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Tiempos nuevos, tiempos salvajes

FRAN GAYO

La dilatada rueda de prensa de John Lasseter en el día de ayer hizo que Claire Denis y su equipo no tuviesen mucha opción de esclarecer algunos puntos de la que resulta a priori una de sus películas más clásicas y a un tiempo (o quizás precisamente por eso) enigmáticas, White Material.

Así, resulta más que elocuente la ausencia en los créditos tanto de la directora de fotografía, Agnes Godard, como del guionista, Jean Paul Fargueau, constantes en su filmografía desde hace ya 18 años. Ambos han sido en buena medida responsables de dar forma a los tópicos de lo que hasta hoy podíamos entender por un filme de Claire Denis y su ausencia puede tomarse como una necesidad en la directora de reinventarse.

Acompañada por la actriz Isabelle Huppert, un Christoper Lambert convidado de piedra y Stuart Staples (líder del grupo Tindersticks), Denis reinvidicó el carácter eminentemente femenino del filme, cruce del compromiso entre ella, Huppert y la escritora de origen senegalés Marie NDiaye. White Material vuelve sobre el genocidio de Ruanda y el modo en que afecta a la vida de una familia europea propietaria de una plantación de café.

De algún modo, el planteamiento visual de la película, la estructura narrativa diáfana, lineal casi, o de un modo más inmediato el hecho de que la película se desarrolle en el continente africano, nos remite a Chocolat, debut de la realizadora ambientado en el mismo Camerún (geográfica y cronológicamente) en el que transcurrió su infancia.

White Material es una obra ambiciosa a muchos niveles, pero especialmente en cuanto a la cantidad de tramas que pone sobre la mesa: un mundo de relaciones familiares, antagonismos raciales, luchas tribales...

La propia realizadora reconocía ayer durante la rueda de prensa el carácter shakesperiano del filme, que se construye sobre una serie de ejes como la voluntad y la búsqueda de perseverar a través del poder sobre un territorio, ya sea una plantación de café, la familia...