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Israel La última ‘locura’ de Netanyahu: dividir a la UE

La continuada pasividad de la Unión Europea en los conflictos de Oriente Próximo, y especialmente en el conflicto entre Israel y los palestinos, es un foco creciente de problemas para la política exterior de Bruselas. Benjamín Netanyahu lleva mucho tiempo tratando de poner palos en las ruedas de la UE, y lo está consiguiendo justamente debido a esa pasividad.

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El primer ministro de Hungría, Viktor Orban y su homólogo israelí, Benjamin Netanyahu en una rueda de prensa conjunta en Jerusalén. EFE /Debbie Hill

La semana pasada visitó Israel el primer ministro de Hungría. Viktor Orban fue acogido por su colega y “amigo” Benjamín Netanyahu con los brazos abiertos, como era de esperar. Los líderes populistas y nacionalistas del este de Europa tienen gran ascendiente en Israel. Las relaciones del estado judío con esos países han mejorado significativamente desde hace un año de manera paralela a las tensiones con la Unión Europea.

Hace exactamente un año, en julio de 2017, cuando Netanyahu se reunió con los líderes de Hungría, Chequia, Polonia y Eslovaquia en Budapest, un micrófono indiscreto reveló a los periodistas que cubrían el evento que Netanyahu estaba animando a esos países a rebelarse contra Bruselas.

Un artículo publicado por el diario Haaretz este mes de julio se titulaba: “Dividiendo a la UE: La relación cada vez más estrecha de Israel con los líderes nacionalistas de Europa central”. El título es revelador de los sentimientos que alberga Israel con respecto a la UE. Y lo más curioso es que Israel no es la única entidad que alberga esa clase de sentimientos.

Es mismo mes de julio el presidente Donald Trump, en visita al Reino Unido, aconsejó a la primera ministra Theresa May que “demandara” a la Unión Europea ante los tribunales. A Rusia también se le ha acusado de obrar en contra de la UE, y hay que observar que Netanyahu está estrechando sus relaciones en esos tres frentes antieuropeos: Estados Unidos, Rusia y Europa oriental.

Otro elemento que no se puede descartar es el Reino Unido, un país que históricamente ha mantenido una posición ambigua con respecto a Europa. Aunque es uno de sus miembros fundadores, las reticencias de Londres vienen de antiguo, del principio, y entre las situaciones en que se transmiten figura el hecho de que nunca aceptó la moneda única.

En la citada reunión de Budapest de 2017, el micrófono indiscreto reveló unas palabras mediante las que Netanyahu denunciaba que la UE era la única entidad que condicionaba su ayuda tecnológica a Israel a “consideraciones políticas”. El primer ministro añadía que ni siquiera Rusia, China o la India hacían eso. “Es una locura, puesto que va contra los intereses de Europa”, sentenciaba Netanyahu.

Esa fue la primera visita de un primer ministro de Israel a Hungría desde que las relaciones entre los dos países se reanudaron. Netanyahu era el huésped de honor de los cuatro países europeos del grupo denominado V-4 que se esfuerzan en llevar el ultranacionalismo a Bruselas. En el último año, Israel ha estrechado aún más las relaciones con el grupo V-4.

Analistas israelíes señalan que el objetivo de Netanyahu es claro, y consiste en atacar las posiciones básicas de la UE en temas cruciales para el estado judío, o como lo ponía el diario Haaretz, “erosionar el consenso entre los miembros de la UE con respecto a las cuestiones palestina e iraní”.

El micrófono indiscreto de Budapest filtró algunas frases de Netanyahu que son muy reveladoras en esa dirección. El primer ministro pidió a sus colegas del V-4 que le ayudaran en Bruselas: “Os propongo que transmitáis un mensaje a vuestras contrapartes en Bruselas: ‘No socavéis al único país de la región que se cuida de los intereses de Europa. Dejad de atacar a Israel… Europa socava su propia seguridad cuando socava a Israel’”.

En Bruselas existe preocupación porque el grupo V-4 limita las actividades de los 28 miembros de la UE

Netanyahu regó los oídos de los líderes de Europa oriental con otras perlas como esta: “Europa tiene que decidir si quiere vivir y prosperar o desaparecer”. Viktor Orban, el primer ministro de Hungría y sus colegas europeos entendieron claramente el mensaje subliminal de Netanyahu, a saber, que Europa debe poner fin a la inmigración, especialmente a la inmigración de musulmanes.

Con la reciente visita de Orban a Israel, ha transcendido que el grupo V-4 está preparando la celebración de su próxima cumbre en Israel, aunque Israel lógicamente no es miembro del grupo V-4. Tanto Israel como el grupo V-4 creen que deben salvar a Europa de los inmigrantes, especialmente de los musulmanes, puesto que solo así Europa continuará siendo la Europa del pasado que ellos añoran. Es una tarea de gran altura mesiánica para todos ellos.

Los líderes ultranacionalistas de Hungría y Polonia principalmente, están llevando a cabo una confrontación directa con la UE, que concretamente gira en torno a la oleada de inmigrantes sirios que llegó a Alemania en 2015. Esos países de Europa oriental sostienen que el espíritu de Europa se está perdiendo y es una posición que cuenta con el apoyo de Netanyahu.

En Bruselas existe preocupación porque el grupo V-4 limita las actividades de los 28 miembros de la UE, y justamente Netanyahu está usando al grupo V-4 en esa dirección. Incluso se ha publicado en Europa del este que países del V-4 y algunos otros podrían abandonar la UE y crear su propia Unión, unas especulaciones que quieren imponer más presión sobre Bruselas.

Las indecisiones de Bruselas y su ambigüedad real con respecto al conflicto entre Israel y los palestinos es el principal defecto de la política europea en Oriente Próximo, y repercute en numerosos frentes. Mientras la UE no se decida a resolver este conflicto, los enanos le pueden crecer en cualquier parte.