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Brexit Theresa May intentará renegociar el acuerdo del brexit con Bruselas

La primera ministra británica explica ante la Cámara de los Comunes por qué ha tomado la decisión de retrasar la votación final prevista para el martes. Bruselas responde que no hay ninguna intención de volver a tratar este asunto.

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La primera ministra británica, Theresa May. - REUTERS

Lleva semanas repitiendo lo mismo a diestro y siniestro: "Este es el mejor acuerdo posible". Pero llegado el momento de la votación y viendo que no por mucho repetir la frase había conseguido convencer a los suficientes miembros del Parlamento, Theresa May ha decidido retrasar la votación del brexit "para intentar conseguir un acuerdo mejor". Una contradicción que tiene ahora mismo a Reino Unido sumido en su mayor caos político de los últimos tiempos.

"Después de tres días de debate he escuchado con mucha atención lo que se ha dicho", ha afirmado la primera ministra británica este lunes ante las risas de muchos miembros de la Cámara de los Comunes. "Hay un amplio apoyo hacia muchos aspectos del trato. Pero también hay oposición. Si la votación se lleva a cabo, se perdería por un gran margen. Así que la votación será retrasada", ha declarado.

Dirigiéndose a los miembros de la oposición ha señalado que un segundo referendum "sólo servirá para dividir nuevamente a este país cuando, como Cámara, deberíamos esforzarnos por volver a unirlo”. El plan de Theresa May, según ha dicho ella misma, pasa por por volver a Bruselas y reunirse con los responsable de la UE para transmitirles las preocupaciones de los diputados ─especialmente en torno a la cuestión de la frontera de Irlanda del Norte─ e intentar conseguir unas condiciones más favorables para Reino Unido y para su propio futuro.

Pretende hacerlo antes de la reunión de este jueves del Consejo Europeo. Sin embargo, nada conocerse que la votación en Londres se retrasa, en Bruselas les ha faltado tiempo para insistir en lo que ya dijeron hace unas semanas: que ellos no van a volver a negociar sobre este tema: "Nos ha llevado un año y medio conseguir llegar a un acuerdo y los 28 miembros lo han respaldado. No hay posibilidad de que volvamos a negociar este tema".

Cuando la laborista Hilary Benn le ha comentado esta cuestión y le ha preguntado directamente a May si tiene el compromiso de algún miembro de la UE de que va a poder producirse esa nueva negociación, la premier ha esquivado la pregunta. Tras ella, ha tomado la palabra el líder del partido laborista, Jeremy Corbyin, que ha insistido en que espera que no vuelva a presentar el mismo pacto porque "este es un mal acuerdo para este país, para la democracia y este país merece un acuerdo mejor. Si no puede garantizar que vaya a poder negociar un nuevo acuerdo, debería irse". Y le ha dejado claro a May un punto que parece que ella no había tenido en cuenta: “Si vuelve a Bruselas a retomar las negociaciones, necesita el consentimiento de esta Cámara".

El anuncio del retraso de la votación se ha producido después de unas últimas horas de movimientos desesperados por parte de Theresa May. Tras haber pasado el fin de semana colgada al teléfono hablando con otros miembros de su partido, este mismo lunes por la mañana ha convocado de urgencia a su gabinete en una llamada telefónica en grupo para anunciarles que le había resultado imposible convencer a los más de 100 tories decididos a votar en contra y para advertirles de que “los riesgos (de seguir adelante) iban a ser demasiado grandes". En realidad una derrota con esas cifras sería mucho más; sería catastrófica.

De momento, los socios de gobierno de May del partido unionista de Irlanda del Norte, el DUP, ya han mostrado su malestar ante esta decisión. En un mensaje de Twitter, Arlene Foster, la cabeza del partido en Westminster, comentaba: "Acabo de terminar una llamada con la primera ministra. Mi mensaje ha sido claro, se acabó el respaldo. Se ha perdido demasiado tiempo. Necesita un acuerdo mejor. Estoy decepcionada de que la primera ministra haya tardado tanto en escuchar".

Desde las filas de los laboristas, el siguiente paso podría ser activar una moción de no confianza sobre May en la que podrían llegar a conseguir el apoyo de suficientes miembros del partido conservador y de los socios de gobierno de la primera ministra. De momento, la primera ministra de Escocía, Nicola Sturgeon, ya ha anunciado que en caso de una moción, su partido votaría para retirarle la confianza a May.

Lo que pueda pasar a partir de ahora es completamente imprevisible. Por eso, de momento, la oposición laborista para lo que sí que esta presionando es para que se mantenga la última sesión de debate prevista para este martes y que ahí el gobierno aclara la situación y los siguientes pasos.

Con un nuevo texto o con el mismo, Westminster tiene que votar el acuerdo de salida. La propia May ha dicho ante la Cámara que, de momento, esa nueva votación no tiene fecha. Pero si quiere mantener inamovible su idea de abandonar la UE el 29 de marzo, el día límite es el próximo 21 de enero. Lo que los contrarios a este acuerdo temen ─tanto partidarios como detractores del brexit─ es que May apure hasta ese último día para que ya no haya más opciones entre las que elegir su acuerdo o ningún acuerdo.

Y si alguien cree que esto podría acabar con un “aquí no ha pasado nada y seguimos en la UE”, dejar claro que esa no es una opción para el gobierno de May. Este lunes por la mañana el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) les ha echado un lazo y ha reconocido el derecho de Reino Unido de poder dar marcha atrás unilateralmente a la salida de la UE. En cuestión de minutos, desde el gobierno se apresuraban a dejar claro que esta importante decisión no significaba nada para ellos porque bajo ningún concepto esa es una opción que tengan sobre la mesa.

En todo este movimiento hay otros dos elementos que no pueden dejar de considerarse: algunos parlamentarios creen que ésta podría se la gota que acabe colmando el vaso de la población y empecemos a ver un movimiento ciudadano en las calles. La otra cuestión son las consecuencias inevitables que esta decisión ya está provocando, como que nada más conocerse el retraso de la votación, la libra ha caído a sus niveles más bajos de los últimos 20 meses.

Por si no tenía suficiente, los partidarios del brexit también se le están echando encima a Theresa May y reclaman que no haya una marcha atrás. Muchos de ellos se han concentrado frente a la sede de Westminster a la hora de la comparecencia de la primera ministra para dejarse ver.