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El Barça hereda el trono de Europa y completa el triplete

El Barcelona ha conquistado su tercera Copa de Europa después de superar por 2-0 al Manchester United. El equipo de Pep Guardiola se corona en Roma como el mejor equipo del mundo tras lograr un triplete histórico en una temporada inolvida

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Los jugadores del F.C. Barcelona celebran la victoria por 2-0 ante el Manchester United. EFE

El primer triplete, la tercera Copa de Europa, el Manchester mordiendo el polvo en Europa por primera vez en dos años, el mejor juego del mundo, el fútbol convertido en sinfonía. O lo que es lo mismo, el mejor Barça de la historia. Esa es la obra de Guardiola, el maravilloso autor del equipo perfecto. Un conjunto por el que preguntarán las generaciones que están por venir, que corearán los libros y las videotecas. Una escuadra que sabe jugar como nadie y que lo gana todo. Con absoluta justicia y merecimiento. El fútbol le debe la vida.

Un brusco cambio de ritmo modificó el destino del Barça. Un sprint repentino, la conducción supersónica que diferencia a Iniesta del resto de jugadores, abrió una brecha en el centro del campo del Manchester y rescató al Barça del suplicio en el que se había convertido el inicio de la final. Los ingleses acompañaron la jugada con cara de susto y ya no la supieron poner de su parte. El manchego profundizó sobre Etoo, que adivinó la desesperación con la que iba a llegar Vidic, le recortó y fusiló a Van der Sar. Gol. Muy pronto, a los nueve minutos, que al Barça se le habían hecho una eternidad.

Porque el Manchester se metió antes en la final, desde el soplido del árbitro. Sobre todo Cristiano, que provocó un ataque de pánico en los azulgrana. El portugués corrió a por el primer balón, presionó la posesión de Piqué y logró que Valdés enseñara sus nervios regalando la pelota a la banda. La primera falta fue también del Barça, de Touré sobre Park, que estrenó tres ocasiones consecutivas del temido siete.

En todas ellas, el meta y la defensa del Barça se vendieron como un flan. El ataque era del Manchester, el Barcelona no encontraba la pelota, el guión imprevisto... Hasta que Iniesta, al primer intento, conectó con Etoo y, tras la maniobra letal del camerunés, agarró de la mano a su equipo para devolverle a la final. Para hacérsela ganar.

El gol fue una sacudida para el Manchester, que cayó por su propio peso. Hasta el descanso ya no volvió a aparecer, salvo en un autopase de Cristiano que terminó en amarilla a Piqué. Lo demás lo hizo el Barça, que se cosió al balón y ya no lo soltó. Sin excesiva intención, sin muchas ganas de portería y riesgo, más bien para atar el partido, para manejarlo, para descansar acolchado en la pelota.

Xavi, Iniesta y Messi (como en el Bernabéu, volvió a situarse en el centro del ataque, con más propensión a asociarse con la medular que a perforar el área) se aplicaron en mecer el juego, en dormirlo. Más que dedicarse a ganar la final, parecían decididos a cantarle una nana. El marcador se lo autorizaba.

Las posesiones se hacían interminables, sin que el Manchester encontrara forma de acortarlas. Todo lo contrario le sucedía a los ingleses cuando, muy de tarde en tarde, se encontraban con el balón. El Barça, con el sacrificio muy asumido en todas sus camisetas, se la birlaba enseguida. Especialmente Xavi, que, sin cuerpo ni brusquedades, por pura astucia y sentido táctico, se hartó a recuperar. También Iniesta, otro bajito que desmintió a los que les descartan a ciegas para los asuntos defensivos.

En la segunda parte, Ferguson arrojó a Tévez sobre el campo y retiró a Anderson. Una tacita más de ataque con la que intentar convencer al Barcelona de que soltara la pelota. Un riesgo, al tiempo, porque se descubrió ligeramente y animó a los azulgrana a dotar de más carga de veneno a sus posesiones. El Barça no desistió de su fórmula de tener el balón por tener, pero incorporó más ansia de portería. Henry y Etoo entonaron a Van der Sar, un amigo en la primera mitad, y Xavi estrelló un libre directo contra el palo.

Pero con más voluntad que fútbol, con un juego directo muy reconocible en el idioma inglés, el Manchester se declaró metido en la contienda. Al Barcelona le tocó enseñar su faceta menos deslumbrante, la defensiva. Cedió metros, pero se mostró impecable en la organización. También puede presumir se ese sonido la orquesta de Guardiola.

Con el encuentro dividido en apariencia, pero siempre del lado del Barça en la práctica, llegó la sentencia. Xavi, el otro mago azulgrana, levantó la cabeza, descubrió un claro y le puso una parábola de oro a Messi, que cabeceó como si fuera lo suyo. Otro prejuicio a la basura: un bajito desnudó el sobrevalorado dominio aéreo de los británicos. Este equipo, el mejor Barcelona de todos los tiempos, puede con todo. No ha cambiado las leyes del fútbol. Sólo las ha devuelto a su sitio.

Barcelona: Valdés; Puyol, Touré, Piqué, Sylvinho; Xavi, Busquets, Iniesta (Pedro, m.90); Messi, Etoo y Henry (Keita, m.71).

Manchester: Van der Sar; O’Shea, Ferdinand, Vidic, Evra; Park (Berbatov, m.66), Carrick, Anderson (Tévez, m.46), Giggs (Scholes, m.74); Cristiano y Rooney.

Goles: 1-0. M.9. Iniesta cambia de ritmo, se va de Carrick y profundiza sobre Etoo, que recorta a Ivic y marca con la izquierda. 2-0. M.69. Xavi cuelga un balón preciso al segundo palo y Messi se suspende en el aire y cruza al palo contrario.

Árbitro: Bussaca (Suiza). Amarilla a Piqué, Cristiano, Scholes, Vidic,

Olímpico de Roma: 82.000 espectadores.