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El toque contra el contragolpe

España vuelve a los dos puntas para vencer las dudas que dejó en su último amistoso. La velocidad rusa, el mayor problema

JOSÉ MIGUÉLEZ


Con otro plan. Con dos puntas. Con Villa y Torres. Con sólo cuatro centrocampistas y no la superpoblación de cinco sobre la que se insistió durante casi un año. Luis se hace el distraído y dice que no, que el sistema es el mismo de antes, un 5-1-4-1. Pero no es verdad. La selección ha revuelto el modelo. Lo de menos es el cambio de Xabi por Senna. Lo de más es que hoy, ante Rusia, en su primer episodio de esta Eurocopa, jugará de una forma distinta a la que se aprendió.

Un mensaje preocupante si se atiende a que el cambio se produce a las puertas de la gran competición. Pero en el fondo, una buena señal: la rectificación representa cordura. La fórmula de los cinco medios empezaba a generar atascos en la organización que nadie sabe resolver, volvía plano el juego y aislaba el ataque hasta la congelación. Además, Villa está de dulce y a Torres conviene esperarle siempre. No está mal volver al 4-4-2 ahora que la cosa se pone seria.

Lo que no varía es la propuesta. España buscará el objetivo a través del toque y el dominio. Lo contrario a Rusia, que es velocidad, contragolpe, y un punto de forma físico más avanzado. España será posesión y calma, pero le conviene meter más ritmo.

La lentitud y horizontalidad de los amistosos encendieron las dudas en un equipo que, sin embargo, despierta respeto a su alrededor. Lineker se suma a la lista de ilustres que dan favoritos al título a los de Luis. También les concede ese rol hoy Hiddink, que dice no fiarse del carácter de los suyos, mientras juega con sus periodistas. Se levanta de la rueda de prensa a la voz de “a correr” y la tropa le sigue a la carrera hasta el coche en una escena delirante. Está de broma. De un buen humor que desconcierta. Lo mismo es una pose.

El caso es que dirige a Rusia, el primer rival en el camino, y aparenta la máxima tranquilidad. España no transmite nerviosismo, pero tampoco buen humor. Su estado es de ansiedad. De tanto fallar en las grandes citas, ahora ya hay prisa. La selección sentirá esa presión en el cogote. Exactamente desde hoy.

'¿Miedos? Esto no es ninguna guerra'

Luis está satisfecho. Lo denotan sus chascarrillos en la rueda de prensa. Sonriente, nada desafiante, bromeando… Al seleccionador sólo le preocupa una cosa para el partido de mañana: que el equipo no tenga un buen rendimiento con el balón alto. “Estoy contento con todo. Lo único que me preocupa es que llevamos cinco días sin competir y eso es problemático. Pero miedos no tengo. Que yo sepa, no venimos a ninguna guerra. Asumimos la responsabilidad de llevar a un país detrás, eso sí. Pero confío y mucho en el equipo”, afirmaba Aragonés.

El entrenador es consciente de que enfrente va a tener a un técnico como Hiddink, que conoce perfectamente a la selección y Luis no descarta que incluso Xavi tenga un marcaje individual. “Es cierto que nos conoce. Pero nosotros también. No sé si recordaréis, pero yo le sucedí en el Valencia y tuve el mismo segundo entrenador. Así, puede ser que Xavi tenga un marcaje especial”.


'Mis futbolistas son debutantes aquí'

Parece que los años no pasan por Hiddink. Sonriente, educado, siempre tiene una palabra amable para España. Pero la última vez que la selección se cruzó en su camino, se encontró la debacle de Corea con aquel innombrable árbitro egipcio. Hiddink teme más la presión que puedan tener sus jugadores que a la ‘favorita’ España. “La mayoría de mis futbolistas juegan por primera vez en una Eurocopa y noto que el nerviosismo va creciendo en sus caras. Me preocupa mucho. Si consigo que estén a un nivel bueno de cabeza, seguro que las cosas irán mejor”, señalaba el holandés, que no cree que haya similitudes con el partido que le midió a Corea en el Mundial: “Nada. No hay nada parecido. Aquello no fue un desastre para España, hay otra serie de catástrofes, sucedió lo que sucedió, pero el partido será muy diferente”. El holandés quitó importancia a las declaraciones de los jugadores españoles que no conocen a los rusos.