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Agencia Tributaria Las empresas españolas tributan por menos de la mitad de lo que ganan

La brecha entre el saldo de explotación que registra la renta nacional y la base imponible del Impuesto de Sociedades, que grava los beneficios societarios, se ensancha y supera ya los 270.000 millones de euros.

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La presión fiscal del Impuesto de Sociedades se quedó el año pasado en el 10,47% de los beneficios declarados por las empresas. / EFE

Las empresas españolas tributan en el Impuesto de Sociedades por menos de la mitrad de las ganancias que obtienen, según revela el cruce de los datos oficiales de ese tributo con los estadísticos de la Renta Nacional que estima el INE (Instituto Nacional de Estadística) al medir el PIB (Producto Interior Bruto).

La brecha entre las ganancias y la base del impuesto se está ampliando con la mejora de las variables macroeconómicas, con las que ha pasado de los 254.000 millones de 2014 a los 273.000 del año pasado. No obstante, en ese mismo periodo ha aumentado el porcentaje de ganancias declaradas, que ha ganado algo más de dos puntos al pasar del 42,4% al 44,6%.

El incremento porcentual se concentró en el último de esos ejercicios, en el que, según el Informe Anual de Recaudación de la Agencia Tributaria, “ha culminado el proceso de recuperación de los resultados de las sociedades” y “se habrían recuperado los beneficios previos a la crisis”.

Según los datos de Hacienda y del INE, el resultado contable positivo por el que las empresas españolas tributaron el año pasado en el Impuesto de Sociedades ascendió a 220.381 millones de euros, mientras que el excedente bruto de explotación, que mide el saldo de explotación de las sociedades, había alcanzado los 493.627.

Elusión, evasión y fraude

Esta situación no se debe exclusivamente a la aplicación de procedimientos defraudatorios en las empresas y a la evasión a paraísos fiscales, sino que también influyen en ella las oportunidades de elusión mediante vías legales que ofrece la normativa tributaria. La compensación de pérdidas de ejercicios anteriores, importantes tras la crisis, y la posibilidad de aplicarse créditos fiscales diferidos para reducir la tributación completan el cuadro.

De hecho, en ejercicios como el de 2015 (último con datos disponibles), los 191.226 millones de beneficio contable declarados por las empresas, con una media de ganancias de 284.190 por entidad, convivían con pérdidas por valor de 104.728.

Varios trabajos citados en el estudio Economía sumergida y fraude fiscal: ¿Qué sabemos? ¿Qué podemos hacer?, de Funcas, cifran entre el 30% y el 36,4% el “nivel de ocultación de beneficios” en el sector empresarial español.

Se pierde un 23% de la recaudación tributaria

“Los trabajos más recientes estiman una pérdida de recaudación [de impuestos] cercana al 23%, lo que equivale a cerca del 6% de PIB”, como consecuencia de la economía sumergida y el fraude y la evasión fiscales en España, señala el estudio. Con el Producto Interior Bruto en 1.16 billones de euros, ese porcentaje equivale a 69.819 millones de euros

En el caso del Impuesto de Sociedades, los 220.381 millones declarados como beneficio el año pasado generaron una recaudación de 22.136, superior en 3.000 millones a la del año anterior y con una presión fiscal del 10,47% sobre esos resultados.

El informe recuerda que “la práctica totalidad de los estudios nos sitúan hoy por encima de la media de los países de la OCDE y los países centrales de la Unión Europea (UE-15)” en cuanto al peso de la economía sumergida, que alcanza el 26% del PIB en Canarias y oscila entre el 22% y el 23% en Andalucía, Castilla-La Mancha y Galicia. En el extremo opuesto se sitúan Madrid, con un 16,7%, y, por debajo del 20%, Aragón, Asturias, Baleares, Catalunya y Cantabria.

El estudio se refiere a las actividades de la economía sumergida, que creció con las reformas fiscales de los primeros años de la democracia, como “problemas enquistados que requieren un nuevo impulso reformista y ambicioso, generando la base institucional y sociológica para un mejor cumplimiento tributario y el afloramiento de actividades hoy ocultas”.

“Las actividades no declaradas provocan una erosión en la capacidad de generar ingresos públicos, perjudicando el objetivo de estabilidad presupuestaria e incrementando los efectos distorsionadores del sistema fiscal sobre la eficiencia y la equidad”, añade.