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India India se moderniza a golpe de sentencias

Los jueces del Tribunal Supremo parecen decididos a ser el puente entre dos siglos al estar dando carpetazo a leyes arcaicas y a tradiciones discriminatorias que durante décadas han guiado los comportamientos de la sociedad india

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Miembros de la comunidad LGTB en Nueva Delhi celebran el fallo del Tribunal Supremo de la India sobre las relaciones homosexuales en Nueva Delhi. (HARISH TYAGI | EFE)

El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro, en el caso de la India, surgen los jueces. Concretamente, los del Tribunal Supremo: sus magistrados parecen decididos a ser el puente entre dos siglos al estar dando carpetazo a leyes arcaicas y a tradiciones discriminatorias que durante décadas han guiado los comportamientos de una sociedad profundamente conservadora.

El viernes el Alto Tribunal echó por tierra la tradición que prohibía a las mujeres entrar en el templo Sabarimala, en el sur del país, durante su menstruación. El veto a mujeres de entre 10 y 50 años se basaba en una antigua creencia según la cual el periodo es sinónimo de impureza. Las autoridades del templo, que está dedicado a la deidad hindú Ayyappan, llegaron a decir hace varios años que sólo permitirían su acceso cuando se inventara un "detector de menstruación" similar a los escáneres de seguridad de los aeropuertos.

Los jueces del Tribunal Supremo se han adelantado a ese invento surrealista. "La devoción no puede estar sujeta a la discriminación de género", dijo el presidente del Tribunal, Dipak Misra. "Las mujeres no son menos ni inferiores al hombre. El patriarcado de la religión no puede triunfar sobre la fe, ni las razones biológicas o fisiológicas pueden ser tomadas en cuenta en la libertad de la fe".

"El marido no es el amo"

Un día antes cinco jueces del alto tribunal decidieron por unanimidad declarar inconstitucional el artículo 497 del Código Penal indio, que castigaba con hasta cinco años de cárcel casos de adulterio no consentidos por el marido. El delito era cometido por el hombre que tuviese relaciones sexuales con la esposa de otro, sin el consentimiento de este último, convirtiendo a la mujer en propiedad de su pareja.

"Es hora de decir que el marido no es el amo de su esposa", afirmó el magistrado Misra, que calificó el artículo como "arbitrario". “La subordinación legal de un sexo sobre otro es errónea en sí misma”. En la misma línea se pronunciaba la jueza Indu Malhotra: “el tiempo en que las esposas eran invisibles ante la ley y vivían a la sombra de sus maridos hace tiempo que desapareció”.

Son todas ellas contundentes declaraciones cuya importancia tiene que entenderse dentro del marco de una sociedad profundamente conservadora como la India. En el país asiático, la gran mayoría de matrimonios son concertados por los familiares de los novios. La mujer, que debe pagar una dote tras la boda, se convierte en sumisa del marido y sus suegros desde el momento en que entra a vivir en el hogar de su familia política.

Delitos dentro del matrimonio

Además del adulterio, en los últimos años el Tribunal Supremo ha tenido que intervenir en numerosos casos relacionados con el matrimonio, pilar fundamental de la sociedad india. En agosto de 2017 los jueces dictaron que es “inconstitucional” el divorcio verbal que llevan a cabo los indios musulmanes sólo con decir la palabra ‘talaq’ tres veces, una práctica con la que, según nos decía Zakia Soman, fundadora del Movimiento de las Mujeres Indias Musulmanas, "la mujer está totalmente a merced de la piedad del marido" porque vive bajo la "amenaza" de convertirse en divorciada en caso de que al marido no le guste alguna actitud de su mujer.

Algunas de las normas que está echando abajo el Supremo, como la del adulterio o la de las relaciones entre personas del mismo sexo, tienen más de 150 años

Poco tiempo después, el mismo tribunal sentenció que el sexo entre un hombre y su esposa menor de edad es un delito de violación, una norma que estaba permitida debido a una contradicción jurídica. Las leyes establecían que el sexo con una menor de 18 años es delito, pero un apartado del código penal excluía los casos en los que el marido tuviese relaciones sexuales con su esposa si ella era mayor de 15 años. Era la condición de casada la que impedía a las mujeres poder denunciar agresiones sexuales, una cláusula que, además, chocaba frontalmente con la edad legal para el matrimonio (18 para ellas, 21 para ellos). Tras el veredicto del Supremo, las menores pueden denunciar a sus maridos.

Aquella sentencia dejó la puerta abierta a otro asunto que todavía está pendiente de dilucidarse en los tribunales: la violación dentro del matrimonio entre adultos. Una práctica tan extendida como silenciada que a día de hoy no es delito. Un caso que se encuentra al tribunal superior de Delhi podría enmendar esta situación.

Una compleja democracia

La compleja relación entre los poderes ejecutivos y legislativos locales, regionales y nacionales en una democracia como la india —una república federal en la que viven 1.300 millones de habitantes repartidos entre 29 estados diferentes— deja en manos del Tribunal Supremo numerosos asuntos delicados que otras autoridades prefieren no tocar para no mancharse. El Supremo se convierte así en un motor que debe escuchar a cualquier ciudadano que apele a la instancia más alta. Un motor que trabaja a toda máquina; según citaba The New York Times, las distintas salas del tribunal hacen frente a 700 casos al día.

"El Tribunal Supremo de la India es uno de los tribunales más poderosos del mundo y ha estado jugando un papel importante defendiendo e interpretando la Constitución de la India", afirma a este diario el reconocido abogado Anant Kumar Asthana. Este experto señala que el Supremo lleva mucho tiempo agitando la conciencia nacional con sus veredictos, a pesar de que ahora parezca algo novedoso porque se hayan dado varios casos muy seguidos. “Son fallos constitucionales que ayudan a resolver debates y llevan la moral constitucional colectiva de la sociedad india a un nuevo nivel”.

Los jueces apelan a la sociedad

Este mes, cinco jueces del Supremo indio, liderados una vez más por Dipak Misra, tumbaron el artículo 377 del Código Penal que criminalizaba a "quien voluntariamente tenga relaciones carnales contra el orden de la naturaleza", un apartado que se usaba para castigar las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. “Cualquier discriminación que se base en la orientación sexual es una violación de los derechos fundamentales”, afirmó entonces el jefe del tribunal.
Además de despenalizar la homosexualidad, los jueces le pedían a la sociedad india que aceptara a sus conciudadanos tal como fueran, independientemente de orientaciones sexuales e identidades de género. "Negarle a la comunidad LGBT su derecho a la orientación sexual es negar su ciudadanía y violar su privacidad. No pueden ser empujados a la oscuridad por una legislación colonial opresiva", dijo el juez D. Y. Chandrachud. En la India de hoy día todavía se puede escuchar a políticos y líderes espirituales con millones de seguidores asegurar con rotundidad que la homosexualidad es una enfermedad curable o un desorden mental traído desde Occidente.

El año pasado el alto tribunal se dirigió a la aerolínea estatal Air India después de que ésta se negara a contratar como auxiliar de vuelo a una persona transgénero por el mero hecho de serlo. "Nadie puede discriminar a una persona transgénero en el ámbito laboral", señaló la sentencia.

La compleja relación entre los poderes ejecutivos y legislativos locales, regionales y nacionales en una democracia como la India deja en manos del Tribunal Supremo numerosos asuntos delicados

Algunas de las normas que está echando abajo el Supremo, como la del adulterio o la de las relaciones entre personas del mismo sexo, tienen más de 150 años. Datan de la época colonial británica; son legados que han seguido anclados en el marco legal de la India independiente.

Pero la nueva India, a manos de sus nuevas generaciones, se abre paso. Un ejemplo de ese relevo generacional se ve en la propia judicatura. El juez D. Y. Chandrachud, al despenalizar el adulterio, corregía un veredicto de 1985 firmado por su padre, el juez Y. V. Chandrachud, que entonces defendió el castigo de las relaciones adúlteras con el objetivo de preservar la “estabilidad” del matrimonio.

Su hijo señaló esta semana que ese punto de vista no se podía considerar "correcto" con la Constitución india en la mano. Es la segunda vez que el juez Chandrachud contradice la visión de su padre en un fallo judicial: el año pasado calificó de "gravemente defectuosa" una sentencia de 1976 sobre el derecho a la privacidad. El traspaso entre dos generaciones de jueces. Un viejo mundo que muere. Uno nuevo que está en camino de aparecer.