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Italia Salvini, el precio de la propaganda

El líder de la Liga es un formidable propagandista, pero la comunicación no siempre lo es todo. Es más, cuando supera determinados límites morales, puede ser incluso contraproducente. Los recientes resultados electorales del jefe 'leguista', de hecho, demuestran que Salvini no es invencible.

24/01/2020 - El líder del partido de la extrema derecha de Italia, Matteo Salvini, aplaude en el escenario durante un mitin antes de las elecciones regionales en Emilia-Romagna, Italia. REUTERS / Flavio Lo Scalzo
El líder del partido de la extrema derecha de Italia, Matteo Salvini, aplaude en el escenario durante un mitin antes de las elecciones regionales en Emilia-Romagna, Italia. REUTERS / Flavio Lo Scalzo

Quando è troppo, è troppo. Con esta frase los italianos suelen afirmar que cuando se supera el límite de algo, pasa a ser inconveniente por ser excesivo: "Si es demasiado, es demasiado", viene a ser la idea en español. Es exactamente lo que le está pasando al líder de la Liga, el partido soberanista hoy hegemónico en el país con forma de bota. Su comunicación constante, permanente e incesante; sin ningún tipo de límite moral, le ha pasado factura electoralmente.

Salvini está siendo la primera víctima de su propaganda. En las recientes elecciones regionales en Emilia-Romaña, donde la izquierda gobierna desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el capitano de la Liga ha conocido, por primera vez, la derrota. Esto contradice, así pues, la idea de que su auge y éxito populista marcado por el soberanismo eran imposibles de frenar. Lo cual ha podido demostrar, al contrario de lo que se pensaba hasta el momento, que Matteo Salvini no es invencible.

El límite se llegó a alcanzar unos días antes de las elecciones en la "región roja", cuando Salvini decidió ir a la casa de un supuesto vendedor de drogas para entrar en su casa y entrevistarse con él, en el contexto de un barrio problemático de Bolonia, la capital de Emilia-Romaña. La escena que se produjo en el telefonillo, acompañado por la prensa, fue grotesca: "Disculpe ¿vive aquí un camello?", preguntó Salvini, mencionando incluso ante los medios el nombre de la persona, de origen tunecino. El jefe de la Policía de Estado italiana, Franco Gabrielli, hizo hincapié en la gravedad de una "justicia puerta a puerta" y la familia promete denunciar a Salvini. Facebook retiró el vídeo por no cunplir con las leyes de privacidad.

Salvini está siendo la primera víctima de su propaganda

Salvini se jugó todo en Emilia-Romaña porque es un símbolo. En los próximos meses el líder leguista va a hacerle la vida imposible al primer ministro Giuseppe Conte en cada cita electoral de alcance regional, pero haber ganado en la región de izquierda por antonomasia hubiera significado el auténtico principio del fin para los progresistas transalpinos. Por esta razón, Salvini ha puesto toda la carne en el asador, haciendo él mismo campaña electoral eclipsando a su candidata, Lucía Borgonzoni. El resultado es que Salvini ha querido darle una lectura nacional a las elecciones regionales en Emilia-Romaña. Y lo ha pagado caro, con la más cara de las derrotas.

"Matteo Salvini es un hombre cada vez más solo en el puesto de mando", escribía hace unos días el conocido diario transalpino La Repubblica en sus páginas. Su primera gran derrota electoral le está suponiendo al capitano de la Liga una serie de críticas dentro de sus propias filas. Entre ellas, destacan las críticas de su mano derecha, Giancarlo Giorgetti, que, según informan algunos medios de comunicación del país, en varias ocasiones en los últimos días ha informado a Salvini de haberse "equivocado" en la estrategia para determinadas campañas electorales, como en Emilia-Romaña. Según las recostrucciones de los expertos en materia, Giorgetti es quien defiende la idea de recoger el consenso de los moderados italianos de derecha, quienes antes votaban a Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi. La escena del telefonillo, dicho brevemente no es un buen camino.

Para ciertos analistas políticos italianos, como el historiador Ernesto Galli Della Loggia, el país con forma de bota es "una sociedad ideológicamente poco predispuesta a las rupturas, con cambios más o menos radicales", explica el experto. Por esta razón, "Italia es un país fundamentalmente conservador". Lo cual pone de manifiesto, según Galli Della Loggia, que los éxitos de la izquierda no hay que considerarlos como tales, sino como la consecuencia de los límites y los errores de la derecha. En este clima, así pues, se puede entender que una buena parte de los italianos confían en la coalición de izquierda hoy liderada por el premier Giuseppe Conte en cuanto representante de una moderación casi inexistente en el bloque derechista.

El éxito consolidado de Matteo Salvini como líder de la Liga llegó en marzo de 2018, momento en el que se celebraron las últimas elecciones generales en Italia. En aquella ocasión, el milanés logró para su partido el 17% de los votos, un resultado inédito para la formación verde. Con Salvini, el separatismo padano será sustituido por el nacionalismo italiano. Una fórmula que, finalmente, ha resultado ser exitosa para los leguistas ya que, una vez entrados en el Gobierno –el primero de Giuseppe Conte, no el actual– como socios minoritarios del Movimiento 5 Estrellas (M5E) –entonces liderado por Luigi Di Maio–; en menos de un año han fagocitado la mitad del electorado grillino. Por eso hoy la Liga convence a 1 de cada 3 italianos.

La cuestión que está quemando por dentro a Salvini es que no pensaba que su vuelta al poder pudiera dilatarse tanto. El pasado agosto decidió abandonar la coalición de Gobierno junto al M5E, quien luego terminó creando una nueva coalición con la izquierda del PD, creando, así pues, el segundo Ejecutivo de Giuseppe Conte. Salvini tenía claro que seguir con su propaganda desde la oposición hubiera sido más fácil, pero el tiro le ha salido por la culata, porque los actuales socios de Gobierno están encontrando en el "antisalvinismo" un auténtico modus vivendi para dar continuidad al Ejecutivo transalpino. La estocada final de Salvini para retomar el poder iba a ser Emilia-Romaña, porque, según él, una eventual crisis de Gobierno por falta de apoyo en la "región roja" habría forzado un adelantamiento electoral. Pero finalmente no pudo ser.

¿Llegará algún día Salvini a gobernar Italia? Los números, tanto de la Liga como de la coalición de derechas –que roza la mayoría absoluta–, invitan a pensar de esta manera. Una de las grandes firmas del prestigioso Corriere della Sera, Aldo Cazzullo, ofrece una concisa reflexión al respecto: "Salvini ha demostrado en más de una ocasión que no puede ser distinto a como es, así pues, un formidable propagandista, que nunca da un paso atrás", es la premisa de Cazzullo. "¿Pero se puede gobernar un gran país sometiéndolo al estrés de polémicas cotidianas 24 horas al día?". Mientras no logre sus objetivos, "siempre habrá carburante para la propaganda de Matteo Salvini". Pero la propaganda, a la vista de los hechos, no siempre lo es todo. Y puede favorecer la derrota.

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