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Marduk De change.org al Congreso de Guatemala: el veto a Marduk por sus "letras blasfemas" se extiende por América Latina

El Congreso de Guatemala ha pedido al Gobierno que impida la entrada del grupo sueco de Black Metal Marduk, que se encuentra de gira en América Latina. Los sectores conservadores se han movilizado contra sus "letras blasfemas". El conjunto ha sido acusado de simpatizar con el nazismo en diversas ocasiones.

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Una actuación del grupo de Marduk.

"Este mensaje es para las personas que aún tienen temor de Dios y saben y entienden que las batallas contra el enemigo se ganan orando. A finales de este mes y comienzo de octubre viene a Latinoamérica el grupo de música heavy metal más satánico del mundo llamado Marduk. Este grupo de origen sueco se hace llamar el grupo de rock más blasfemo del mundo y en sus canciones maldicen y profanan a Dios y a la Biblia. Es escalofriante ver las imágenes de sus vídeos y aún peor la traducción de sus canciones". Así comienza una petición de Change.org, titulada No queremos a Marduk en Guatemala, que ha llegado hasta el Congreso del país. En ella, un usuario que no se identifica con su nombre ni apellido, pide la cancelación del concierto de Death Metal, previsto para el jueves, 11 de octubre.

"Recordemos que Marduk era el dios del imperio babilónico. Por favor envía este mensaje a todos los hermanos en la fe, para orar e impedir que a través de estos siervos de Satán nuestra juventud quede atrapada en sus engaños y maldiciones", dice la solicitud.

En Guatemala, el peso de la religión es enorme. El 81% del país se declara creyente, tanto católico como evangélico. Las proclamas fundamentalistas tienen un público amplio. Así lo prueba, por ejemplo, el intento de un grupo de diputados de recortar aún más los derechos de la mujer y perseguir a aquellas que sufran un aborto espontáneo. El proyecto de ley está a punto de ser aprobado.

En este contexto, no es extraño que la petición de impedir que un grupo de música toque en Guatemala saltase de Internet al Congreso. Ahí, el 26 de septiembre, con una mayoría aplastante de 87 votos contra 13 (los otros 58 diputados estaban ausentes), la cámara aprobó pedir al Gobierno que no permita entrar a los integrantes de Marduk en el país. Le acusan de tener letras "blasfemas" y de atentar contra las creencias extendidas en Guatemala.

En realidad, lo aprobado por el Congreso es un punto resolutivo, es decir, que no efectos legales concretos. Es el Ejecutivo, a través del departamento de Migración, quien puede vetar el paso a un extranjero. Lo hizo recientemente con Iván Velásquez, responsable de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), enfrentada con Morales tras investigarle por corrupción. Si se atrevió con un funcionario de la ONU que tiene fuertes apoyos en Guatemala, vetar a un grupo sueco que aparentemente contradice la moral mayoritaria del país solo puede darle réditos. Aprovechar las creencias para otros intereses se ha convertido en parte de la estrategia del Ejecutivo de Morales. Este, por ejemplo, hace constantes menciones a la "defensa de la familia y la vida", en relación al aborto, cada vez que protagoniza un discurso contra la Cicig y la ONU.

Por el momento, el Gobierno no se ha pronunciado sobre el concierto de Marduk. No obstante, el abogado Elvyn Díaz, del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (IECCCP), dice que Morales tiene en sus manos la posibilidad de impedir el paso al conjunto musical. También recuerda que no sería la primera vez que se imponen prohibiciones de paso relacionadas con la religión. Hace casi una década, el Gobierno guatemalteco, a instancias del Congreso, vetó la llegada de José Luis De Jesús Miranda, costarricense y líder de una secta que se hacía llamar "el anticristo".

La historia de la banda

De Marduk, grupo sueco de Black Metal que se encuentra actualmente de gira por América Latina, se dice que es "la banda más blasfema del mundo". Supuestamente, fue su fundador, Morgan Steinmeyer Håkansson, quien ideó ese concepto, tremendamente útil para publicitar una banda de metal oscuro. También puede ser una leyenda apócrifa que el conjunto ha aprovechado en sus 36 años de existencia. Nadie aclara si existe un cómputo de ofensas divinas por minuto y canción o se trata de una estimación a ojo de buen cubero.

La formación sueca se encuentra en plena gira latinoamericana y el próximo jueves, 11 de octubre, tiene prevista una actuación en Guatemala. El show tendrá lugar a las 19:30 horas en la sala San José, en el Centro Histórico. Cuesta 350 quetzales, cerca de 40 euros, un precio elevado para los estándares de un país en el que el salario mínimo está en los 2893 quetzales (unos 323 euros). Además de en Guatemala, las protestas religiosas se han extendido a El Salvador, México y Colombia. En Bogotá, por ejemplo, la sala en la que iba a ofrecer un concierto ha sido clausurada durante diez días, tiempo suficiente para que el concierto no tenga lugar.

En Guatemala, hasta el momento, la actuación se mantiene a pesar del veto. Público quiso hablar con los responsables de Black Moon Shows, la empresa promotora, pero no obtuvo respuesta. En su página de Facebook, la compañía, radicada en El Salvador y que organiza conciertos en ambos países centroamericanos, asegura "Marduk, un éxito rotundo en Brasil, Bolivia, Argentina y Chile… ¡La gira continúa! Países donde fanáticos religiosos desocupados también pidieron que no se presentaran; pero ningún político retrógrada les hizo caso y respetaron la libertad de expresión, de culto, de pensamiento y libre empresa... Los shows de Guatemala y El Salvador siguen en pie, no tenemos ninguna notificación de cancelación".

No es la primera ocasión en la que se exige suspender un concierto de Marduk. Ocurrió, por ejemplo, en Oakland, Estados Unidos, en 2017. En esta ocasión, la suspensión se debió a las protestas de grupos antifascistas, que denuncian la existencia de vínculos entre la banda y organizaciones neonazis. Lo sospechaban por algunas de sus letras, inspiradas en hechos ocurridos durante el III Reich. Como su canción The Hangman of Prague, que habla sobre el oficial de las SS Rinhard Heydrich y que fue investigada por el Comité de Autorregulación de Medios de Suecia en 2006. El ente regulador no vio delito de odio, según recordaba Aron Lindblom en un artículo publicado en el digital guatemalteco Nómada.

Sin embargo, las sospechas siempre persiguieron a la banda. Y sus detractores las vieron confirmadas cuando el diario sueco ETC publicó en 2016 que el batería, Fiedrik Widigs, y el vocalista, Daniel Rostén, habían adquirido material en la web del grupo fascista NRM (Northern Resistance Movement, en sus siglas en inglés).

"Ningún miembro de Marduk ha solicitado algo de la web en cuestión, ni ha tenido ningún tipo de interacción con la organización que la opera. Esto es todo lo que tenemos que decir sobre el asunto. Es ridículo tener que reiterarlo una vez más, después de 28 años como banda, pero: Marduk no tiene agenda política o asociaciones ideológicas, ni con el Nacional Socialismo ni con otras. Nuestras letras tratan de religión e historia, no más", respondió el grupo a través de un post en su página de Facebook.

No explicaron cómo sus nombres pudieron llegar a aparecer en la web neonazi.

Esta presunta cercanía con el fascismo es también utilizada por Aníbal Rojas, jefe de bancada del partido Viva (Visión con Valores, de tendencia conservadora), y quien ha liderado la campaña contra Marduk. "Hemos encontrado que el satanismo que predica la banda no tiene ninguna relación con el arte, la letra de sus canciones es destructiva y atenta contra los valores morales ya que predican las ideas de muerte que predicaba el Tercer Reich (de quien se dice profesaba el paganismo y el misticismo) durante el período nacional socialista alemán”, dice Rojas en una carta enviada a José Luis Chea, ministro de Cultura. "Los integrantes de la banda Marduk se autoproclaman como los nuevos neonazis modernos y entre otras cosas, reclaman la vuelta de los valores paganos; sin ir tan lejos, uno de sus últimos álbumes “Frontschwein”, trataba precisamente sobre cuestiones bélicas (armamentos, campañas, etc.) del Ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial.

Rojas representa a Viva, uno de los partidos más reaccionarios de Guatemala. Fue fundado por Harold Caballeros, pastor evangélico que ejerció como ministro de Relaciones Exteriores a lo largo de 2012, durante el primer año del Gobierno de Otto Pérez Molina, actualmente encarcelado por corrupción. Actualmente, Rojas ocupa la jefatura de la Comisión de la Mujer, desde la que lidera iniciativas contra los derechos reproductivos y la diversidad sexual.

Una de las pocas voces que ha recordado que Guatemala es un Estado laico y se ha opuesto a la voluntad de veto ha sido la diputada de la Alianza Ciudadana, Eva Monte. En el Congreso, llegó a plantear que, si quería impedirse la entrada de Marduk, también habría que replantearse qué hacer con el reguetón y los narcocorridos.

En conversación con Público, señala que se trataba de una estrategia, pero que no tiene nada en contra de ningún género musical. Sobre la polémica acerca de Marduk, afirma: "Yo no defiendo a la banda, lo que defiendo la libertad de emisión de pensamiento". No obstante, no cree que se trate de una estrategia para distraer a la opinión pública sobre la grave crisis política que afronta Guatemala. "Nuestro Gobierno se ha destacado por ser conservador", afirma.

En opinión de Michel Andrade, columnista del digital Plaza Pública, "Marduk gana lo que no tenía: ahora usted sabe quiénes son y habrá quien compre sus discos y vaya a sus conciertos". Es previsible que la polémica se extienda durante toda la semana, hasta la celebración del concierto.

Se da la circunstancia de que la formación sueca ya ha tocado en dos ocasiones en Guatemala. Fue en 2005 y 2011. No hubo protestas, ni intentos de prohibición. Probablemente, solo los más interesados tuvieron conocimiento del show. Todo ha cambiado en 2018. A día de hoy el concierto no se ha suspendido, pero el Gobierno puede impedir la entrada al país del grupo. Un nuevo ejemplo de la ola fundamentalista que se extiende por la región.

Paradójicamente, serán las supuestas ofensas a Dios, un terreno pantanoso y de difícil interpretación, y no sus coqueteos con el nazismo, lo que ha convertido a la banda en non grata en la siempre conservadora Guatemala.

A los aficionados a la banda, la polémica les ha pillado por sorpresa. Fernando, ingeniero guatemalteco de 34 años, ya tenía su ticket adquirido pero ahora no sabe si habrá o no concierto. “Es ridículo lo que está pasando. No solo muchas bandas vienen a cada rato contra quienes podrían aplicarse esos mismos argumentos”, dice, “es que Marduk ha venido dos veces ya”. En concreto, la banda sueca tocó en 2005 y 2011. No hubo protestas ni intentos de prohibición. Los shows tampoco fueron masivos. Únicamente, los más interesados, como Fernando, tuvieron conocimiento. Sobre la polémica actual, considera que “son absurdas movidas de los diputados para distraernos, usando algo que saben que se volvería viral”. Sobre la presunta cercanía con el nazismo, dice que “Lo he visto más en otros países donde el argumento religioso no tiene tanto peso, como en Europa o Estados Unidos”. Quiere ir al show, pero no sabe si este tendrá lugar.