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La 'ley y el orden' del PP atemorizan a los inmigrantes

Miembros de asociaciones de latinoamericanos siguen el debate en un local del barrio madrileño de Lavapiés 

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'¿Qué pasa aquí? ¿Va a haber un debate forum?', preguntaba al anochecer un joven a las puertas del centro cultural La Boca del Lobo, en pleno barrio de Lavapiés (Madrid) al observar el trajín de sillas blancas y sillas de aluminio que hay dentro del local. Había debate, sí, televisado y visto en una de las zonas con más inmigración de la capital (el 34% de la población) por un grupo de latinoamericanos que decidieron escuchar juntos a Rajoy y Zapatero. En La Boca del Lobo se reunieron un grupo de inmigrantes, algunos nacionalizados, otros no, muchos de ellos miembros de asociaciones de extranjeros. Al frente de la organización del acto, el chileno Mario Lorca, especialista en Derecho y que actualmente prepara un estudio sobre la multiculturalidad para el Gobierno de Chile.

'Como somos inmigrantes, todo esto tienen que ser cutre', ironiza Lorca, al ver el mobiliario lleno de polvo y la mala calidad de la imagen que transmiten a la vez un televisor y la proyección en la pared del debate. Los inmigrantes toman asiento. Yolanda Villavicencio, diputada socialista en la Asamblea de Madrid y de origen colombiano, muestra su móvil del que suena una alegre  música de bachatta. 'El compositor de esta música es Denis Santana, es dominicano, viene ahora, lo que pasa es que se ha perdido…'. Yolanda espera a su amigo en la puerta. Mientras, el resto toma asiento. En la televisión, la presentadora Olga Viza y los dos candidatos. Comienza el debate. En La Boca del Lobo se hace el silencio.

Rajoy empieza fuerte: 'La inmigración no está controlada, hay que poner orden y control…'. Los inmigrantes alucinan y a un joven se le escapa un  'joder…' y niega con la cabeza.  El resto esconde su indignación con una media sonrisa.

En el grupo, está el peruano Antonio Ruiz, gorra y bigote poblado y miembro  del colectivo Arte Total, que engloba a artistas inmigrantes y españoles. 'Del debate me interesa todo y quiero que Zapatero venga más agresivo y con más energía, que no esté tan pasivo como la otra vez'.  Delia Salvatierra, de la asociación Vida y Salud para el Inmigrante Boliviano (Avisa) no puede votar porque no está nacionalizada y se queja: 'Me parece mal'. ¿Y si pudieses votar? 'Bueno, pues al PSOE', se lo piensa. A ella, de 42 años y sólo dos en España, le interesa 'la economía del país'. Ahora trabaja 'atendiendo a una señora'.

Turno de Rajoy, que habla de las diferencias entre los ricos y los pobres, y en la sala se escuchan silbidos. Gustavo Fajardo, presidente de la asociación América España Solidaridad y Cooperación (AESCO) puede votar. Es de Colombia pero está nacionalizado. 'El que los inmigrantes sin nacionalizar no puedan votar supone una violación a los derechos humanos', sentencia. En España hay 2,4 millones de extranjeros no comunitarios con tarjeta de residencia y sin derecho al voto.

La mayoría de los que ayer vieron el debate en este centro cultural de Lavapiés son pro Zapatero, pero también hay voces discordantes, como el chileno Aldo González, de 29 años, y que es seguidor de Izquierda Unida. Él, del debate, no espera 'nada'. 'Los dos candidatos administran un modelo neoliberal que no da ninguna solución a los problemas del planeta', reflexiona.

Rajoy continúa con su discurso en contra de la política de inmigración del PSOE y los televidentes se calientan. El líder del PP, sigue erre que erre con el 'orden y control' y el perjuicio que a los españoles les hace la inmigración. La señal de la televisión pierde fuerza. Se ve en blanco y negro y granulada. Las puertas del centro están abiertas y el sonido sale a la calle Argumosa, donde ajenos al debate, otros disfrutan del botellón y del adelanto de la primavera. Una mujer española entra un minuto, escucha un poco a los candidatos, pone cara de estar poco convencida y luego se va: 'Me voy para casa ya…'. El debate sigue: 'Su turno, señor Rajoy'. 'Hay que prohibir por ley las regularizaciones masivas…'.