha ido y que la ciudad se encuentra en el momento económico casi más boyante que ha tenido en su historia. Y esto cambia todo". Resumiendo, "tiene el espíritu de la primera pero es mucho más accesible para el espectador". 

Captura de la serie de Movistar+ 'La Peste'.

La acción arranca en el Nuevo Mundo, cinco años después y con Mateo (Pablo Molinero) al otro lado del Atlántico intentando sobrevivir en unas condiciones durísimas que reflejan esa idea de que quizá la promesa de una nueva tierra estaba algo idealizada. Cuenta el director de La isla mínima que ese comienzo está "basado en un episodio real que ocurrió en la Patagonia, en el Estrecho de Magallanes. Construyeron un fuerte y dejaron allí a un destacamento y se olvidaron de ellos. Sobrevivieron dos o tres y por accidente, porque los rescató un galeón holandés". Para Cobos, esto "tiene que ver con el sinsentido de todo, de mandar a unos soldados a conquistar un espacio que no necesitaba ni conquista ni uso de conquista. ¿Qué hacían allí los españoles montando un fuerte que no iba a servir para nada? Al final estás hablando de poder. Y ese sueño imposible de poder tiene que ver con la segunda temporada y está ahí porque significa algo".

Una historia más coral guiada por la mano de La Garduña

Ese poder y la lucha por conseguirlo que menciona el guionista de La Peste impregnan toda la segunda temporada, en la que La Garduña, esa organización criminal que gobernaba en connivencia con los de arriba la Sevilla de aquellos años, se convierte en la protagonista principal de una historia más coral. Mateo, Valerio (Sergio Castellanos) y Teresa (Patricia López Arnaiz) siguen muy presentes, pero la trama se abre a otros muchos personajes conectados todos ellos por la mano quienes dirigen el crimen organizado. Ahí es donde entran en juego el asistente Pontecorvo, Escalante o Baeza.

Para Federico Aguado, quien da vida al primero, a ese soldado al que como premio por su victoria en Flandes lo envían con un cargo a Sevilla, su personaje no deja de ser "una persona honesta", un militar que si le dejasen acabaría con el crimen, la podredumbre y la corrupción que impregnan la ciudad que han puesto en sus manos. Sin embargo, no puede actuar como querría y se enfrenta al reto de aprender "por minutos" el funcionamiento de las cosas. 

En el caso de Escalante y Baeza son dos de los personajes con uno de los arcos más interesantes de esta segunda temporada. Sobresale la contención que en todo momento impregna la interpretación de Claudia Salas, que la achaca al hecho de que su personaje "no tiene inteligencia emocional y como no sabe lo que es querer, ni siquiera sabe lo que es que alguien se acerque a ti desinteresadamente porque quiera cuidarte y protegerte, está siempre a la defensiva".  

Captura de la serie de Movistar+ 'La Peste'.

Para hacer caer sus barreras llega a su vida el personaje de Baeza, introducido ya en la primera temporada y que en esta gana protagonismo como un tipo listo que sabe aprovechar las oportunidades que se le presentan en medio de un sistema podrido y, aún así, mantenerse fiel a sí mismo. "Lo más bonito de mi personaje es que se puede corromper materialmente, pero tiene un alma incorruptible", resume Jesús Carroza. Baeza y Escalante cumplen, además, la función de dar cabida al amor en una temporada en la que este está mucho más presente. No solo en su vertiente más romántica, sino también hacia uno mismo y hacia los demás.  

El personaje interpretado por Patricia López Arnaiz se abre mucho más al mundo

Sergio Castellanos (Valerio en la ficción) señala cómo su relación con Teresa ha pasado de que esta no le quisiese aceptar como hijo a que lo acoja completamente y se refiera a él como tal. Ocurre, en parte, porque el personaje interpretado por Patricia López Arnaiz se abre mucho más al mundo. La actriz lo ve "como algo orgánico en su proceso" que se ve reflejado en su relación con el hijo de su marido, pero también con el resto de las mujeres. "Va a ver a las demás y va a ver lo que ellas viven por el hecho de ser mujeres. Digamos que va a tener de repente una mirada feminista. No de repente, sino después de este proceso", sentencia. 

En cuanto a las evoluciones, la que más influye en el desarrollo y cambio de tono de La Peste es la del que fuera su principal protagonista en la primera temporada, Mateo, que pasa de ser alguien deprimido, melancólico, a alguien con mucha más luz. De nuevo la luz, sí. Habla Pablo Molinero de ese "recelo" a no "hacer ahora algo totalmente diferente porque aquello era muy lúgubre". En lugar un simple porque sí, se buscó la "coherencia en las evoluciones". En su caso, como en el de Teresa, lo que ocurre es que Mateo comienza "a ver a los demás, a solidarizarse con el otro, a poder compadecer. La compasión, el amor… empieza a entrar todo eso en juego cuando ves al otro. Tenemos todos los colores en nuestro interior", pero dependiendo del estado de ánimo en el que se esté se usa uno u otro para ver el mundo. 

Captura de la serie de Movistar+ 'La Peste'.

La "peripecia" como objetivo

Mateo, como mirada de La Peste, se ha quitado un peso de encima, el que cargaba sobre sus hombros en la primera temporada y que en parte también tenía la propia serie. Explica Rodríguez que esta nueva tanda de episodios ya "no carga con la responsabilidad de presentar un universo, de presentar un mundo, las reglas del juego… Todo desde el primer minuto ya corre. Era una serie en la que lo que teníamos que primar era la peripecia, la aventura". Y de eso, de aventura y entretenimiento, hay mucho en la segunda temporada de La Peste, que consigue lo que, en palabras de Cobos, se buscaba, algo más "trepidante" para que el espectador "se divierta más" porque "la intención originaria era que la peripecia fuera lo fundamental". 

El otro cambio tiene que ver con dejar atrás a las ratas y dar paso a las moscas, que Ulloa explica "como una metáfora de repartirse el pastel con esas moscas pululando encima de él, de las heces o de lo que sea. Es un poco los diferentes estratos de poder que hay y quién se siente poderoso". A un lado está La Garduña con su mano que lo abarca todo y los poderosos que le dan cobijo porque les interesa y también quieren su parte de beneficios. Por otro, esa suerte de caballeros andantes que, con las pocas herramientas que tienen a su alcance, sus propios intereses y su ingenio intentan acabar con la podredumbre de una Sevilla barroca más rica y próspera, pero igualmente sucia y enferma. En esta ocasión no por una peste, sino por la corrupción.