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La debilidad económica y política
de Egipto sacude Oriente Próximo

El país egipcio está atravesando por una grave crisis que va a exigir al presidente Al Sisi adoptar medidas de ajuste sin precedentes y que no serán bien recibidas por la población. 

El presidente egipcio Abdel Fattah al Sisi durante una ceremonia de graduación de pilotos en El Cairo. - REUTERS

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

JERUSALÉN.- El presidente egipcio Abdel Fattah al Sisi está ultimando una inminente reforma económica de gran profundidad que será muy penosa, tendrá consecuencias de larga duración y puede afectar aún más al débil papel que Egipto desempeña en un Oriente Próximo que atraviesa el peor momento de su historia.

Esta semana Al Sisi ha adelantado que “muy pronto” va a resolver el problema del dólar, que se ha agravado espectacularmente en los últimos días. Mientras que los bancos egipcios cambian el billete verde a 8,88 libras, en el mercado negro ha caído a 13 libras, lo que significa que en la calle está aproximadamente un 40% más caro que su precio oficial.

“El ciudadano egipcio pronto podrá ir al banco y cambiar dólares a un precio unificado”, ha anunciado Al Sisi. Sin embargo, el Estado parece incapaz de poder atender la demanda de dólares de una población ansiosa que teme una rápida devaluación de libra y un incremento considerable de los precios en general, y en especial de la bolsa de la compra.

Ahora Al Sisi depende económicamente de Arabia Saudí y políticamente de Israel, en especial para que EEUU no se entrometa en su controvertida política de seguridad

Detrás de la gravísima situación económica del país está la enorme bajada de ingresos del Estado, tanto en lo tocante al turismo como en lo tocante a la gestión del Canal de Suez, como en lo tocante a la ausencia de inversiones extranjeras, principalmente de los países del Golfo Pérsico, todo lo cual ha provocado una notable inseguridad económica.

Parece muy difícil que Occidente deje caer al presidente Al Sisi puesto que las consecuencias serían imprevisibles para toda la región, aunque desde su ascenso al poder tras el golpe de estado de 2013, Egipto ha sido incapaz de llevar a cabo una política propia e independiente en la región, y su política ha sido subsidiaria de Arabia Saudí e Israel.

Aunque los intereses de estos dos últimos países están muy alejados de los de Egipto, Al Sisi ha sido incapaz de mantener a Egipto en el listón que tenía antes de 2011, cuando fue derrocado Hosni Mubarak. Ahora Al Sisi depende económicamente de Arabia Saudí y políticamente de Israel, en especial para que el Congreso de Estados Unidos no se entrometa en su controvertida política de seguridad.

Los ingresos en divisas han caído de 37.000 millones de dólares en 2011 a 17.000 millones el año pasado. La deuda externa se ha multiplicado y nadie, ni siquiera los países del Golfo, se muestran interesados en invertir en Egipto. La economía se está deteriorando cada vez con mayor rapidez y exige medidas draconianas que sin duda dificultarán aún más la vida de la población más desfavorecida.

Una estadística reciente muestra que 27,8 millones de egipcios viven por debajo del umbral de la pobreza

Una estadística reciente muestra que 27,8 millones de egipcios viven por debajo del umbral de la pobreza, lo que significa que más de la cuarta parte del país se encuentra en esta situación. Aunque Al Sisi ha asegurado que las medidas que se preparan no afectarán a los pobres, nadie en este país cree en su palabra.

El pasado sábado llegó a El Cairo una delegación del Fondo Monetario Internacional con la que han estado negociando las autoridades locales, incluido Al Sisi. Las autoridades egipcias han pedido al FMI un préstamo de 12.000 millones de dólares en tres años, pero es lógico que el FMI ponga duras condiciones para acceder, aunque no han transcendido cuales son las condiciones de ese organismo.

Al Sisi ha declarado que el problema de la economía no es de su gobierno sino de gobiernos anteriores que adoptaron medidas contraproducentes que los egipcios de hoy deberán pagar. Con esta declaración el presidente se está curando en salud ante las medidas que va a tener que tomar inmediatamente para salvar el barco.

El problema del dólar es simplemente un síntoma de que las cosas no marchan bien. El turismo está perdiendo cada mes 300 millones de dólares, según el ministro del ramo, una situación que se ha mantenido estable desde que los yihadistas derribaron un avión ruso de turistas en el Sinaí el pasado otoño. Esto significa que los ingresos de divisas por el turismo han bajado aproximadamente el 60% con respecto a años anteriores.

El problema del dólar es simplemente un síntoma de que las cosas no marchan bien. El turismo está perdiendo cada mes 300 millones de dólares

La gestión del Canal de Suez también ilustra el deterioro de la economía. En 2014 Egipto ingresó casi 5.500 millones de dólares en divisas en concepto de la gestión del Canal. Esto animó a Al Sisi a llevar a cabo una obra faraónica de ampliación del Canal. Pero el año pasado, a causa de un descenso del comercio mundial, los egipcios solamente ingresaron 5.200 millones por el mismo concepto.

La depreciación de la libra hace que las importaciones sean más caras y por lo tanto está causando un aumento de precios en las importaciones, pero este aumento también está repercutiendo directamente en los precios de los productos manufacturados en Egipto, lo que sin duda causa un gran malestar entre la población.

La creciente debilidad económica y de seguridad ha hecho que Egipto haya dejado de tener una política clara y propia en Oriente Próximo. La dependencia de Al Sisi de Arabia Saudí e Israel no ha parado de aumentar desde el golpe de 2013 y esto debe ser un motivo de preocupación para Occidente y para los elementos moderados de la región.

El conflicto de Siria puede ilustrar esta situación. Arabia Saudí está apoyando muy generosamente a las milicias yihadistas que luchan contra el gobierno de Damasco, incluidas las afiliadas a los Hermanos Musulmanes, pero también a otras milicias mucho más radicales, algo que Egipto no ha denunciado precisamente por su dependencia de los saudíes.

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