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Marlango: "Hay músicos que tienen éxito individual, pero la música no tiene éxito colectivo en este país"

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Leonor Watling y Alejandro Pelayo, integrantes de Marlango. Ana Mañez

Han pasado 15 años desde su debut. Marlango, la banda de Leonor Watling y Alejandro Pelayo, publicó a principios del 2000 su primer y homónimo disco, inicio de una historia que ahora, pasados 15 años, se mira al espejo y hace balance. El próximo 30 de septiembre ofrecen en los Teatros del Canal de Madrid un show especial para festejar junto a su público todo lo que han vivido a través del grupo. 

¿Qué concierto nos espera el día 30 en los Teatros del Canal?

Alejandro Pelayo (AP): No queríamos hacer un concierto habitual, queríamos hacer algo nuevo pero tampoco tenemos material nuevo. De modo que la única manera de hacer algo nuevo era hacer un concierto viejo, un concierto cuya setlist contenga canciones que hemos tocado poco y revestirlas con una formación diferente.

¿Harán balance sobre el escenario?

AP: Pretendemos repasar nuestra trayectoria, pero no con una sensación de despedida, de hecho vamos a estrenar un par de canciones nuevas. La idea es más bien escribir un punto y aparte. Y a continuación proponer a nuestro público cómo pueden ser las cosas de ahora en adelante.

¿A qué dicen adiós?, ¿a qué hola?

AP: No sabemos o no queremos decidirlo. Nos gusta que sean las propias canciones las que decidan por nosotros. Decidir significa muchas veces eliminar o renunciar a algo, y nosotros no nos acostumbramos a eso. Nosotros vivimos de incorporar, de sumar otras cosas en lo que hacemos, es justo lo contrario a esa renuncia de la que hablamos. Es terrible tener la obligación de eliminar algo. 

¿Y el público?, ¿no les sirve de guía?

Leonor Watling (LW): Si me hubieras preguntado antes de la pandemia mi sensación era de que escribíamos aquello que necesitábamos Alejandro y yo, lo que nos hacía falta en cada momento. Pero cuando dejas de tocar te das cuenta de que lo importante es que te escuchen. No es tanto una conversación con tus seguidores, no se trata de dar lo que el oyente necesita, en nuestro caso es una relación que se establece desde el escenario.

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Marlango. Ana Mañez

¿Qué esperan de esta nueva cita con su público?, ¿hasta qué punto la pandemia ha cambiado sus prioridades?

LW: Cuando empezamos a pensar en este concierto el aforo era la mitad. Ahora que han abierto las restricciones, el hecho de poder imaginar un teatro lleno nos hace ilusión, es un aliciente más.

AP: No vimos lo afortunados que éramos, o lo malacostumbrados que estábamos, hasta que llegó el confinamiento. Aquellos meses fueron una tremenda cura de humildad, vimos cosas de las que no nos habíamos dado cuenta en 15 años. Ahora nadie se queja de que tiene un concierto, quizá porque somos más conscientes de que es un regalo. El premio para un músico que escribe canciones es que haya alguien a quien le puedan interesar escucharlas, es algo extraordinario. 

¿Cómo han gestionado esa tensión entre seguridad y reactivación de la cultura, entre prevención y libertad?

AP: Esa tensión es casi imposible de gestionar. Toda la cadena de la música se dedica a sostener la fragilidad y la inseguridad de los que nos subimos al escenario, muchas veces ciegos, sin conocer todo el esfuerzo que supone poner en pie un concierto. La pandemia, en ese sentido, nos ha obligado a reflexionar en las piezas que hacen posible esto. Por otra parte, creo que nadie sabía cómo se debían hacer las cosas, yo al menos no sabía si debíamos ser prudentes o si, por el contrario, era el momento de volver a los conciertos. Lo que sí sabía es que me gustaría tener más éxito, algo que antes de la pandemia no me planteaba.

Duras declaraciones...

AP: Pero lo digo pensando en esa pequeña industria musical a la que pertenecemos. Me gustaría que la música en este país tuviera más importancia y estuviera más cuidada por los consumidores, pero también por los canales de distribución y por las discográficas. El éxito no sirve para nada, no es algo tangible, pero creo que puede servir para cosas que no tienen que ver con uno, los músicos somos muy individualistas. Me dan envidia otros oficios y profesiones que sí tienen un conciencia más gremial, esto es algo que nos falta a los músicos. En ese sentido, creo que el éxito debería servir para poder cambiar en lo colectivo; hay músicos que tienen éxito individual, pero la música no tiene éxito colectivo en este país.

LW: Necesitamos ayudarnos, no se trata sólo de cantantes o de músicos, somos un gremio. Cuando pides algún tipo de ayuda siempre hay voces que dicen que hay otros sectores que lo necesitan más, esto es algo habitual y no debe tratarse de una competición. Por otra parte, parece que cuando se habla de cultura en nuestro país se pone el foco en un actor o cantante, y la gente piensa, ¿de qué se quejan? 

¿Creen que ha habido cierto ensimismamiento por parte de los músicos, que deberían haber tomado partido a través de su obra?

LW: Yo separo mucho obra de autor. Es más, disfruto mucho de autores con cuya personalidad pública no estoy nada de acuerdo. Pese a que seguramente se filtra por algún lado, porque hacemos música y en algún lado queda reflejado eso que tú eres, el modo como tratas a la gente, etc. 

¿Qué opinan del desfile nazi en pleno Chueca, de esta oleada homófoba que vivimos?

AP: Creo que todo es política y que, de algún modo, como músicos estamos obligados a algún tipo posicionamiento ante lo irracional. Me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí, cómo podemos hacer para que esto no vaya más allá.

LW: Están orgullosos de ser así. Creo que la diferencia es que durante muchos años había gente que pensaba así, pero la sociedad no lo aceptaba. Ahora, en cambio, no sólo lo acepta sino que parece que algo te ocurre si tienes algún tipo de problemas con este tipo de manifestaciones. 

AP: Yo he sentido lástima por esas 150 personas, pero también mucha rabia, rabia contra los periodistas que les han brindado un altavoz o contra lo que les han permitido sentarse en una mesa a negociar o les ha pedido su apoyo. Los que han participado en el blanqueamiento son más culpables que esos 150 cavernícolas del desfile nazi.