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Las tres claves del poder del PP valenciano

 

 

LUCAS MARCO

"La estructura corrupta/clientelar [valenciana] tiende a convertirse en sistema". Con este punto de partida, cuatro profesores universitarios han plasmado en el libro El secuestro de la democracia (editorial Akal) las claves para entender la hegemonía de la formación que lidera Francisco Camps.

"Hay un mecanismo que trata de establecer una conexión entre partido y administración, con voluntad permanente y con unos cauces que permitan financiar, con las redes clientelares, con control de los medios, compra de voluntades...", explica José Antonio Piqueras, catedrático de Historia en la Universidad Jaume I de Castellón y coautor del libro. "La idea no es tanto que se establece un régimen; esto sigue siendo una democracia legal y vinculada a la Constitución, pero sí que existe una voluntad de instituirlo como sistema, de darle continuidad. Es parecido a partidos-régimen como el PRI mexicano", apunta Piqueras.

El objetivo es reemplazar la ideología política por los sentimientos

¿Cuándo se sistematiza la corrupción en el País Valencià? Para Antonio Laguna, profesor de periodismo en la Universidad de Castilla-La Mancha, "el modelo se instala a partir de 1995, con Eduardo Zaplana". Según este, el exministro de Aznar concibe "la teoría de los círculos concéntricos de protección: la prensa, la sociedad civil, los empresarios, la Iglesia" y, "en la medida que pasan las legislaturas, lo va perfeccionando". Aunque, a diferencia de Camps, el actual consejero de Telefónica "tenía un concepto más claro del poder".

Para desgranar el peculiar predominio del PP valenciano en las urnas, especialmente tras el triplete judicial (caso Gürtel, caso Fabra, caso Brugal), los autores se apoyan en la teoría de juegos: "Es como si pones a alguien a competir con la mano atada a la espalda; siempre mantendrás la apariencia de la competición, pero ha dejado de ser una competición limpia".

Sus cargos pasan del victimismo al "orgullo de ser protagonistas"

De este modo, sostiene Piqueras, "se sigue reconociendo que hay una formalidad democrática pero es imposible que la oposición gane en un periodo medio de tiempo". Pero, ¿y la persecución judicial que sufre, según el PP? "El juez Flors no tiene una trayectoria progresista, también se ha señalado que el magistrado que ha abierto el caso Brugal en Orihuela es muy próximo al PP. La cuestión es que los jueces tienen que seguir haciendo su trabajo, se juegan sus carreras", indica el catedrático.

 

Canal 9 es la única televisión objeto de tesis que estudian la manipulación

La red de redes de redes. Así denomina Piqueras, que lleva una década impartiendo cursos de doctorado en Castellón sobre caciquismo durante la Restauración, a la estructura clientelista extendida como una gran mancha de aceite en el País Valencià y en las comarcas castellonenses. "De los últimos 150 años, durante cien ha habido un Fabra en la diputación, como presidente o diputado provincial", explica, mientras resalta que "el legado simbólico ya está asentado". "¡Ni siquiera los Kennedy!", bromea Laguna. "Cuando los Kennedy eran contrabandistas de licor, los Fabra ya llevaban 40 años en la diputación", responde Piqueras.

Para este último, el caso de Castellón es como un "parque temático", donde se ven "formas supuestamente fosilizadas de clientelismo". "Lo interesante es observar cómo se combinan las formas tradicionales de clientelismo con las nuevas, es el único lugar donde aparecen censos irregulares o apropiación de bienes", argumenta. En síntesis, explica Piqueras, "hay un modelo vertical frente al clientelismo caciquil tradicional", dado que "la estructura es hoy una red con muchos nudos, prescinde de las familias tradicionales, siendo reemplazadas por gente que aspira a una proyección política y un medio de vida".

Según Laguna, los conservadores valencianos "han forjado una cultura política cuyo objetivo es intentar eliminar la ideología del debate político". "Su apuesta es sentimiento: somos el partido de la Comunidad Valenciana y los que mejor defendemos a los valencianos". Además, apunta Piqueras, "se genera un discurso de identificación según el cual sólo se es buen valenciano respaldando una opción como el PP, y no siendo socialista, de Esquerra Unida o de Compromís".

Francesc Andreu, profesor de periodismo en la Universitat de Valencia, señala otro aspecto: "El fondo de reptiles durante la Restauración se reproduce en los programas de presunto debate de la televisión pública valenciana, es muy fácil ver cómo muchos de los programas que menos audiencia tienen son los de mayor coste, porque deben pagar tertulianos de Madrid de medios vinculados a la ultraderecha, como Intereconomía o La Razón". Además, Canal 9 se ha convertido "en la única televisión pública objeto de tesis doctorales en España y en Europa que estudian la manipulación".

"Lo último que cierra el círculo es que los dirigentes hablen lo mínimo, hablan terceros por ellos porque las redes clientelares lo permiten: desde portavoces de asociaciones hasta intelectuales refuerzan el discurso del PP", señala Laguna. Andreu lo resume: "los líderes y los partidos han descubierto que pueden saltarse la separación de poderes apelando, especialmente a través de la televisión, a la audiencia". "Es la democracia de las audiencias", señala.

Además, la derecha valenciana "recoge la cosecha de ese discurso victimista, según el cual, en 1992 Barcelona o Sevilla tienen sus eventos y Valencia no. Con Zaplana y con Camps esta política de eventos se multiplica y se pasa a un sentimiento de orgullo, de ser protagonistas". "Se valora la no política y en ese espacio de no ideología es donde se genera una fidelidad del voto muy considerable", sostiene Piqueras.

Finalmente, "se crea una expectativa constante de acción, realización y sueño, alimentando una imagen de destino inmejorable que luego no existe", comenta Laguna, apuntando que "lo logran gracias a la estrategia comunicativa del conseller Rafael Blasco". Y el plan se reinventa sucesivamente. "Canal 9 es profundamente desinformadora, pero también una fiesta continua, es un mundo dulce e idílico", indica Andreu.

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