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Amazon Prime Video Francisco Denis: "Este 'Jack Ryan' es más parecido a lo que eran antes las películas de espionaje"

'Amazon Prime Video' estrena la segunda temporada de Jack Ryan, que cambia de terreno y conflicto y se traslada a Venezuela.

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Francisco Denis. / Amazon Prime Video

Jack Ryan, el agente de la CIA creado por el escritor Tom Clancy, está de vuelta en Amazon Prime Video con una segunda temporada que sube la apuesta, le da un giro argumental muy político y sitúa la acción en una Venezuela fácilmente reconocible sin pretender ser un retrato fiel a la realidad del país. Su objetivo, explicado por Francisco Denis, quien se suma al reparto en esta nueva tanda de episodios, es más narrar el conflicto de los personajes que el de un país concreto, por mucho que el ministro de Cultura de Venezuela, Ernesto Villegas, calificase de "burda propaganda de guerra disfrazada de entretenimiento" la serie cuando solo se había visto el tráiler.

"A mí me parece que es interesante que una historia que originalmente tiene más que ver con la Guerra Fría como son los libros de Tom Clancy sobre Jack Ryan la hayan trasladado a los conflictos actuales" afirma Denis, actor conocido en España por su papel como Miguel Rodríguez Orejuela en Narcos y que en esta da vida a Miguel Ubarri, mano derecha y amigo personal del presidente Nicolás Reyes (Jordi Mollà) para cuya construcción se ha basado en un diputado que conoce sin que él lo sepa. Del enemigo que habla árabe se pasa ahora al que habla español trasladando la acción fuera del territorio estadounidense y centrándola en Venezuela en un contexto armamentístico complejo que apunta a lazos con Rusia.

Eso sí, que nadie se lleve a engaño porque la de Jack Ryan no deja de ser una serie de acción y pura ficción. Es algo que repite en más de una ocasión Denis en su conversación con Público. "Más que hacer un trabajo documental sobre la problemática política o social de estos conflictos [el árabe o el venezolano], lo más interesante es cómo las personas, los seres humanos, se comportan en momentos de conflictividad social", explica. "Si te quieres enterar de la realidad venezolana, no es viendo Jack Ryan como vas a conocerla más", sentencia.

De hecho, aclara que si el personaje del presidente no se parece lo más mínimo a Nicolás Maduro es porque es algo buscando de manera intencional. "No es porque no se consiguiese un actor como Maduro, sino que la intención justamente no es hacer un retrato". Puntualizado esto, al final, la sensación que da viendo la serie es que esta podría haberse ambientado tanto en Venezuela como se ha hecho como en cualquier otro país. "Se podría hacer lo mismo en Argentina en este momento o Chile, Colombia, Bolivia…", apunta Denis.

Explicado el contexto que rodea esta segunda temporada, es hora de abordar la trama, la que sitúa al personaje de Jack Ryan (John Krasinski) en una nueva misión accidental, esta vez fuera de casa, que implica armas, corrupción desde los bajos fondos hasta el más alto nivel y servicios secretos. Un entramado de complicaciones y explosiones de las que, como ya ocurría en la primera temporada, suele salir bastante airoso. Es algo que llamaba la atención en su anterior aventura, la facilidad para resultar (casi) indemne de cualquier situación de peligro mientras a su alrededor otros mueren. Él sobrevive, pero alguien cercano no. Una tragedia que hace que Ryan se tome como algo personal la resolución de una misión en la que no todos los responsables de la misma le quieren. Tiene claro quién es el culpable y está dispuesto a hacérselo pagar. Aunque eso suponga desestabilizar a todo un país que ya vive en una situación complicada.

Por lo que se apuesta, al menos como se puede comprobar en los tres primeros episodios vistos antes del estreno de hoy, es, como analiza el actor venezolano, por centrarse en los personajes dotando su universo de esa acción propia de una serie de espías. En ese sentido, demuestra la capacidad que solo un puñado de personas puede tener para derrocar gobiernos o, cuanto menos, hacerles tambalearse. Algo que, dentro de las licencias dramáticas que se toma el guion, tiene que ver con el hecho de que "todos los organismos de inteligencia a nivel mundial, no solo la CIA, intervienen en decisiones que afectan a toda una realidad". Además, añade Denis, "esas decisiones son tomadas por una, dos o tres personas que se mueven por intereses geopolíticos o personales, muchas más veces de lo que queremos creer".

Más allá de Krasinski, más allá de Jack Ryan 

Con lo que hay que quedarse es con que Jack Ryan va de carreras, cosas que saltan por los aires, tiroteos, peleas y personajes. Una sucesión de ellos, buenos y malos, que se mueven más en los grises que en el blanco o el negro. Ni siquiera el protagonista, el héroe, puede presumir de serlo sin mácula. Después de todo, su ego le pierde en muchas ocasiones y lo que le mueve en esta temporada es la venganza. Una venganza ciega y una desconfianza forjada a base de engaños como el que sufre con el personaje de Naomi Rapace (Harriet 'Harry' Baumann).

A este agente de la CIA con problemas de espalda el espectador ya le conocía, como a su superior y compañero James Greer (Wendell Pierce), con el que se reúne en Venezuela. Los nuevos, además de Baumann, Reyes y ese Ubarri al que Denis describe como un personaje shakespeariano que "actúa sabiendo que cualquier acto que vaya a hacer va a ser de alguna manera traicionar a alguien, o a su mejor amigo, el presidente, o a su familia o al pueblo", el que más cautiva, por el misterio que le rodea, es Max Schenkel. Interpretado por Tom Wlaschiha (Jaqen H'ghar en Juego de tronos), es uno de los más enigmáticos y, aunque no es tan poderoso como lo fue Suleiman (Ali Suliman), podría dar mucho juego a medida que avance la trama si su camino y el de Ryan se cruzan realmente.

Por suerte para Krasinski, no solo él se encuentra más cómodo en el papel en esta segunda temporada, sino que, además, no le han colocado cara a cara con un enemigo que le haga sombra. Interesante es también la dinámica con Mike November, al que da vida Michael Kelly. En ese amplio abanico de personajes que se abre caben todo tipo de sentimientos e instintos: el rencor, la fidelidad, la lealtad, el honor, el compromiso, la responsabilidad, el amor… Y en esa tesitura, Ryan deberá resolver el entuerto de la manera más satisfactoria posible.

La serie creada por Carlton Cuse y Graham Roland se ha vuelto más política en su regreso sacando punta a esa idea que esgrime Denis de que "la política es corrupta en sí misma, no solo en Venezuela, sino en todas partes y ustedes [los españoles] lo saben perfectamente. Cualquier acción política es corrupta en sí misma porque de alguna manera siempre es imposible que tú puedas ser noble a una idea sin trazar, sin de alguna manera traicionarte a ti mismo". De cómo acabe la trama planteada dependerá su éxito o fracaso.