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Israel Alto riesgo para la carrera política de Netanyahu tras las elecciones en Israel

El primer ministro israelí se juega su futuro político en las próximas semanas, y no va a resultar sencillo que supere las amenazas de la Justicia y las embestidas de sus rivales. En el pasado ha resurgido de sus cenizas, y en esta ocasión tendrá que sacar a relucir todos sus recursos y habilidades si quiere sobrevivir.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en una ceremonia anual conmemorativa del estado / REUTERS

eugenio García gascón

El principal obstáculo para la formación de una gran coalición en Israel es la figura de Benjamín Netanyahu, cuya carrera política, después de diez años como primer ministro, pende de un hilo que puede romperse en cualquier momento, o que amenaza con la celebración de unas terceras elecciones consecutivas que nadie quiere. 

Este jueves ha quedado claro que la formación Azul y Blanco, que lidera Benny Gantz, rechaza una gran coalición de rotación con Netanyahu y desea que el Likud presente un candidato alternativo. Dos de los dirigentes cardinales de Azul y Blanco, Yair Lapid y Moshe Yaalon, han insistido en esta demanda de una manera clara. 

Para los dirigentes centristas, Netanyahu ha perdido la confianza de la mayoría de los ciudadanos, algo que sería evidente después de las elecciones del martes, no solo porque el Likud obtuvo la segunda plaza, sino también porque en la Kneset existe una mayoría de diputados que se oponen a la continuidad del todavía primer ministro. 

El mismo Gantz, que durante la campaña electoral mantuvo una posición ambigua, ha decidido definitivamente que no desea que Netanyahu forme parte de la rotación que con casi toda seguridad se habrá de establecer en unas negociaciones que conduzcan a la formación de la gran coalición, la única opción capaz de evitar nuevos comicios. 

Sin duda, Netanyahu se va a defender de esa amenaza como gato panza arriba. Ya ha hecho firmar a los dirigentes de los partidos ultraortodoxos y ultraortodoxos-ultranacionalistas un documento mediante el que se comprometen a apoyarle únicamente a él. Esta maniobra, sin embargo, no significa nada para Azul y Blanco, y con ella solamente se pretendería distraer a la opinión pública. 

Netanyahu desea que Azul y Blanco le apoye para aprobar una ley que le de inmunidad mientras sea diputado

Tanto el Likud como Azul y Blanco quieren ser los primeros en ocupar la silla en el turno de dos años como primer ministro. Además, Netanyahu desea que Azul y Blanco le apoye para aprobar una ley que le de inmunidad mientras sea diputado, una idea que se hace cada día más necesaria si se tiene en cuenta que el 2 de octubre tendrá lugar su última audiencia con la justicia, tras la cual, en el plazo de unas semanas o unos meses, se procederá a su procesamiento por corrupción. 

Aunque legalmente Netanyahu podría continuar como primer ministro, o como simple diputado, una vez sea procesado, pues está fuera de duda que será procesado, la presión política para que dimita será muy grande. Si la Kneset no aprueba la ley de inmunidad, Netanyahu tendrá serias dificultades para continuar su carrera política. 

Dentro del Likud hay media docena de barones dispuestos a relevar a Netanyahu, y esta es una carta que quiere jugar Azul y Blanco. Por ahora ninguno de los barones ha dicho mu, pero Netanyahu ha decidido cancelar el viaje que debía llevarle este mes a Nueva York para participar en la sesión anual de la Asamblea General de la ONU y para reunirse con el presidente Donald Trump. 

En medios del Likud se explica que la cancelación del viaje obedece al deseo de Netanyahu de mantener controlado al partido, y especialmente a la urgencia de estar preparado para sofocar cualquier posible sublevación de sus barones. De momento, todos ellos han cerrado filas en torno a su líder o guardan silencio, pero Netanyahu piensa que es preferible no dejarlos solos durante mucho tiempo. 

El presidente Reuven Rivlin iniciará el domingo las consultas con los representantes de los nueve partidos

El presidente Reuven Rivlin iniciará el domingo las consultas con los representantes de los nueve partidos que han obtenido asientos en la Kneset, y solo después usará de su prerrogativa para encargar a un candidato la formación de gobierno. Rivlin podrá decidir entre Netanyahu y Gantz, si bien todo indica que lo más probable es que se decante por el segundo, en primer lugar porque Gantz ha obtenido más votos y en segundo lugar porque Netanyahu, que es rival del presidente, despierta más hostilidad en la cámara y en la calle. 

El martes las dos partes jugaron sus bazas a través de los medios de comunicación con declaraciones más o menos afortunadas que servirán para establecer un marco dentro del cual tendrá lugar la negociación programática de la gran coalición. De momento, lo que realmente está en juego es si Netanyahu continúa liderando el Likud. Su intención es que así sea, mientras que en Azul y Blanco piensan de otra manera. 

Lapid dijo que el martes los israelíes decidieron claramente que quieren ser gobernados por un "gobierno de unidad liberal" y secular, de manera que no tiene sentido que Netanyahu pretenda ahora seguir gobernando con los ultraortodoxos y los ultranacionalistas-ultraortodoxos de Yamina, el partido de extrema derecha.
En Azul y Blanco le reprochan que no haya tomado nota de los resultados, y que no quiera apartarse del liderazgo del Likud cuando faltan doce días para su cita crucial con la justicia. Si Azul y Blanco insiste en que se retire de la vida política, Netanyahu tendrá dos opciones: o hacer caso a sus rivales y marcharse o forzar unas terceras elecciones que a la vista de lo ocurrido el martes en las urnas no tendrían mucho sentido. 

Su situación no es envidiable de ninguna manera. Durante la última década Netanyahu ha demostrado que es un hombre con muchos recursos y con una gran capacidad de maniobrar en aguas procelosas. Ahora tiene la oportunidad de demostrarlo una vez más puesto que su trayectoria política nunca ha estado frente a un peligro tan evidente.