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Entrevista a Ana Pardo de Vera "El papel de Felipe VI en los escándalos de su padre está por determinar"

Juan Carlos I Aznar Rajoy González Zapatero
Los expresidentes del Gobierno, José María Aznar (1i), Mariano Rajoy (2i), Felipe González (2d) y José Luis Rodríguez Zapatero (1d), con el rey Juan Carlos en el centro. DIEGO CRESPO / PRESIDENCIA DEL GOBIERNO

La periodista y directora Corporativa y de Relaciones Institucionales de Público, Ana Pardo de Vera, es coautora de La armadura del rey (edición en castellano de Roca Editorial y, en catalán, de Ara Llibres) junto a la directora del programa 360 grados (ETB), Eider Hurtado, y el corresponsal de TV3 y Catalunya Ràdio, Albert Calatrava. El libro resultante es una investigación periodística sin precedentes sobre el blindaje político, mediático, empresarial y judicial que se construyó en torno a la figura del jefe de Estado y rey Juan Carlos I y a la institución monárquica desde la Transición hasta su abdicación y aforamiento en el Tribunal Supremo, en 2014. La armadura del rey (L'armadura del rei) permite entender cómo estas complicidades institucionales, económicas y periodísticas nos han traído hasta aquí, con un rey emérito huido a Emiratos Árabes Unidos (EAU) y la Justicia suiza y la española investigándole por presunta corrupción, mientras la monarquía atraviesa por su peor momento desde su restauración franquista.

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

Era el momento, sin duda. Vivimos un tiempo de cambios históricos que marcan el fin de una época en España, el fin del régimen del 78 tal y como lo conocemos: bipartidista y juancarlista, cargado de privilegios para unas elites que se hicieron fuertes en torno a la Transición, con la Corona como institución medular, y que han vivido plácidamente asentadas durante más de 40 años. La editorial Ara Llibres nos propuso un reto acertado e inmenso a Albert, a Eider y a mí, al que luego se sumó Roca Editorial, y nos pusimos con él una vez tuvimos clara la idea y el camino de la investigación para no perdernos en tantas décadas de Historia, unas pistas llevaban a otras, unas conversaciones a charlas imprevistas... Ha sido un trabajo periodístico muy motivado, duro en ocasiones –nos ha pillado en plena pandemia–, pero gratificante en los resultados. Creo que hemos logrado trasladar exactamente lo que queríamos, con profusión de fuentes y documentación, al tiempo que construimos una crónica periodística, es decir, un relato informativo ameno y accesible a todo el mundo.

¿Quiénes forjaron esa "armadura" del rey Juan Carlos I y por qué motivos lo hicieron?

La armadura del rey
Portada de "La armadura del Rey". Roca Editorial

La armadura del rey emérito se empezó a construir con la restauración monárquica de Franco en el hijo de don Juan de Borbón, sucesor natural de Alfonso XIII; se diseñó en la Transición y en la Constitución Española de 1978, y se materializó con el golpe de Estado del 23-F en 1981. Así nació el juancarlismo, un blindaje al que accedieron todos los actores políticos de la época, unos por debilidad (Santiago Carrillo buscaba la legalización del Partido Comunista, aunque en mi opinión, le dio un golpe mortal aceptando la monarquía parlamentaria como forma de Estado), otros solo con inicial resistencia (Felipe González sigue siendo uno de los mejores amigos y más grandes defensores de Juan Carlos I) y otros encantados (la derecha franquista, política, judicial y militar), porque eso suponía mantener unos privilegios adquiridos por ser la parte dominante del pacto transicional -que continúan hoy- y cumplir la orden del dictador muerto. Es importante sumar aquí el papel de los medios de comunicación de entonces y de muchos de los que fueron surgiendo hasta hoy, que aceptaron la armadura a Juan Carlos I y a la monarquía por "la debilidad de la democracia y la estabilidad del país", nos admiten, pero que acabaron siendo cómplices de ella, en connivencia con un rey que los cuidaba mucho. Hubo algunos periodistas, además, que se autocensuraban por miedo a represalias o simplemente porque su información no se iba a publicar. Todo esto está documentado en nuestro libro y es francamente vergonzoso para el oficio: una no puede dejar de pensar en los periodistas mexicanos, por ejemplo, a los que amenazan y asesinan constantemente por denunciar la narcopolítica. El periodismo debe hacer un ejercicio de autocrítica sincero con respecto a su trato a Juan Carlos I.

¿Qué conclusiones se alcanzan en este libro sobre la fortuna del monarca?

Una conclusiones muy preocupantes y muy insultantes, si me permites, para los españoles. Decir que el rey y la Familia Real han vivido por encima de nuestras posibilidades es quedarse corta; la asignación presupuestaria de la Casa Real ha sido la calderilla de la monarquía; ha sido el puñado de moneditas que las madres echamos en la hucha-cerdito del niño en comparación con el dinero que, según los indicios, pruebas judicializadas y lo que nunca conoceremos, ha manejado Juan Carlos de Borbón.

"El periodismo debe hacer un ejercicio de autocrítica sincero con respecto a su trato a Juan Carlos I"

Estamos hablando de unas estimaciones muy generales de 60 a 70 millones de euros destinados en total a la Casa Real desde que a ésta se le asigna una cantidad de los Presupuestos Generales del Estado; este año, por ejemplo, le corresponden 8,4 millones. Juan Carlos I, en total, habría cobrado de nuestros impuestos, unos 10 millones de euros con su salario. ¿Qué son 10, 60 ó 70 millones al lado de todo lo que ha manejado el emérito, las tarjetas black usadas por su esposa y nietos –que sepamos–, las presuntas comisiones tuteladas por su amante Corinna Larsen, terrenos en Marruecos, pisos en Londres... todo lo que han ido desvelando medios internacionales y la Justicia suiza? La revista Forbes llegó a cuantificar la fortuna de Juan Carlos I en 2.000 millones de dólares, The New York Times en 2.300 millones... En el libro contamos cómo se establecen esas conclusiones y desde luego, los hechos judiciales les dan la razón. Tampoco son unos medios cualquiera y nunca fueron demandados por la Casa Real, así que tienen toda la credibilidad.

¿Qué papel tiene el rey Felipe VI en los escándalos de su padre?

El papel del actual jefe de Estado y rey en los escándalos de su padre aún está por determinar, pero la falta de transparencia, que continúa en la Casa Real, no nos hace ser optimistas. Ojalá me equivoque; al margen de la ideología de cada cual, a nadie le gusta que las instituciones que les representan sean opacas y corruptas. De momento, como hechos probados, tenemos dos fundaciones off shore (Lucum y Zagatzka) por las que se canalizaría mucho dinero y en las que Felipe VI aparecía como beneficiario; una luna de miel de lujo de más de medio millón de euros, costeada a medias entre su padre –aún jefe de Estado– y un empresario amigo, y unas tarjetas black financiadas por un multimillonario mexicano de las que sabemos que se beneficiaron, al menos, la reina Sofía y los dos hijos de la infanta Elena.

"El presupuesto público de Casa Real ha sido su calderilla; el puñado de monedas que las madres echamos en la hucha-cerdito del niño"

Felipe VI renunció a su herencia ante notario –algo simbólico, no se puede renunciar si quien testifica no ha fallecido–, pero conocimos que sabía de la existencia de la fundación Lucum un año antes. ¿El rey no habría renunciado si el fiscal suizo y los medios no la destaparan? ¿Por qué esperar, a ver si colaba? ¿Por qué se nos sigue vetando la información sobre los bienes de Juan Carlos I y se siguen tumbando las propuestas parlamentarias para investigarlos? Creo que las preguntas sin respuesta de una institución sobre sí misma son una respuesta muy clara.

¿Está actualmente en juego el futuro de la monarquía?

El futuro del rey y de la heredera, la princesa Leonor, depende de ellos mismos en estos momentos y siempre y cuando el PSOE mantenga su protección a la monarquía. El PSOE ha sido y es el verdadero sostén de la Corona. Felipe González la avaló a regañadientes, pero con los años se convirtió en el mayor cómplice y defensor de Juan Carlos I; lo sigue siendo. Los socialistas tienen una base republicana potente, es la misma base que dio a Pedro Sánchez la Secretaría General del partido en vez de a la candidata de los poderes fácticos, Susana Díaz, pero de momento y mientras están en el poder, la presión es insuficiente, se reblandece siempre cuando el PSOE llega a La Moncloa. La fórmula "monarquía parlamentaria", que nos fue encajada en la Constitución sin un referéndum previo sobre la Jefatura del Estado, daba un margen amplio a los juancarlistas. ¿Y ahora? Ahora el juancarlismo desapareció y se trata de salvar a Felipe VI aunque sea mediante la demonización de su padre, que es el culpable de todos los escándalos, sí, pero no es el único responsable, ni mucho menos. Lo demostramos en el libro, es una "responsabilidad colectiva" y como tal debe asumirse y juzgarse políticamente, haciéndonos un favor a todos para que no se repitan los errores pasados. Si la falta de transparencia y la ejemplaridad de la Corona actual -sus únicas razones de ser- es defendida y blindada por los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, como durante el reinado de Juan Carlos I, me temo que Leonor no llegará al trono. Los españoles, que encadenamos dos crisis socioeconómicas gravísimas de consecuencias devastadoras, estamos hartos y hartas de privilegios por ser vos quien soy. La encuesta que hizo Público con el resto de la Plataforma de Medios Independientes (PMI) es la prueba más palpable de ello: hay una crisis sin precedentes del régimen del 78 configurado en torno a la monarquía.

El libro habla de las miserias humanas del rey Juan Carlos I, pero también de quienes le protegieron. ¿Existen entonces cómplices políticos?

Muchos, muchos cómplices. También mujeres, pero solo algunas: los padres de la Constitución son solo padres y en 40 años, el poder en España se ha feminizado poco y apenas en los últimos 15 años; solo hay que ver las fotos de Felipe VI inaugurando el Año Judicial con la cúpula de este poder, rodeado de hombres; causan sonrojo, un año tras otro. Juan Carlos I, además, es un hombre muy machista y como tal, se ha rodeado mayoritariamente de cómplices hombres. Algunas de sus amantes también fueron amigas, pero solo mientras duró la relación. En este ámbito, Corinna Larsen marcó un antes y un después, porque además de amante y cómplice temporal, fue socia del rey Juan Carlos I, y se habría casado con él si no hubiese reventado todo con el episodio de Botsuana y se pusiese en marcha una operación de Estado para romper la relación, que contamos en el libro. Esa relación, por sus connotaciones financieras y hasta geoestratégicas, puso en riesgo al propio Estado, no digamos a la Corona. Nos demostró lo que tantas sospechábamos: lo mucho que le importaba a Juan Carlos I el dinero y lo poco que consideraba a su país. 

"Se trata de salvar a Felipe VI incluso con la demonización de su padre, que es el culpable de todos los escándalos, pero no el único responsable"

En La armadura del rey, como en la vida de las personas, se mezclan las miserias humanas con las responsabilidades, en su caso, de Estado. Y demostramos que, a pesar de esa imagen frívola y campechana de Juan Carlos I, el emérito fue una pieza importantísima de la vida política del país, y no solo contemplativa. El jefe del Estado hasta 2014 hizo y deshizo a su antojo, desde episodios tan lúgubres como los GAL hasta el nombramiento de ministros y altos cargos del Estado. Juan Carlos de Borbón hizo política, mucha política, y es alabado por ello en el discurso oficial, cuando en realidad, la Constitución impide gobernar al rey. Pero vaya si gobernó...

Vuestro trabajo abarca también el "brazo jurídico" y el "brazo mediático" de la monarquía. ¿En esos ámbitos también hubo complicidades?

Las hubo, y muy importantes: cada una de las partes que conforma la armadura del rey, el blindaje de Juan Carlos I, es imprescindible para que funcione la otra. Y tanto los medios de comunicación como la Justicia y las leyes aprobadas por el Legislativo son esenciales; no se trata solo de cargos políticos, del Poder Ejecutivo, sino del Estado en su conjunto. Secuestros de publicaciones periodísticas, sentencias contra la libertad de expresión, delitos de injurias al rey o a la Corona, entrevistas perfectamente programadas y dirigidas por la Casa Real en los medios públicos y privados, mensajes institucionales sin preguntas de la prensa, ausencia de investigaciones de Hacienda o la Fiscalía cuando existen indicios más que confirmados de evasión fiscal (como mínimo), inviolabilidad y aforamiento en el Tribunal Supremo, directores de periódico guardando información en los cajones, presidentes de Gobierno justificando escapadas del rey en momentos clave... Esto hablando en términos muy generales, en el libro está todo detallado e investigado. ¿Qué democracia consolidada puede defender un engranaje de protección institucional semejante? Por eso hay que insistir mucho en que no se trata de monarquía o república, el debate va mucho más allá. Se trata de que los ciudadanos y ciudadanas tengamos toda la información, las leyes que nos protejan de estos abusos, la complicidad de todos los poderes a nuestro lado, los controles independientes... para poder elegir nuestra forma de Estado. Ocultar la corrupción y la falta de ejemplaridad de una institución para mantenerla sí o sí es lo mismo que imponerla, y eso no es democracia. Sea un rey o un presidente de república.

¿Juan Carlos I volverá? Y si vuelve, ¿alguien se atreverá a desmontar alguna vez su armadura?

Al rey le sugirieron que hiciera algún gesto que le rehabilitara ante la opinión pública y así poder volver, de ahí las dos regularizaciones fiscales. Al final, sin embargo, no solo no fueron suficientes, sino que vertieron más sombra de duda sobre Fiscalía y la Agencia Tributaria. ¿Cómo es posible que habiendo tantas pruebas sobre el manejo de dinero opaco por parte del rey emérito no se le investigara antes de que él regularizara? ¿Qué habrían hecho si a ti o a mí nos sacan en los periódicos indicios de millones no declarados circulando por paraísos fiscales, esperar a que los regularicemos sin investigarnos? Lo más doloroso de todo es que aún hoy, con todo lo que estamos pasando, nos tomen por imbéciles. El rey volverá, supongo, pero no antes de que se clarifique esa renovación que dice el Gobierno que va a hacer Felipe VI de la Jefatura de Estado y que le otorgue cierta estabilidad. 

"Ocultar la corrupción y la falta de ejemplaridad de una institución para mantenerla es lo mismo que imponerla, y eso no es democracia"

Juan Carlos I se plantea volver ya antes de irse. En una de sus últimas comidas con dos de sus mejores amigos, avisa de que volverá pronto, para las regatas de Sanxenxo. De hecho, él podría volver mañana si su hijo se lo permitiera, porque Felipe VI es la única razón que lo mantiene en Abu Dabi, donde está muy bien cuidado, pero se aburre soberanamente, nunca mejor dicho. Vaya por delante que a mí me parece inhumano tener a un señor de la edad de Juan Carlos I fuera de su país y de su casa, es una acción completamente medieval, antediluviana... que demuestra lo obsoleto de la institución. Ya nos advierten muchas fuentes que al rey y a la Familia Real hay que mirarlos desde la perspectiva real, o intentarlo, para comprender muchas cosas. Eso tratamos de hacer en el libro también para poder entrar a fondo en los comportamientos del emérito, porque resulta complicado entender algo cuando una contempla al rey desde el punto de vista de un ser humano merecedor de los mismos derechos y oportunidades que el resto y no, como es, un hombre cargado de privilegios de sangre. 

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