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La receta kurda

Kurdistán turco. Las elecciones municipales y la persistencia de Ankara por entrar en la UE abren nuevas expectativas

FERRAN CASAS

En un bar de desayunos dentro de las murallas de Diyarbakir unos hombres llegados de Mardin, al sur, comentan preocupados la agobiante situación social un 70% de paro asedia al Kurdistán, la zona más pobre de Turquía y no olvidan las secuelas personales de años de represión con miles de muertos. Pero pese a lamentar la "asimilación" de muchos de los suyos a la identidad y lengua turca, tampoco son ajenos al "rearme político" de su causa.

Las últimas elecciones municipales en Turquía, que ganó el islamista AKP, no sólo han consolidado al nacionalismo como primera fuerza en el Kurdistán sino que, además, se han desarrollado con cierta normalidad. Antes de que las urnas se abrieran el 29 de marzo hubo detenciones y algún incidente destacable como intentos de boicot o compra de votos. Poca cosa si se compara con los graves disturbios y groseras irregularidades de años atrás en un país como Turquía, aún lejano a los estándares de las democracias europeas con las que el primer ministro Recep Tayyip Erdogan (AKP) aspira a codearse.

Ese incipiente cambio de tornas o normalización política si se quiere arriesgar a llamarle así se constató en el multitudinario Newroz que días antes, el 21 de marzo, se celebró en Diyarbakir. En un ambiente festivo, que combinó el míting, el picnic familiar y el festival, en la capital se citaron más de medio millón de entusiastas.

El movimiento kurdo, articulado desde 2005 en torno al aún legal Partido de la Sociedad Democrática (DTP), lleva meses lanzando un mensaje de "solución del conflicto" a una Turquía que asegura recorrer su eterno camino a la democracia que Erdogan ve como la ocasión de zafarse de la tutela del omnipresente ejército. La receta kurda es tan simple de explicar como compleja de cocinar: reformar la Constitución para hacer de Turquía un estado democrático y plural.

Hace tres semanas el líder del DTP, Ahmet Türk, pudo contárselo en persona a Barack Obama. Pero medidas como la detención de 70 dirigentes de su partido pocos días atrás por su supuesta ligazón con la guerrilla del PKK amenazan con volver a los jugadores a la casilla de salida. Los nacionalistas se apresuraron a recordar que, de hecho, el gobierno y los militares presentaron el avance del DTP como "una amenaza a la seguridad nacional".

En el Newroz, el DTP no tuvo el menor celo en esconder la proscrita bandera kurda o evidenciar su simpatía por el PKK, replegado en Irak y que días antes de las 70 detenciones anunció una tregua hasta junio. No parece que su alto el fuego vaya a acabar con las regulares operaciones contra sus bases del ejército turco, el segundo de la OTAN y con una presencia aún agobiante en la zona. En las húmedas campas de Diyarbakir, Turk pidió el voto para los suyos como una muestra de respeto a "30 años de lucha del PKK", incluido en las listas internacionales de organizaciones terroristas.

Más allá de discursos para movilizar al personal, los líderes del izquierdista y laico DTP evidenciaron que la independencia no es ahora la prioridad. Privados de cualquier reconocimiento político o cultural, quieren edificar su autogobierno por fases. La histórica Leyla Zana, premio Sájarov del Parlamento Europeo, recuerda que en la constitución "sólo cabe la identidad turca". Por eso ante los suyos puso la carga en pedir reformas democráticas en un estado "que algún día deberá aceptarnos como lo que somos, una etnia de Turquía".

A renglón seguido se leyó un mensaje de Abdullah Öcalan, líder de la guerrilla condenado a cadena perpetua. Parte de sus palabras se ahogaron entre gritos de "Apo [su apelativo cariñoso] presidente". Pidió que la identidad kurda se reconociera en los cuatro estados que los acogen (en Turquía son 15 millones), una zona económica común y cooperación transfonteriza. Es más de lo que pide el DTP.

Pero Öcalan ya publicó en 2008 Guerra y Paz en el Kurdistán. En él dice no oponerse "a la unidad del Estado" y aceptar "la República con su estructura unitaria" pero apuesta por redefinirla para dar cobijo a la realidad kurda "integrándola democráticamente en una nueva constitución", reconociendo su lengua, reformando el centralista sistema electoral y resolviendo el tema de los presos y la memoria histórica.

El centenar de alcaldes del DTP se apuntan a la "petición de diálogo político" que antes y después de las municipales hizo Türk, diputado en Ankara. Los ediles, la mayoría con causas en los tribunales por "delitos" como usar el kurdo prohibido en la esfera pública pese a que el Estado sí sufraga un folklórico canal de la televisión pública en esta lengua, expanden la estrategia. La alcaldesa de Dersim (Tunceli en turco), un "santuario rojo" en los montes Munzur y donde los alevíes son mayoría, Edibe Sahin, coincide con su compañero del distrito de Sur en Diyarbakir, Abdullah Demirbash, en que descentralizar sólo es factible a partir de los ayuntamientos y en que la reforma debe ser "municipalista". La fuerza del DTP está en las urbes, donde fueron a parar decenas de miles de desplazados de los pueblos cuando el ejército los arrasó para acabar con las "madrigueras" del PKK.

Las tensas relaciones entre el AKP, que a punto estuvo de ser ilegalizado por los militares por islamista, y el ejército pueden ser el acicate que democratice un país que Erdogan y los kurdos quieren en la UE. Para percatarse de ello hay que oír a los dirigentes locales del AKP, que en su día prometió una política pro-kurda.

Sin despojarse del nacionalismo turco y el orgullo otomano Haci Ketenalp admite que Europa, "donde no queremos que nos digan qué hacer", ayudaría a "resolver el tema del ejército". El alcalde de Bingol, donde se erigen nuevas mezquitas y que es la única capital kurda del AKP, explicita el deseo de "reescribir desde cero una constitución que fue redactada por los militares".

Pero por ahora se resiste a ver en el DTP y su 6% de voto estatal un aliado. Más bien lo hecha de menos en la procastrense izquierda oficial turca, el CHP. Él considera que los kurdos ya reciben un trato justo pero podría ir más allá "siempre que no se amenace la unidad del Estado".

Es, con muy pocos matices, lo que opina Ahmed Sikret, el altivo presidente del AKP en Diyarbakir: "Contamos con la minoría kurda y habrá que ver puntos de encuentro si hay un proceso para asegurar un poder civil", afirma citando los avances para reconocer la realidad kurda, que ve lejana a los postulados del DTP.

Si los militares no lo frustran, los movimientos en el tablero kurdo, clave en el medio oriente, pueden dar un respiro a la nación sin estado más importante del planeta y, de paso, legitimar el anhelo turco de acercarse a Europa.

 

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