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Sahara Espejismos de guerra en el Sáhara

El Frente Polisario quiere llamar la atención de la ONU mediante un mensaje institucional más agresivo respecto a otros años. La voz del pueblo saharaui busca una reacción política y diplomática y así evitar que las armas recuperen el protagonismo.

Un hombre mira la bandera de la República Saharaui en Tifariti. JOSE CARMONA

jose carmona

Cada verano, a las afueras de los campamentos saharauis en Tinduf, se acumulan cadáveres de cigüeñas. Estas aves inician su migración hacia Europa para evitar el calor del desierto, pero durante el vuelo muchas se lanzan al suelo en picado y se parten el cuello. Creyeron ver agua donde en realidad había espejismos.

Ese efecto óptico que mata a las cigüeñas da esperanza a los saharauis, que también sufren de espejismos, pero de guerra. Llevan tiempo clamando por atención diplomática para renegociar la paz con Marruecos, aunque la inacción de los últimos 28 años ha provocado que se recrudezca el discurso. En algún momento de todas las historias, las amenazas traspasan su propia ficción y se convierten en cruda realidad.

“El plan de paz de 1991 está estancado. No admitiremos más dilación ni más aplazamientos”. Con estas palabras, Brahim Gali, secretario general del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), reiteraba durante el XV Congreso Nacional una idea habitual en las declaraciones saharauis. Exigen a la ONU una mediación eficaz o regresarán a las armas contra su vecino y enemigo.

No es nuevo que el Frente amenace con un ultimátum, aunque Gali quiso dejar claro que habrá que “replantear su compromiso hacia el proceso de paz”, un matiz que confirma el malestar generalizado con Europa. “Nos planteamos hacer uso de todos los medios a nuestro alcance para imponer nuestras legítimas aspiraciones a la independencia”, arguyó desde Tifariti, localidad del Sáhara Occidental controlada por el Polisario.

Amenaza y disuasión

La tensión de las palabras del presidente contrasta con la precaución de aquellos representantes que hablan donde su pueblo no puede escucharlos. Frente a los micrófonos encendidos instan a la guerra para hacer ver que no todo está perdido, aunque una vez apagados no quieren ni pensar en combatir contra Marruecos.

Fuentes de una delegación del partido desdicen al presidente y aseguran que no están en condiciones de batallar, ya que primero habría que ejecutar un plan que alimente de armas y hombres su Ejército. Cualquier otra cosa sería un K.O en el primer asalto.“Estamos cansados del estancamiento, pero no quiere decir que vayamos tomar acciones militares”, matiza a Público el ministro del RASD para la relación con las naciones de África, Handi Meyara. El político ve el discurso de Gail, beligerante e impaciente, como una respuesta a la actitud de los dirigentes marroquíes.

El Ejército saharaui desfila por Tifariti. JOSE CARMONA

“Marruecos es rebelde a la ONU y a su Consejo. Es rebelde frente a la legalidad. Sentimos que somos la víctima silenciosa de las potencias europeas, sobre todo de España y Francia, que protegen a Marruecos y es inaceptable”, asegura el ministro.

La "mentira" de Borrell

El Congreso Polisario estaba condicionado por la rueda de prensa de Josep Borrell, que alertó de amenaza terrorista, lo que provocó que algunas organizaciones no mandaran representantes al evento. “Es una mentira gorda de Borrell y de su entorno. Puede que los intereses personales de algunos hayan sido prioriatarios”, declara desde Tifariti.

La guerra es una opción cada vez más real para una generación que ha vivido en la precariedad y el olvido, pero lejos de la violencia militar. “La guerra nunca es una opción querida, pero estamos obligados a coger este camino si es para defender nuestros derechos”, declara Meyara, que no puede evitar entristecer su mirada al pensar que la generación más culta, viajada y preparada de la historia de su país pueda acabar atrincherada en el frente de batalla.

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