Dime qué comes de niño y te diré cómo llegas a viejo
Una guía editada por el Consejo General de Enfermería advierte que la mala nutrición durante las primeras etapas del ciclo de vida puede suponer daños irreversibles en el desarrollo del cerebro

La calidad de la dieta en la infancia marcará nuestra salud hasta la vejez. Al final somos lo que comemos desde que nacemos. La alimentación que seguimos durante nuestro cliclo de vida determinará el tipo de calidad de vida a la que llegaremos superados los 60 o 70 años.
Los mayores de hoy son objetivamente más jóvenes que generaciones anteriores. Aunque son muchos los factores que influyen en la calidad de vida del envejecimiento, lo cierto es que la alimentación es vital a la hora de cumplir años con salud.
La revista Nature Medicine se hace eco de una investigación de EEUU que demuestra que una dieta rica en frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos, legumbres y productos lácteos bajos en grasa se asocia a una mejor salud física y mental en la vejez. Sin embargo, una mayor ingesta de grasas trans, sodio, bebidas azucaradas y carnes rojas o procesadas, conlleva a peor salud y riesgo de enfermedades graves.
El 45% de las defunciones de niños en el mundo se asocia a la desnutrición según la Organización Mundial de la Salud. La alimentación es tan vital en los primeros años de vida como para asegurarnos un envejecimiento saludable. Así lo explica la nueva guía editada por el Consejo General de Enfermería.
Según los expertos que han trabajado en esta guía, una mala alimentación durante las primeras etapas del ciclo de vida puede suponer daños irreversibles en el crecimiento físico y el desarrollo del cerebro que se encuentra en un proceso de crecimiento rápido.
La obesidad infantil es uno de los principales problemas de salud pública a nivel internacional y se asocia, junto con el sobrepeso, con numerosos problemas de salud, tanto en la infancia como en la edad adulta y en la vejez.
La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología insiste, en un informe sobre Mitos y realidades de la alimentación, sobre la importancia de la dieta en las personas mayores y destaca que la soledad, la discapacidad, la pérdida de visión y las enfermedades, junto a la polimedicación, son factores de riesgo para la malnutrición como consecuencia de los malos hábitos alimentarios que pueden adoptar los ancianos con más deterioro físico o congnitivo.
Así, dietas monótonas, a expensas de conservas, dulcería o bollería, dificultad de acceso a los alimentos y a su elaboración, problemas de inapetencia, dificultades en la absorción de nutrientes aceleran el envejecimiento.
Consejo de dieta para mayores
Desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología aconsejan que una dieta equilibrada para mayores debe contener cuatro comidas al día tomando menores cantidades de alimentos en cada una y procurando especialmente que las cenas sean menos copiosas.
Se recomienda un consumo de proteínas de 1-1,25 g/kg. de peso y día. Las proteínas deben tener un equilibrio entre las de origen animal (carnes, pescados, lácteos y huevos), o de alto valor bioló- gico por el aporte de aminoácidos esenciales para el organismo, y las de origen vegetal, siendo lo óptimo un reparto en torno al 50% entre ellas.
Los hidratos de carbono deben de aportar un 50-60% de la energía total consumida, principal- mente a partir de hidratos de carbono complejos, que se encuentran mayoritariamente en cereales, algunas verduras y hortalizas, frutas y leguminosas. Reducir el aporte de hidratos de carbono simples por debajo del 10%.
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