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Desigualdad de Brasil Las interminables colas de la desigualdad social abochornan y sobrecogen a Brasil

Alrededor de 130 millones de personas, el 60% de la población, necesitan la renta básica de emergencia. 21 de esos millones eran ciudadanos "invisibles" hasta ahora, no aparecían en ningún registro.

Brasileños aguardan su turno para registrarse en el programa de la Renta Básica Emergencial en Recife. ANDREA REGO BARROS/ PCR.
Las enormes colas en las inmediaciones de las oficinas de la Caixa Econômica Federal han sido comunes en todo Brasil durante estas semanas. AYUNTAMIENTO DE CARUARU

El Congreso Nacional decidió adjudicar una renta básica de emergencia a la parte más necesitada de su población, y en tan solo unas semanas el país se ha dado cuenta de que la parte más necesitada de la población es, directa e indirectamente, el sesenta por ciento de la ciudadanía.

La renta básica de emergencia, aprobada gracias a la acción de las organizaciones de la sociedad civil, ha acabado siendo de 600 reales al mes –aproximadamente 110 euros–, fijados únicamente para tres meses, por el momento. El Gobierno Federal elaboró el presupuesto pensando que el universo de población que se registraría para el cobro sería el ya alistado en algunos programas sociales en marcha, como el Bolsa Familia, o los inscritos en el denominado Cadastro Único. Se equivocaban por mucho. Han comenzado a aparecer brasileños como de la nada.

Al abrirse el plazo de solicitud, surgieron más de veinte millones de personas que nunca habían tenido una cuenta bancaria. Entre ellos, trece millones de habitantes que no figuraban en ningún tipo registro, sea el que fuere, y la mitad de ellos sin acceso a internet, imprescindible en un principio para descargarse la aplicación móvil desde la cual realizar la inscripción en el programa. Interminables colas comenzaron a abochornar a la nación, con aglomeraciones en las puertas de la Caixa Econômica Federal, entidad bancaria pública responsable del pago de este auxilio.

Cerca de sesenta millones de habitantes tendrán acceso directo a la renta básica de emergencia en Brasil

En total, cerca de sesenta millones de habitantes tendrán acceso directo a la renta básica de emergencia en Brasil. Este número, analizado desde el ámbito de los núcleos familiares, alcanza a ciento treinta millones de brasileños –un sesenta por ciento de la población, actualmente en torno a 210 millones–.

"Hemos encontrado más de 21 millones de personas invisibles, mucho más de lo que imaginábamos", reconocía Onyx Lorenzoni, ministro de la ciudadanía, en una reunión con parlamentarios el pasado día 7 de mayo. "Esa ha sido también una de las razones para buscar el suplemento presupuestario, para que todo el mundo pudiera cobrar el primer pago".

Un mes y medio después de aprobada la medida, la Caixa Econômica Federal confiesa que existen aún entre seis y ocho millones de personas que están pendientes de recibir la primera mensualidad de esta renta básica de emergencia. Son los que, a día de hoy, siguen haciendo cola para regularizar su situación. "Una minoría ruidosa", según el presidente brasileño, Jair Bolsonaro. "Algunos realmente tienen razón, otros se han equivocado y otros no tienen derecho", señaló el mandatario el pasado jueves, en un pronunciamiento junto a Pedro Guimarães, presidente de la Caixa Econômica Federal.

Otra parte de los ciudadanos que la necesitan se han quedado fuera por no cumplir los requisitos

"Nosotros sí nos lo imaginábamos, es el retrato de la desigualdad de Brasil", afirma para este reportaje Sheila de Carvalho, abogada, activista por los derechos humanos y miembro del equipo de coordinación de la campaña de la sociedad civil por la renta básica de emergencia. "Estamos hablando de una población que en su gran mayoría vive por debajo del salario mínimo".

Lo más impactante es que estas cifras, que son perturbadoras, podrían ser todavía mayores, ya que otra parte de los ciudadanos que la necesitan se han quedado fuera por no cumplir los requisitos. Tatiana Lima, periodista e investigadora social, explica para Público que el registro excluye a los que superaron en 2018, por contar entonces con contrato laboral, el nivel de ingresos que les obligaba a presentar la declaración de la renta, pero que durante 2019 y 2020 hayan podido quedar desempleados. "La calle es un mecanismo de supervivencia. Los que se quedan sin empleo se echan a la calle y colocan una barraca para vender alguna cosa, o van a vender a los autobuses, a los trenes o al metro". Imposible, también, convencerles de que se queden en casa resguardados de la covid-19, aun cuando se cuentan ya oficialmente 168.331 casos confirmados y 11.519 víctimas mortales.

Los guarismos de ciudadanos necesitados de este auxilio aumentarían más si cabe si se tuviera en cuenta a los trabajadores con contrato pero con recursos limitados, teniendo en cuenta lo ínfimo del salario mínimo mensual, 1.045 reales –190 euros–, y lo exiguo de la protección social para el trabajador en Brasil.

En Brasil solo existe el corto plazo

En un seminario reciente, uno de los once jueces del Tribunal Supremo, Gilmar Mendes, intentaba expresar un sentimiento generalizado en el país: "Las dificultades del Gobierno para encontrar a los denominados invisibles, que ni siquiera estaban en los registros gubernamentales, nos llenan de vergüenza", admitió. "Es una herida que necesitamos frenar".

Por si el escarnio no fuera suficiente, algunos trabajadores con deudas previas están viendo estos ingresos de la renta básica de emergencia embargados en sus cuentas corrientes, algo que el Gobierno aseguró que no iba a suceder. La Comisión Nacional de Justicia ha publicado una Resolución al respecto para anular estos embargos en plena pandemia.

Algunos trabajadores con deudas previas están viendo estos ingresos de la renta básica de emergencia embargados en sus cuentas corrientes

Las dificultades para acceder a este ingreso urgente, las aglomeraciones a las puertas de la Caixa Econômica Federal, los millones de personas que se han quedado fuera de este programa y los llamamientos constantes de Bolsonaro a retomar la actividad normal en plena explosión de la pandemia en Brasil, hace que Tatiana Lima califique la postura del Gobierno Federal como "una política de muerte". Una manera cualquiera de decidir "quién va a vivir y quién va a morir",  teniendo en cuenta que la mitad de la población brasileña es negra y pobre. "Es lo que Achille Mbembe, escritor camerunés, define como necropolítica".

Ante tal magnitud de los obstáculos, el futuro brasileño solo conoce el corto plazo. El medio y el largo plazo son impenetrables. "Es muy importante que el Poder Legislativo y el Poder Judicial monitoreen la implementación de este beneficio para que sea efectivo, y que consigamos tener un mínimo de economía girando en los próximos meses", señala Sheila de Carvalho. En su opinión, la siguiente medida de este corto plazo debería ser, casi con la misma urgencia con la que se trató la renta básica de emergencia, "la ampliación de la medida para más allá de los tres meses: porque tres meses no van a ser suficientes". Lucharán para que llegue hasta diciembre, y a partir de entonces tendrán que encadenar otras luchas.

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