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'Sueños y visiones de Rodrigo Rato': auge y caída en la España del pelotazo  

Las miserias del mirlo blanco del aznarismo simbolizan una época de desmanes financieros, trapicheos y abusos de poder. Esta obra de teatro, que se podrá ver en el Kamikaze hasta el 21 de septiembre, retrata el grotesco festín de unos pocos.

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Javier Lara y Juan Ceacero en un ensayo de la obra 'Sueños y visiones de Rodrigo Rato'.- VANESSA RABADE

Se creían intocables. Hubo una época, hace no tanto, en el que los artífices del pelotazo paseaban sus corbatas de seda con la mayor de las suficiencias. Lo hacían con la certeza de que estaban en el lado correcto de la historia, de que sólo ellos conocían el lenguaje secreto del mercado y sus caprichosos desmanes. Uno de aquellos prohombres, quizá el más avezado de su promoción, comparece de un tiempo a esta parte sobre las tablas de El Pavón Teatro Kamikaze.

Lo hace en Sueños y visiones de Rodrigo Rato, obra que, sirviéndose de la figura del que fuera el mirlo blanco del aznarismo, traza un retrato de aquellos años locos de crecimiento disparatado y resaca ulterior. El conocido como milagro económico español –cuyos efectos aún reverberan– se convierte en historia viva de la mano de sólo dos intérpretes –Javier Lara, en el papel de Rodrigo Rato, y Juan Ceacero– que van tejiendo una obra a medio camino entre el teatro documental y la ficción.

"No queríamos caer en la mera condena al personaje, pero tampoco dar la sensación de que estábamos empatizando con él; la línea siempre es muy sutil", confiesa Raquel Alarcón, directora de escena de una representación cuyo libreto corre a cargo de Roberto Martín Maiztegui y Pablo Remón. "La clave ha sido echar mano de los hechos, entendimos que son los suficientemente contundentes como para tener que condenar de forma explícita al protagonista".

Javier Lara y Juan Ceacero en un ensayo de la obra 'Sueños y visiones de Rodrigo Rato'.- VANESSA RABADE

Y junto al peso de la realidad, la distancia del humor. La ficción como herramienta para acotar la verdad, para revisitar lo sucedido y poner un poco de luz en ese marasmo de datos, cifras y condenas que entintan las principales cabeceras de nuestro país. "Creemos en el humor y la ironía como un modo de descender un poco sin perder distancia, es una buena forma de dialogar con la realidad que pretendíamos plasmar". 

Sueños y visiones de Rodrigo Rato contiene trozos exactos de aquellas tropelías, palabras textuales que profirieron los capos de una España entregada al trapicheo y las mordidas. "Rato simboliza muy bien esa época, de ahí la grandeza de este personaje, su interés para nosotros reside en la capacidad que tiene para encapsular aquella fiesta, pero también la enorme resaca que nos dejó y la degradación a la que se ha llegado".

Javier Lara y Juan Ceacero en un ensayo de la obra 'Sueños y visiones de Rodrigo Rato'.- VANESSA RABADE

Dos caras de una misma moneda. El adalid del gran prodigio económico y el delincuente encarcelado; el hombre de Estado y el que es introducido por un agente de Vigilancia Aduanera en el coche policial camino de la comisaria; el que instaba a luchar contra el fraude y el que, pasado los años, se acoge a la denominada amnistía fiscal aprobada por el ejecutivo de Mariano Rajoy en 2012.

Historia reciente de nuestro país cuya incursión en los escenarios resulta cada vez más frecuente. Obras como Jauría, en la que se denuncia la "cultura de la violación" con el caso de La Manada en la retina; Celebraré mi muerte, una reflexión sobre la eutanasia de la mano de Marcos Ariel Hourmann, doctor acusado de homicidio; o Ruz-Bárcenas, que dramatiza el careo que mantuvieron en la Audiencia Nacional el juez instructor y el controvertido tesorero del PP. 

"Creo que hay una necesidad por parte de los autores y la gente del teatro, también cómo no por parte del público, de ver sobre el escenario historia que nos tocan de pleno y dialogan con nuestro tiempo, es como si necesitáramos fagocitar toda esa realidad tan dura que seguimos sufriendo", remata la directora. Dicho de otro modo; el teatro se pone al servicio de la vida, de esa cosa inasible que no deja de pasar y que, pasado el tiempo, necesitamos digerir a través del arte y la historia.