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La crisis del coronavirus Ni coronabonos ni fondo de rescate: los líderes europeos no llegan a un acuerdo y volverán a verse en dos semanas

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, respaldado por Pedro Sánchez, llegó a amenazar con abandonar la reunión sin firmar las conclusiones si no se buscaba una respuesta contundente a la crisis económica provocada por el coronavirus.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro italiano Giuseppe Conte, en una imagen de archivo de una cumbre de la UE. EFE/Olivier Hoslet
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro italiano Giuseppe Conte, en una imagen de archivo de una cumbre de la UE. EFE/Olivier Hoslet

Ni coronabonos, ni permiso para echar mano del fondo de rescate europeo sin las “reformas”, o recortes, que exigirían las normas en una crisis normal. Esa era el panorama cuando, a media tarde del jueves, el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, amenazaba con plantarse, desconectar el vídeo, y no respaldar el texto común que tenían sobre sus mesas los líderes de los 27 países de la UE, reunidos desde las cuatro a través de teleconferencia. La amenaza al final no se materializó, pero tampoco se ha llegado a ningún acuerdo concreto tras seis horas de reunión en total.

Los líderes acordaron disentir para no escenificar una ruptura y han dado dos semanas a los presidentes de la Comisión, Consejo y BCE para que elaboren una propuesta conjunta que tenga posibilidades de ser aceptada por todos. Llegar a un acuerdo cuando las posiciones estaban tan distanciadas era aún más difícil cuando los ‘sherpas’, los negociadores rasos de los países, no podían sentarse en torno a un papel y buscar ideas que encajen de manera rápida.

El debate ha sido “muy fuerte”, pero “útil” y “necesario”, en palabras de Charles Michel. “Hemos hablado sobre todas las posibilidades para enfrentarnos a este reto”, ha proseguido el presidente del Consejo Europeo, que ha dicho que están “preparados para hacer todo los que sea necesario”, aunque no se ha llegado a un acuerdo para lanzar nuevas herramientas hoy.

Las trincheras siguen fijas. En un lado, los países del Norte, con Alemania y Holanda a la cabeza, que no quieren oír ni hablar de emitir deuda común ni nada que se le parezca. En el otro, un grupo de al menos nueve países liderado por Francia, Italia y España, que pedían principalmente la emisión de coronabonos: un título común de deuda respaldada por todos los países de la zona euro que permita dar un empujón a las economías.

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, a la llegada a la rueda de prensa tras la cumbre de la UE por teleconferencia. EFE/EPA/FRANCOIS WALSCHAERTS

El holandés Mark Rutte resumía a la perfección el punto de vista de su país al finalizar la llamada: “Cada estado miembro debería tomar las medidas necesarias a nivel nacional”, tuiteaba. A modo de maquillaje, puntualizaba que “estamos dando pasos para ayudarnos los unos a los otros a nivel europeo”.

El Eurogrupo explorará principalmente la creación de unas líneas de crédito basadas en el fondo de rescate creado durante la Gran Recesión, el MEDE, que podría prestar hasta 240.000 millones, según explicaba el primer ministro portugués, António Costa, al término de la llamada. Gracias a este fondo, los países que lo necesiten podrían recibir préstamos ventajosos del fondo común.

España había abogado porque se creara esta posibilidad, aunque la vicepresidenta del Gobierno para Asuntos Económicos, Nadia Calviño, descartaba este martes que ni España, ni ningún otro país, va a necesitar pedir rescates al MEDE de momento. El efecto buscado es más bien el de un seguro, que pueda estar listo para ser usado si la emergencia acaba forzando a ello. Los líderes piensan que solo con crear esta red de seguridad los mercados se tranquilizarán y eso evitará que suba el precio que el Estado paga por emitir deuda.

Los ministros no pudieron concluir los flecos de esa medida durante otra videoconferencia este pasado martes y dejaban “los detalles” a sus jefes para que los cerraran el jueves. Pero esos detalles siguen siendo demasiado grandes y le devuelven la pelota a los ministros, que seguirán buscando un texto de consenso en las próximas dos semanas.

Uno de esos grandes flecos reside en que los gobiernos del Sur temen que el efecto de “estigma” que pedir un rescate por coronavirus puede tener en los mercados, que pueden asustarse y acabar con un efecto contrario al deseado: que los Estados tengan que pagar más por financiarse en vez de menos. La tesis del Sur continúa con que este es una crisis que afecta a todos por igual, “simétrica”, y que por ello los préstamos no deberían seguir las normas habituales y condicionarse a reformas estructurales. “Es lo que se espera que la Unión Europea haga si nos invadiera una potencia extranjera”, ha ejemplificado Costa.

La otra gran opción sobre la mesa, que tampoco ha cristalizado, era la emisión de los llamados coronabonos, unos títulos de deuda colectivos que ayudaran a financiar las inversiones multimillonarias que los países se están viendo obligados a realizar para contestar al congelamiento repentino que ha traído el virus.

Un conjunto de nueve países (España, Francia, Italia, Bélgica, Portugal, Irlanda, Grecia, Eslovenia, y Luxemburgo) había llegado a pedir este miércoles de manera formal la creación de estos bonos. Pero de momento, no han conseguido convencer a la Alemania, ni a Holanda.

Así que, patada hacia adelante, y a cruzar los dedos porque la flexibilidad total a las normas del déficit aprobada este lunes y el programa de compras de 750.000 millones de euros del BCE funcionen.