Este artículo se publicó hace 7 años.
Las playas, un bien en peligro

Por El Quinze
-Actualizado a
Máquinas excavadoras de todo tipo se mezclaban hace unos días con turistas y vecinas que se relajaban en las ya concurridas playas de Barcelona, o practicaban algo de deporte. Las altas temperaturas parece que no acaban de llegar esta temporada, pero el clima suave y el sol invitan a disfrutar de un espacio que cada año es preciso retocar un poco más, en su puesta a punto para bañadores y bikinis: remover la tierra, redistribuir acumulaciones, allanar pendientes hacia la orilla o traspasar arena de una playa a otra. Los ciclos marinos se entestan cada curso en alterar el litoral, y la sociedad se empecina en remediarlo, al menos cuando se trata de playas en las que bañarse. De un tiempo a esta parte, no obstante, profundos cambios en la naturaleza y la corrosiva acción del hombre están, paradójicamente, planteando serios problemas en el mantenimiento de los arenales catalanes.
Barcelona, que a mediados de este mes terminaba los últimos trabajos de mantenimiento con maquinaria pesada en sus playas, es, en realidad, la localidad que sale mejor parada. El diseño del litoral de la capital catalana, con playas pequeñas y estructuradas con elementos como diques o barreras sumergidas, está pensado para que los temporales se lleven la menor cantidad de tierra posible y su extensión pueda acoger a los millones de personas que las pisan cada verano sin necesidad de hacer grandes aportaciones de arena. De hecho, hace años que Barcelona no tiene problemas "significativos" con respecto a los temporales ni requiere de un trasvase de tierra, apuntan fuentes del Consistorio.
Pero eso no significa que la ciudad esté libre de todo mal. Las zonas de la Mar Bella, la Nova Mar Bella y el Somorrostro, sobre todo, han sido víctimas de una regresión que se acentúa en otros lugares de la costa metropolitana: al norte, en el Maresme, y al sur, en el Baix Llobregat. "La superficie de playas del área metropolitana de Barcelona ha pasado de 2,2 millones de metros cuadrados en 2014 a 1,7 millones en 2018. Hemos perdido el 25% de la superficie total y, si hablamos de playa libre, aquella que los usuarios utilizan de forma real, la reducción se acerca al 35%", avisa Dani Palacios, jefe de playas del Área Metropolitana de Barcelona (AMB). A bote pronto, las cifras generales impactan, y la cosa no mejora si se mira con lupa el detalle.
"El Barcelonès y el Maresme Sud son los sectores que más están sufriendo, sobre todo Montgat y Badalona. En Montgat se ha perdido el 70% de la superficie total y han desaparecido dos playas enteras al norte del municipio", precisa Palacios. Montgat, que en las últimas décadas podía presumir de anchos tramos con espacio para todo y para todos, lidera esta desgraciada clasificación. "En los dos o tres últimos años la pérdida de arena ha sido escandalosa, y no vuelve", lamenta el concejal de Ordenació de Territori, David Sánchez (ERC), quien recuerda que, hace un año, la Demarcación de Costas tuvo que arreglar el rompeolas que cubre las vías de la línea costera de Rodalies, que estaba "muy maltrecho", y verter 5.000 metros cúbicos de arena seca para protegerlo. Algo que no duró mucho, añade Sánchez, y de lo que probablemente no queda ni un granito.
La pérdida de arena en Montgat conllevó una serie de daños colaterales, como la desa-parición de dos chiringuitos, que ya no cumplían con la distancia mínima de seguridad y no han sido renovados. Y también ha menguado la actividad social. "Antes había espacio para albergarlo todo y teníamos más pistas de tenis playa y voleibol; pero se ha reducido. Tenemos que restringir horarios para que todos los usuarios puedan convivir, y eso ha hecho que, por ejemplo, el club de tenis playa se haya ido al Masnou", lamenta Sánchez, también responsable de Esports.
La fractura del colector de Llevant
Otra playa desaparecida en 2017 fue la de la Mora, en Badalona. Un hecho que quedó eclipsado por un mal mayor: la fractura del colector de Llevant, la canalización que discurre en paralelo al mar y que transporta hasta la Depuradora del Besòs el agua residual de gran parte del Barcelonès Nord, con más de 300.000 habitantes. Es precisamente esa infraestructura lo que se ha convertido en el mayor quebradero de cabeza que se esconde tras el retroceso de las playas del municipio.
Ya en 2017 el incidente movilizó a diferentes administraciones y requirió de una intervención exprés para frenar el vertido de líquidos fecales al mar. Un riesgo que ha empezado a replicarse en otros puntos de Badalona y que ha obligado a llevar a cabo obras provisionales de protección. Es lo que ocurrió en otoño frente al Club Natació Badalona, donde el colector se descalzó a raíz de un temporal y obligó a construir de urgencia un rompeolas y a desviar, en última instancia, el canal unos cuantos metros. "Estamos trabajando con el AMB en un proyecto de alternativas para el desvío, para que quede fuera de la posible afectación de los temporales", subraya Gregori Muñoz, responsable de Medi Ambient del Ayuntamiento de Badalona. Una obra que se antoja costosísima y muy compleja por la presencia de pasos a nivel, las vías del tren, construcciones a pie de mar y canalizaciones principales de suministros.
"En los años 80, cuando se instaló el colector, había mucha más anchura de playa y no había ningún problema. Pero ahora, en algunos tramos, queda al descubierto", apunta Muñoz, quien afirma que las playas de Badalona han perdido entre 30 y 50 metros en los últimos 20 años. "Y nos vamos manteniendo gracias a las regeneraciones del Maresme, que acaban llegando a Badalona. Pero lo cierto es que la erosión y la pérdida de arena son una realidad que tenemos que trabajar conjuntamente, no solo como municipio", añade. Por este motivo el Consistorio pidió que se hiciera una comisión de ayuntamientos metropolitanos para elaborar un programa de estabilización de playas a largo plazo. "Habría que estudiar cada tramo y ver cuál sería la mejor solución", defiende el responsable de Medi Ambient.
Ayuntamientos, comisiones y administraciones supramunicipales elaboran planes y proyectos para nutrir las playas, a corto y medio plazo, pero distintas fuentes tienen claro que se trata de una batalla muy complicada. "Sabemos que las playas tienen una problemática distinta a hace 30 años y que, dentro de 30, serán diferentes. Mantener las mismas playas que ahora es un objetivo destinado al fracaso", admite Jorge Guillén, científico del Instituto de Ciencias del Mar. El geólogo esgrime dos motivos principales: las barreras artificiales que el progreso ha colocado en las últimas décadas –sobre todo los puertos y otros elementos de urbanización– y el hecho de que ahora llegan menos sedimentos a la zona litoral procedentes de ríos y rieras.
Guillén también destaca que, alrededor de Barcelona, existen "pocos espacios naturales", y que la presión de las infraestructuras y el urbanismo es "muy fuerte". "Si a todo esto le sumamos la perspectiva de subida del nivel del mar, que favorece el retroceso de la línea de costa, sabemos que la situación futura será la de no poder mantener las mismas playas que en la actualidad. Serán más escasas que las que hay ahora", sostiene el científico. "La tendencia, si no se ponen medios para impedirlo, es que las playas se continúen erosionando y sigan perdiendo arena, afectando a zonas protegidas, sistemas dunares, infraestructuras importantes e incluso áreas urbanas", avisa Dani Palacios, del AMB.
¿Soluciones? El miembro del Instituto de Ciencias del Mar, perteneciente al CSIC, considera que no existe "una solución general", sino pequeñas medidas que hay que aplicar de forma coordinada. Y aún así supondrá batallar contra la naturaleza. "Los temporales siempre han existido, pero antes no había tantas barreras artificiales ni urbanización. Ahora se inundan paseos y vías de tren y la arena no se acaba de recuperar. Es probable que, a la larga, haya que elegir qué playas mantener e invertir cada vez más para ello, como hace Barcelona", sentencia.
Intervenciones estructurales
El AMB, por su parte, trabaja en impulsar, junto con otras administraciones y con la colaboración imprescindible del ministerio responsable del medio ambiente, en un plan de estabilización de las playas metropolitanas. "Con intervenciones estructurales de carácter global, pero diferentes para cada tramo, ya que los problemas son distintos. Será esencial para reducir la erosión y minimizar las aportaciones de arena marina, que cada vez cuesta más de encontrar, y que tienen un impacto ambiental", asegura Palacios. Además de esto, el ente metropolitano trabaja desde el año 2014 en la mejora de las zonas dunares, "una barrera natural contra los temporales y el oleaje" y que, además, favorece el desarrollo de los ecosistemas.
El Port de Barcelona también está involucrado en el mantenimiento de las playas de la costa central. Concretamente, se encarga del de las del Baix Llobregat, que se ven directamente afectadas por su presencia. Anualmente, y en cumplimiento de la Declaración de Impacto Ambiental de la ampliación del puerto de Barcelona, el organismo realiza aportaciones de unos 100.000 metros cúbicos de arena en el Prat, aseguran fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica. De hecho, el primer año en el que se inició este convenio se vertieron 500.000 metros cúbicos, y durante 2019 se llevará a cabo la decimotercera campaña. También se invirtieron 25 millones de euros en medidas para minimizar el impacto ecológico de la obra, y se trasladaron 3,5 millones de metros cúbicos para crear una nueva playa y naturalizar la zona.
Como explica Jorge Guillén, el área del Baix Llobregat es una "celda sedimentaria", que comienza en el río y cuya materia se va desplazando hacia el sur, donde se acumulaba en Port Ginesta, ya en el Garraf. En los últimos años, sin embargo, la ampliación del puerto barcelonés ocupó una parte del Delta y cambió el status quo. "El Prat y Gavà se mantuvieron con zonas naturales como espacios dunares. Ahora, la erosión es la misma, pero la llegada de sedimentos es más pequeña, y esas zonas están alimentando Sitges y otras áreas del sur", apunta el geólogo.
Para equilibrarlo, se planificó que el Port, en tanto que ejecutor de la medida instada por la Demarcación de Costas, recogiera el sedimento en Port Ginesta y lo trasladara hasta el Prat, para que recirculara. Fuentes portuarias valoran de manera positiva el sistema. Pero no todo el mundo coincide con el buen funcionamiento de esta medida. "Hay una pérdida de sedimento transversal, que nunca vuelve. Además, la arena que se recoge suele ser más fina en el sur y, por tanto, no hace la misma función que la tierra original de las playas del Prat, así que es más fácilmente erosionable. Existe un desequilibrio. Se trabaja en alternativas, como la recuperación de las dunas, pero por sí solas no serán suficientes", lamenta Guillén.
Tanto es así que algunas playas, como la del norte de Gavà, han desaparecido en toda su amplitud, de unos 30 metros. "Incluso hasta llegar a tocar a las fincas que hay en primera línea", concretan fuentes del Área Metropolitana de Barcelona. Otras zonas muy afectadas son Viladecans, donde el arenal ha retrocedido 40 metros en algunos puntos y eso ha afectado a la zona protegida; la playa naturista del Prat, que ha desaparecido; o la de La Ricarda-Ca l’Arana, que ha derivado en daños en las instalaciones de la desalinizadora, informa el ente supramunicipal.
Si la situación es complicada al sur de Barcelona, en el norte de la capital catalana la cosa no mejora. Según los cálculos del Ministerio, se han aportado desde 2015 más de 300.000 metros cúbicos de arena en la costa del Maresme, la mayoría de los cuales en el entorno del Delta de la Tordera, el río de cuyos sedimentos han bebido siempre las costas del Maresme y las del Barcelonès Nord. Este, sin embargo, aporta cada vez menos material a su desembocadura y, por ende, a las playas. Desde Malgrat de Mar hasta Montgat, toda la costa se ve afectada en mayor o menor medida y muchos municipios han tenido que recibir aportaciones urgentes de arena, sobre todo para proteger infraestructuras como las vías del tren, que discurren en paralelo al mar.
Un problema que viene de lejos
La debilidad de los arenales de la zona del Maresme no aparece en el último lustro, sino que se remonta a mucho antes. De hecho, hace casi una década que, a través del Consell Comarcal, se creó el Comissionat per a la Preservació i Gestió Litoral del Maresme, un espacio transversal impulsado por el municipalismo para reclamar soluciones de manera unánime. "Hicimos un encargo a la Universitat Politècnica de Catalunya para que aportara diferentes propuestas, y consensuamos la más apropiada para trasladarla al Ministerio, de acuerdo con la Generalitat", asegura Jordi Mir, portavoz de la plataforma. "El Estado hizo suya la idea y presentó un plan con un plazo de ejecución de 15 años y 30 millones de euros para todo el Maresme", añade. Era la Estrategia de Protección de la Costa del Maresme, que se hizo pública en 2013 y que todavía no se ha puesto en marcha.
Mir explica que el proyecto lleva encallado unos años y que poco se ha movido hasta los últimos meses, aunque siguen sin tener fechas definitivas y reclaman acción. Fuentes del Ministerio mantienen que hay tres medidas en marcha dentro de la primera fase del programa, a la espera de la Declaración de Impacto Ambiental, previa a su adjudicación. Los proyectos en tramitación superan los ocho millones de euros de inversión e incidirían en distintos puntos de la costa. Por un lado, la estabilización de las playas de Premià de Mar a poniente de su puerto, con aportaciones de 347.000 metros cúbicos de arena. Por otro, la retroalimentación de las playas del Masnou, a levante de su puerto, con casi 400.000 metros cúbicos. Y, en última instancia, la construcción de un dique de apoyo en la playa de Ocata, también en el Masnou.
Acciones, todas las que hay en marcha, en la linde de instalaciones portuarias. Y es que la problemática no es homogénea en los más de 40 kilómetros entre Montgat y Malgrat de Mar: de Arenys de Mar hacia el sur, los puertos pesqueros y deportivos –cinco en total– se añaden como causa principal de la aceleración de la erosión. Por eso el comisionado cree que las soluciones del plan aprobado por el Estado no deberían ser las mismas de punta a punta, sino que deberían reformularse al norte de Arenys. "Cuanto más al sur, más dramática es la situación, en función de los puertos acumulados. Al Baix Maresme ya no llega arena del Tordera", subraya el científico Jorge Guillén, quien avisa que, al final, las aportaciones deberán priorizar zonas donde favorezcan la seguridad de estructuras, como las vías del tren. "Primero, la seguridad; luego ya pensaremos en el ocio".
EL DRAGADO, UNA MEDIDA CON LÍMITES
El principal método que se emplea en la actualidad para aportar arena a las playas huérfanas de grano es el del dragado: grandes embarcaciones que sustraen tierra de ciertas zonas y la depositan donde sea necesario. Algo que no es, ni mucho menos, tan sencillo como suena. "En los años ochenta se empezaron a hacer las primeras regeneraciones artificiales, y las primeras fueron en el Maresme. Pero no es una solución definitiva, porque solo se cubre el déficit durante un tiempo", apunta el geólogo del Instituto de Ciencias del Mar Jorge Guillén, que añade que, seguramente, el Maresme es de las comarcas de todo el Estado en las que más aportaciones se han hecho. Pero el dragado es una medida con limitaciones: no se puede recoger arena de cualquier parte, sino que existen áreas predeterminadas, en las que se han llevado a cabo estudios de impacto ambiental, donde el tipo de sedimento es propicio y que se encuentra a una profundidad razonable. Y en nuestro entorno mediterráneo estas áreas de dragado no son demasiado vastas. Todo ello sin entrar en el debate de la alteración que supone para el ecosistema marino. "Al dragar, te llevas una capa significativa del fondo marino. Puedes controlar los impactos ambientales, como ya se hace, pero las especies que haya no van a salir bien paradas, desde luego", asegura el experto.