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El primer candidato comunista de EEUU en 36 años es kurdo, queer, antifa, y combatió con españoles en Rojava

Un miliciano plantó hace tres años en Raqqa una pancarta donde se leía: "Estos maricones matan fascistas". Y ese fue Chris Helali. Su nombre ocupa el segundo lugar de la lista de antifas "terroristas" elaborada por la Seguridad americana. Compite en Vermont por un asiento en el Congreso, mientras Trump resucita el "miedo rojo".

El comunista Christopher Helali, junto a su mujer y su hijo, en su granja de Vermont.
El comunista Christopher Helali, junto a su mujer y su hijo, en su granja de Vermont.

Nos cruzamos hace tres años con Christopher Helali en Suleymania —la capital de la porción del Kurdistán de Irak que controla la familia Talabani— junto a la entrada del menos secreto de los lugares supersecretos del planeta, un acogedor hotel llamado Dolphin donde hasta no hace demasiado solían esperar los voluntarios occidentales que combatían en Rojava a recibir una llamada de las YPG, la milicia que los reclutaba. El procedimiento habitual era aguardar — a veces unos días, a menudo tres semanas— a que algún kurdo de Siria pasara a recoger al voluntario a una hora intempestiva y le ayudara a cruzar ilegalmente el río Tigris y toda la maraña fronteriza donde confluían al menos tres ejércitos: el turco, el kurdo de Barzani y las milicias del norte de Siria.

La zona entonces era enormemente peligrosa porque el Daesh estaba vivo aún y realizaba incursiones en el territorio. Y en el Dolphin se encontraban quienes iban a luchar contra el Estado Islámico en las YPG con quienes venían ya de hacerlo y tenían que aguardar a que alguien le arreglara su visado para regresar a casa, en China, Alemania o en España. De testigos solían oficiar eventualmente algunos periodistas que, a menudo, tenían que transitar las mismas sendas, solo que de la mano de algún contrabandista. Todavía quedan españoles combatiendo en Sinyar entre los kurdos y los yazidíes del YPG.

A Chris Helali le acompañaba entonces un anarquista catalán conocido en el frente por su sobrenombre kurdo de Çiwan. Helali estuvo, de hecho, en Barcelona, donde frecuentó junto a Çiwan los ambientes anarquistas donde entonces se sentía más confortable. Tanto él como su camarada habían combatido en una subunidad de anarquistas queer, conocida como Tqila, de la que el mundo entero habló cuando Ricky Martin retuiteó una foto en la que aparecían en el corazón de Raqqa –a pocos metros del agujero donde se escondía Al Bagdadí– junto a la bandera del arcoíris y una gran pancarta donde podía leerse en inglés: "Estos maricones matan fascistas" ["These faggots kill fascists"]. "¿Quién estaba detrás?", se preguntaban los anglosajones. Según revelaron el suplemento Crónica de El Mundo y el diario Público, el hombre con balaclava de la foto era Chris Helali, entonces conocido como Agit, su nom de guere kurdo.

Hace solo unos meses, ese mismo nombre volvió a salir a colación como el número 2 de una lista del Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos parcialmente filtrada a la Prensa y encabezada por Brace Belden, en la que aparecían algunos de los "peligrosos" voluntarios norteamericanos que habían combatido contra el Estado Islámico en Rojava. Obedeciendo los deseos de los turcos, Donald Trump se ha empeñado en vincular el movimiento Antifa con los kurdos de Siria y, a poder ser, conectarlo al terrorismo, para así combatirlo abiertamente, tras abandonar a sus antiguos aliados a manos de Erdogan en contra del criterio de sus propios oficiales. Es una patraña más de la que le fabrican a la carta a un presidente, con un conocimiento tan profundo del cenagal de Oriente Medio, que tras conocer a la yazidí Nadia Murad le preguntó por qué le habían dado el Nobel.

Número 2 de la lista negra Antifa

Esto es lo que ese informe cuestionado incluso por muchos liberales y conservadores dice literalmente de él. Es entre ridículo y naive: "Christopher Joseph Helali es un activista kurdo que ha trabajado durante los últimos años con el movimiento de liberación kurdo. Pasó 2016 trabajando en Grecia con refugiados en espacios anarquistas como el histórico campo de Lavrio, en las afueras de Atenas. En 2017, viajó al Kurdistán iraquí, donde pasó algún tiempo con las guerrillas del PKK, en las montañas, y después cruzó a Rojava [...]. Helali tiene numerosas fotos relacionadas con el movimiento Antifa, los comunistas y los anarquistas. Revisando las redes sociales, hemos hallado múltiples declaraciones donde dice ser anarquista, antifascista e antiimperialista y está tratando de reunirse con otros colegas socialistas y anarquistas, en múltiples países, incluida Cuba y Venezuela".

El entorno personal de Chris asume que los servicios de inteligencia de la Seguridad Interior norteamericana tuvieron que reclutar a sus mejores agentes para elaborar un informe tan detallado sobre sus supuestas actividades criminales y para documentar de un modo tan completo la comisión de delitos tan abominables como postear memes anarco-comunistas en su cuenta de Twitter o combatir en Rojava contra los yihadistas del Estado Islámico junto a las propias tropas norteamericanas. Washington se hubiese ahorrado muchos miles de dólares si se hubieran limitado a traducir varias informaciones aparecidas en nuestro país donde este kurdo-griego-americano de 32 años, nacido en Worcester (Massachusetts), hablaba por primera vez a cara descubierta de sus actividades políticas y de su papel en aquella sonada provocación queer de Raqqa que tanto enojó a los palurdos del Estado Islámico. "Este maricón luchó contra el fascismo", podía leerse sobre un pedazo de cartón junto al que se fotografió hace un par de años en algún lugar de Grecia, para dos medios españoles de comunicación.

En verdad, lo tiene todo para ser amado por la Alt-Right de su país y ser acusado de lo que, de hecho, es: un rojo subversivo, desleal y traidor al concepto de patria sobre la que se sostiene la idea tradicional de la Gran América. Es también kurdo-griego, marxista, de padre chiita iraní y queer. Ahora, además, Helali es también el primer candidato comunista en 36 años al Congreso de los Estados Unidos. Según dice, lo que se propone es resquebrajar la narrativa de los dos grandes partidos del entorno político norteamericano en medio de lo que él llama "una nueva tormenta macartista". Muchos de sus compatriotas ni siquiera saben que en América sobrevivieron a McCarthy comunistas organizados en partidos legales. El suyo (PCUSA), es una escisión producida en 2024 del CPCUSA, que fue, a su vez, la última formación que presentó una candidatura propiamente comunista en el país más visceralmente anticomunista del planeta.

"Los últimos candidatos del CPCUSA que concurrieron a unas elecciones fueron Gus Hall y Angela Davies, una famosa activista vinculada a las Panteras Negras", nos dice Chris. "También hubo algún movimiento a principios de los noventa, pero nada relevante. Los comunistas nunca han obtenido grandes parcelas de poder. Los mejores resultados se lograron en 1932, cuando William Z. Foster pasó de los 100.000 votos, que venía a ser un 0,26 por ciento de los sufragios".

Pancarta electoral del PC de USA

En la lista de los comunistas, ha habido siempre candidatos negros. Hay viejas pancartas electorales de principios del siglo XX donde se reclama, de forma literal y explícita, el voto de los "negroes", que en inglés es una forma despectiva de referirse a la población afroamericana, antes que un atributo de color. Una candidatura del Partido de los Trabajadores de América, encabezada durante los años veinte por William Foster, reclamaba igualdad de derechos y autodeterminación para las gentes del cinturón negro del área de Chicago y aledaños. Todo se torció cuando llegó McCarthy —y de su mano, la caza de brujas y supuestos traidores al servicio del oso soviético—, que es, a juicio de Chris Helali, lo más parecido que hay en la historia americana a lo que está ocurriendo nuevamente.

El nuevo miedo rojo

"Claro que hay una especie de "nuevo miedo rojo", dice Helali. "Están utilizando a a los socialistas, los comunistas y los antifascistas para vender la idea de que de que el peligro comunista ha retornado y de que vienen todos juntos de la mano. Pero no se dan cuenta de que están sembrando las semillas de su propia destrucción al apoyar un brutal sistema capitalista que está perpetrando guerras y causando horrores a la gente común del sur global y al diezmar a su propia población doméstica, especialmente a los amigos morenos, negros e indígenas. Aquí, en Estados Unidos, hay una guerra abierta contra la gente pobre, especialmente la de color, así que están tratando de levantar cortinas de humo y trasladar el discurso hacia la narrativa del miedo rojo y el "oh, Dios, nos viene encima el caos. Es justamente ese neomacartismo lo que estamos combatiendo al tratar de conseguir más conciencia política entre la gente".

En las fotos y los comentarios que nos envía Chris y que, eventualmente, está también utilizando para publicitar su candidatura al Congreso por Vermont se transluce un destello de la clase de existencia que lleva ahora como granjero, junto a su esposa y su bebé de cabellos rubios, nacido no hace mucho. Es en esa comunidad rural de América donde, según dice, está intentando trabajar a una escala más local mientras brega con el maíz y las patatas.

"Es curioso pero no hemos recibido ninguna clase de amenaza o de presiones", nos explica. "Al contrario, la gente simpatiza con nosotros y tenemos un apoyo masivo de trabajadores, granjeros e incluso de personas que no creen necesariamente en el comunismo, pero que entienden que nos estamos levantando contra las grandes corporaciones, los monopolios, la élite gobernante liberal y conservadora, la industria militar y, en general, toda la maquinaria bélica. Hemos recibido apoyo incluso de gente que vota por Donald Trump. Nos dicen que simpatizan con nosotros por el modo en que plantamos cara a los emporios empresariales. Y eso es muy esperanzador y positivo para el futuro de nuestra organización política".

¿Tienen los comunistas alguna posibilidad?

El estado de Vermont por el que se presenta Chris Helali solamente tiene un escaño en la Cámara de Representantes, de manera que necesariamente, el kurdo comunista, amigo de los españoles, tendría que arrebatárselo al demócrata Peter Welch, con quien debatió a finales del pasado mes y a quien literalmente espetó: "El capitalismo ha fallado a la clase trabajadora; ha fallado a los trabajadores y granjeros de Vermont y de todos los Estados Unidos. Lo que necesitamos es terminar con las guerras; cerrar todas las bases militares en el extranjero y nacionalizar todas las grandes industrial y apoderarnos de los medios de producción para la gente".

Vermont es también el estado al que representa Bernie Sanders en el Senado, un ex candidato presidencial demócrata que se define como socialista. Es, de hecho, uno de los estados más rojos de América, lo cual ayudaría. Claro que de ahí a sentarse en el Congreso va un largo trecho, y Helali lo sabe.

Lo verdaderamente insólito del espectáculo televisivo en el que el kurdo debatió con Welch fue ver sentado junto al resto de los candidatos a uno de los destacados miembros de esa lista del Antifa a quienes Trump tanto detesta y desearía encarcelar. Los comunistas y los anarquistas no han olvidado aún aquel tuit del presidente, del pasado 31 de mayo, en el que literalmente afirmaba que pensaba incluir a ese movimiento dentro del listado de organizaciones terroristas.

"Sabemos muy bien que la Administración americana no quiere anarquistas, socialistas ni comunistas", afirma Helali. "Pero su intento de vincular el Antifa con Rojava y designar a su gente como terroristas es un claro indicador de que nunca le importaron una mierda los kurdos de Siria. Solo se sirvió de ellos como una herramienta para poner un pie en Siria y seguir adelante con su balcanización del territorio para, de esa forma, controlar los recursos petrolíferos".

Christopher Helali, tras regresar de combatir junto a españoles, en una unidad anarquista de Rojava, fotografiado en Grecia. Ahora es el candidato comunista al Congreso por Vermont.

Sin posibilidades de ganar

A pesar de todos sus esfuerzos y los de su partido, Helali no cree que tenga "ninguna posibilidad de ganar algún poder político a través de las urnas. Se requiere un trabajo desde fuera, organización de las masas y presiones políticas. Lo que pretendemos es ganar notoriedad y poner en entredicho la narrativa dominante para que la gente no asocie anarquismo, comunismo o antifascismo a cosas que dan miedo. Queremos normalizar esas posturas políticas y que la gente que está harta del bipartidismo considere el socialismo como una alternativa seria".

Este americano no solo se identifica como marxista leninista, sino que no duda en brindar abiertamente su apoyo a los cubanos y a los venezolanos o a incorporar entre sus materiales electorales fotos de la antigua Unión Soviética. Lo lleva en los genes. Su padre era un kurdo-lur chiita de Irán y su madre, una cristiana ortodoxa, nacida en Montreal (Canadá) y con ancestros griegos. Sus abuelos y sus bisabuelos maternos combatieron en su país de origen del lado de los rojos, tanto en la Guerra Civil griega como en la Segunda Guerra Mundial. Helali es licenciado por la universidad de San Diego y obtuvo un master en marxismo por una facultad china, antes de combatir en Siria dentro de una unidad anarquista, al servicio de los kurdos de Rojava. Sorprendentemente, durante su juventud, se unió al ejército para pagarse los estudios y en 2009, recibió la Insignia de oro de las Fuerzas Armadas Alemanas por su competencia militar. También se graduó en la Escuela Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos y fue nombrado oficial del Ejército americano en 2011. ¿Alguien da más?

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