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Empresas que dan la cara

Varias comunidades y el Gobierno impulsan la contratación de mujeres maltratadas mediante acuerdos con varias compañías. El trabajo devuelve la autoestima a las afectadas

OLIVIA CARBALLAR

Son muy pocas, la mayoría no cotizan en bolsa y están sufriendo los estragos de la crisis económica como las demás. Pero estas empresas dan la cara, no miran para otro lado y cada año, en su plantilla, intentan que al menos una mujer compruebe o descubra que puede ser independiente, que no necesita soportar más golpes, que no es culpable de nada, que la vida vuelve a empezar. Tintorerías, inmobiliarias, hoteles, supermercados... Son como un Ibex 35 pero con una particularidad: cada noche, ajeno a los vaivenes del mercado, este parqué cierra con todos los valores en positivo.

La Junta de Andalucía acaba de premiar a ese selecto club, compuesto por 34 empresas, por su marcada implicación en la lucha contra la violencia de género a través del programa Cualifica, una iniciativa puesta en marcha hace diez años por el Instituto Andaluz de la Mujer y la Consejería de Empleo, que ha supuesto una inserción laboral media de casi el 70% de las más de 2.100 mujeres inscritas.

Otras comunidades como Castilla y León, Madrid o Catalunya mantienen también desde hace años planes y acuerdos de colaboración con empresas solidarias. El Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad acaba de firmar, además, un convenio con 13 grandes compañías entre ellas Acciona, Inditex, Eroski o Cepsaque aparte de contratos, se comprometen a difundir campañas de sensibilización.

"Este trabajo es muy importante para ellas por la independencia económica, pero también porque empiezan a compartir experiencias con naturalidad con sus compañeros", explica Antonio Rubio, gerente de una pequeña lavandería de Córdoba, que ha contratado a dos mujeres.

El plan andaluz logra un 70% de inserción laboral del colectivo

Virginia Miranda, 38 años, no sabía relacionarse con el mundo. En segundo del antiguo BUP se quedó embarazada y escapó literalmente de su casa con el que fue su marido 14 años. "Mi madre es empresaria y sé lo que es la sinergia, trabajar en grupo, pero él me arrancó de mi familia; me decía que todos eran muy malos, que yo era una inútil, una mierda; y cuando una mujer está preparada para recibir la primera bofetada es porque cree que se la merece, y ese el problema", cuenta ahora, cinco años después de haber salido de su cárcel psicológica.

En ese estado de opresión llegó a Cualifica. "Fue un antes y un después. Es tan importante encontrar un apoyo económico para salir de la violencia, que no te importe si tu marido te pasa o no la pensión de los niños... Sentía que la gente empatizaba conmigo, confía en ti, tú puedes sola', me decían; cada día tenía que cumplir un horario, tenía una ilusión, es una manera de limpiarte, de ser otra persona", resume. Ha trabajado desde entonces como encargada en un almacén de frutas y en un hotel. Ahora está en paro. Como cualquier persona.

Ese trato igualitario es su mejor recompensa. "Podemos jugar con la flexibilidad en sus circunstancias, pero son ellas las que muestran una predisposición absoluta, unas ganas de trabajar tremendas", sostiene Javier Cortés, responsable de recursos humanos de Carrefour en Málaga. Por sus centros han pasado 125 mujeres. A veces, esas ganas, incluso les ha generado problemas. "Había quien pensaba que podía quitarle el trabajo, fruto de la ignorancia", dice Virginia.

No se trata de un programa de empleo más, destaca la consejera andaluza para la Igualdad y Bienestar Social, Micaela Navarro, sino de devolver la dignidad a estas personas. "Los empresarios hacen que ellas tengan un proyecto de vida autónomo", afirma. "No somos estiércol, yo he rehecho mi vida y he montado mi carnicería", cuenta Ana María Roa, que se casó a los 17 años y aguantó hasta violaciones.

El programa, por el que las empresas no reciben subvenciones, incluye un período de formación y otro de prácticas de 700 horas. Las mujeres cobran una beca salario de 4.000 euros y los horarios deben ajustarse a sus necesidades. Muchas de ellas proceden de casas de acogida y tienen varios hijos. Carmen Periñán, de 52 años, suspira al enumerar todos estos recursos. Cuando ella acudía, a principios de los noventa, a denunciar las palizas que recibía de su marido, la policía la mandaba de nuevo con él. "Chiquilla, vete a tu casa, que la vas a perder, ¿no ves que es abandono de hogar?", recuerda que le decían. "Entonces tenía más arrugas que ahora", añade su amiga.

Carmen nunca quiso limosna para cuidar a sus cuatro hijos: "Quería un empleo, salir, que lo tenía prohibido por mi marido. Cuando logré mi trabajo en el Meliá Sancti Petri (en Chiclana, Cádiz) comencé a sentirme dueña y señora de mi vida".

Encontrar un empleo les ayuda a salir de la espiral de violencia

Castilla y León desarrolla desde 1999 un programa similar, el Plan Dike, muy consolidado. La edad media de las mujeres es de 37 años y la mayoría tienen estudios primarios y secundarios. "Ha habido un repunte de universitarias, quizá por la crisis", explica la directora general de la Mujer de la Consejería de la Familia, Alicia García. Las empresas reciben subvenciones desde 2.500 hasta 6.000 euros, según la temporalidad del contrato. En 2009, con la irrupción de la crisis económica, la consejería firmó un convenio complementario con empresas para que el índice de contratación no bajase. De las 1.721 mujeres inscritas, más del 50% hallaron un empleo.

En Catalunya, la Generalitat firma convenios anuales con empresas, pero sin compensación económica. Es la misma fórmula que ha adoptado el Gobierno central. Otras comunidades como Extremadura, aunque no tienen programas específicos, sí adoptan medidas orientadas al colectivo. En Castilla-la Mancha, más de 200 mujeres fueron contratadas el pasado año a través de planes de formación, donde tienen una plaza asegurada. Entre otras actuaciones, Madrid dispone de dos puntos de atención con asistencia personalizada orientada a lograr un empleo y ha firmado convenios con empresas como VIPS o Sol Meliá.

Pese al enorme beneficio social, aún son muy pocos los empresarios solidarios. Aparte de las 34 premiadas, en Andalucía, por ejemplo, han participado unas 300 empresas, cuando hay en torno al medio millón en la comunidad. "El trabajo es uno de los mejores incentivos para defenderse del agresor y las empresas tienen que implicarse a través de los convenios colectivos; que a esa mujer que sufre maltrato no la despidan porque haya faltado unos días", denuncia Antonia Martos, de CCOO-A.

Gaélle Keraudren, una francesa afincada en España desde hace 20 años, aguantó tres más viviendo con su agresor por no tener un empleo con el que salir adelante con sus dos hijas. "Fue la mayor, con 12 años, la me quitó la venda y nos fuimos con una mano delante y otra detrás". Aún tenía heridas cuando llegó a Cualifica. "Ahora tengo mi pisito, mi trabajo y tranquilidad", dice sonriendo todo el rato. Quiere salir tan guapa en la foto como en su nueva vida.

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