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La insólita cumbre entre EEUU, Rusia e Israel consolida la hegemonía israelí en Oriente Próximo

En un contexto dramático para Oriente Próximo se celebra en Jerusalén una cumbre entre Estados Unidos, Rusia e Israel, que tiene todo el aspecto de estar dirigida a la galería. Aunque los objetivos que Netanyahu dice que se ha marcado son ambiciosos, la realidad sobre el terreno muestra que los israelíes están interesados en mantener a toda costa la inestabilidad regional contando con la ayuda de Estados Unidos y la pasividad de Europa.

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John Bolton, asesor en materia de seguridad de Estados Unidos.- EFE

Este lunes y martes tendrá lugar en Jerusalén una insólita cumbre geopolítica entre altos representantes de Estados Unidos, Rusia e Israel en Jerusalén, un encuentro que ha desatado gran expectación y euforia en el estado judío, donde se compara con la cumbre Sykes-Picot de 1916, donde el Reino Unido y Francia se distribuyeron Oriente Próximo en zonas de influencia, y que tanto daño causó y sigue causando a la región un siglo después.

Ya puede anticiparse que el encuentro tiene asegurado un fracaso estrepitoso dado que los intereses de Israel y Estados Unidos (que son exactamente los mismos) están muy alejados de los intereses de Rusia. Es difícil de explicarse por qué el presidente Vladimir Putin accedió en febrero pasado a participar en un circo de esta naturaleza que no puede reportar a Rusia ningún beneficio a medio o largo plazo.

Estados Unidos estará representado por el secretario para la Seguridad Nacional, el fanático sionista John Bolton. En representación de Rusia acudirá el secretario del Consejo de Seguridad, Nikolai Patrushov, mientras que en nombre de Israel se sentará en la mesa Meir Ben-Shabbat, responsable del órgano equivalente en este país.

El hecho de que la cumbre tenga lugar en Jerusalén ya revela una victoria política para el primer ministro Benjamín Netanyahu, quien anunció el encuentro el mes pasado presentándolo como una victoria de su diplomacia, algo que lo es efectivamente, como también es otro ejemplo de la hegemonía que este pequeño y revoltoso país ha conseguido imponer en Oriente Próximo durante sus años en el cargo.

John Bolton con el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en Jerusalén. / EFE - KOBI GIDEON

Debe destacarse la elocuente ausencia de la Unión Europa. Los europeos han renunciado a conducir una política seria en la región y su trágica parálisis ha contribuido a que elementos locales, especialmente Israel y Arabia Saudí, hayan conducido deliberadamente Oriente Próximo a la desastrosa situación en que se encuentra en nuestros días.

Los responsables directos de esta situación son Angela Merkel y Emmanuel Macron, aunque en su descarga debe decirse que ellos simplemente se han puesto a la altura de sus predecesores, ya que no se trata de un planteamiento nuevo de Europa. Merkel y Macron simplemente dejan que el curso natural de deterioro impulsado por Israel y Arabia Saudí siga adelante.

No debe extrañar que Netanyahu dijera el pasado martes con una alta dosis de cinismo que la cumbre de Jerusalén es "muy importante para la estabilidad de Oriente Medios en estos tiempos turbulentos", y añadiera que se trata de una cumbre “sin precedentes e histórica". Naturalmente es así, aunque el fracaso a que el encuentro está condenado de antemano también será histórico.

Un analista israelí ha dicho que la cumbre representa “una bofetada en la cara de Irán”, el país que según Israel y Arabia Saudí se ha convertido en el causante de todos los males de la región, y por lo tanto se sitúa en su punto de mira y en el punto de mira de Estados Unidos, como se está viendo de una manera clara en las últimas semanas.

El fracaso a que el encuentro está condenado de antemano también será histórico

El ruso Patrushev se reunió el miércoles con representantes iraníes con la intención de aclarar algunos puntos. El objetivo de Israel es sacar a Irán de Siria y seguir acosándolo económica y militarmente por medio de Estados Unidos, mientras Teherán trata de defenderse. Menashe Amir, un experto israelí en Irán a quien se atribuyen estrechos vínculos con el Mosad, dijo la semana pasada que las duras sanciones económicas impuestas por Washington contra Irán “serán decisivas dentro de seis meses o un año, que es cuando Irán se quedará sin reservas de divisas” y no será capaz de hacer frente a las sanciones.

Durante los últimos días, los medios hebreos han recalcado que la prioridad de Netanyahu es sacar a Irán de Siria a cambio de sacar a Siria de la lista negra de Estados Unidos, una vez que el Golán ocupado sirio ha sido reconocido por Washington como parte del estado judío, otra decisión unilateral de Donald Trump que la comunidad internacional no ha respaldado.

Los medios rusos, por su parte, han indicado que Moscú no está dispuesto a ir más allá de la promesa que Putin hizo a Trump el año pasado en Helsinki, es decir que los iraníes se retiren a 80 kilómetros de distancia del Golán ocupado, de manera que se satisfagan así las demandas del presidente Bashar al Asad, quien no está dispuesto a dar un portazo a los iraníes después de todo lo que estos han hecho a favor de su gobierno durante la guerra civil.

El analista ruso Vladimir Frolov ha escrito que una salida completa de los iraníes de Siria sencillamente “no está en juego”. Y ya el año pasado el ministro de Exteriores Sergey Lavrov dijo que “no es realista” querer sacar a los iraníes de Siria como pretende Israel.

Todo indica que el problema central de Oriente Próximo, la ocupación militar israelí de los territorios palestinos, no se discutirá en profundidad en Jerusalén dado que Netanyahu no tiene ningún interés en abordar la cuestión. Es posible que los rusos introduzcan el tema, pero será como pedir peras al olmo. En todo caso, Israel no está interesada en resolver los problemas regionales sino en crearlos y mantenerlos vivos con el fin de seguir desestabilizando la zona y consolidar su hegemonía.