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Historia de una cuchara

Este es un relato de memoria, del regalo que Gonzalo Pozo, padre de la poeta Luz Pozo Garza, veterinario de profesión preso al inicio del golpe de Estado del 36, les hizo al matrimonio formado por Daniel Varela y María Piñeiro, una prueba de amistad y fidelidad a las ideas que compartían narrada por el nieto de la pareja.

sencilla cuchara de madera, humilde y pequeña de tamaño, pero grande e intensa de emoción humana.
Sencilla cuchara de madera, humilde y pequeña de tamaño, pero grande e intensa de emoción humana. LUZES

Gonzalo Pozo Pozo y Daniel Varela Varela se conocieron a comienzos de la primera década del siglo XX, siendo estudiantes en la antigua Escuela de Veterinaria de Santiago. La amistad entre aquellos dos chicos durará toda la vida. Al finalizar sus estudios, en 1909, planean montar en la ciudad de Lugo, de donde era natural Daniel Varela, una clínica veterinaria al estilo de la que mantenían, desde unos años antes, Jesús Carballo Lameiro y su cuñado Juan Rof Codina. Y hasta parece que llegaron a ponerla en marcha, si bien por poco tiempo, pues en 1910 Daniel Varela le compra a Rof Codina su parte, pasando a ser copropietario, con Jesús Carballo, de la Gran Clínica Veterinaria, sita en la Ronda de la Muralla. A su vez, Gonzalo Pozo se instalará como veterinario en Erice de Iza (Navarra) y después en Ribadeo y Viveiro, donde será veterinario municipal hasta 1936. Durante la II República, Pozo militará en formaciones políticas republicanas liberales.

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Retrato de familia de Daniel Varela y María Piñeiro cn sus hijos, Daniel y Marisa, en 1922.
Retrato de familia de Daniel Varela y María Piñeiro cn sus hijos, Daniel y Marisa, en 1922. LUZES

Al poco de producirse el golpe de estado fascista de 18 de julio lo detienen en Viveiro y lo trasladan a la cárcel de Lugo. Es a partir de aquí donde se gesta la historia de esta cuchara. La conmoción vivida por la sociedad lucense es total. Gentes de uno y otra manera de pensar, unos más que otros, viven momentos de enorme desconcierto y sufrimiento. Para el matrimonio formado por Daniel Varela y María Piñeiro, mis abuelos, el encarcelamiento del querido compañero y amigo es una situación difícil de mantener. Daniel acude a la cárcel para llevarle a su viejo colega las cosas más necesarias: lecturas, ropas de abrigo y la abundante y rica comida que la magnífica cocinera que era María Piñeiro hacía con especial esmero y cariño, mucho cariño.

Quienes tuvimos la gran suerte de conocer a María sabemos de la extraordinaria bondad y honda sensibilidad que poseía. Gonzalo Pozo, hombre bueno y buen amigo, sabía bien el sufrimiento que su encierro le estaba causando a la mujer de su amigo Daniel. Al llegar el 15 de agosto, la fecha era propicia para, de un lado, felicitar la María por su onomástica y mostrar el agradecimiento por las atenciones recibidas en tan duras circunstancias y, al mismo tiempo y en la medida del posible, intentar desdramatizar frente a su amiga los ratos ciertamente duros e inciertos que estaba viviendo el veterinario mariñán.

La cuchara es una hermosa pieza artesana
La cuchara es una hermosa pieza artesana. LUZES

¿Qué cosa, que regalo puede ofrecer una persona encarcelada? Las posibilidades eran pequeñas, pero no imposibles. Gonzalo Pozo estuvo días pensando de que manera agasajarla. La decisión estaba tomada. Será con una sencilla cuchara de madera, humilde y pequeña de tamaño, pero grande e intensa de emoción humana, sin olvidar una evidente carga ideológica. Todo un ejemplo de fidelidad y coherencia, tanto a la amistad, como a las ideas de las que era víctima y por las que estaba viviendo en aquella insálubre y abarrotada celda.

La cuchara es una hermosa pieza artesana. La hija de Gonzalo, la poeta Luz Pozo Garza, fallecida en abril del 2020, dudaba de que fuera su padre el artífice material de esta joya pues, según ella, no era una persona especialmente habilidosa con las manos. Es una lástima que con el paso del tiempo, especialmente las dos últimas décadas, desaparecieron la ornamentación, figuras y tintas de colores, y el pequeño texto de la dedicatoria. El mango estaba decorado con un buda, muy del gusto orientalista de aquellos tiempos, pintado con colores azules, rosas y rojos. En la parte cóncava aparece representada, alegóricamente, la República encarcelada: una mujer desnuda con el gorro frigio y a su alrededor el texto Cárcel de Lugo. Agosto 1936. Por la cara convexa, tres presos en su celda, vestidos con los típicos trajes de rayas, aparecen tocando su respectivo instrumento, a modo de una fanfarria, en clara oposición a los tristes momentos que se estaban viviendo. Arriba, la dedicatoria: «A Da. María Piñeiro en él día de hoy, XV de Agosto VIII de 1936. G. P.».

La cuchara estuvo desde aquel día hasta el último de mi abuela colocada en el mismo sitio, en el lugar principal de la casa, en la sala de estar del piso segundo, número cinco, de la Rúa de la Reina, hogar de la familia Varela Piñeiro. Se entenderá, pues, cómo esta cuchara representa, indisolublemente, las dos memorias, la desafortunada y dramática histórica del régimen franquista y la de la memoria sentimental de varias generaciones de una familia.

Gonzalo Pozo
Gonzalo Pozo. LUZES

Breve inciso sobre lo paradójico e incierto de la vida

Unos pocos días después de que Gonzalo Pozo le dedicara la María Piñeiro aquella valiosa cuchara, en un momento en que el veterinario mariñán no sabía cual iba a ser su futuro vital –quizás el fusilamiento en la tapia del cementerio de aquella ciudad de Lugo–, a no mucha distancia de la cárcel que habitaba su amigo Daniel, que disfrutaba de la libertad, acabaría siendo una víctima más en aquellos primeros tiempos del gran drama que acababa de empezar. Durante el trasladado al cementerio municipal del cadáver de un amigo de Daniel, cuando la comitiva fúnebre pasaba por el fondo de la Plaza Mayor, un pobre loco, inocente e inofensivo, de todos conocidos por esta naturaleza, al pasar el féretro a su lado, irguió el puño y chilló "¡Viva Rusia, viva el comunismo!". Lo que dicho por otra persona, en aquel especial contexto, sería tomado como una provocación, expresado por aquel loquito local no debería tener como respuesta, a lo sumo, más que una ligera reprobación.

No fue entendido así por un patriota falangista, quien cogiendo al pobre hombre a la fuerza lo metió en el portal de una casa [en la que vivía, nuevas ironías de la vida, el poeta autor de Cunetas, Luis Pimentel]. Detras de ellos, e intuyendo lo que iba o podía pasar, se metió mi abuelo, acompañado por su hijo adolescente, mi padre. De pronto, el grosero sacó una pistola. Daniel se interpuso entre el facineroso y el indefenso pobre hombre, mientras le decía al primero que ya llegaba con un entierro por aquel día y que había terminado ya aquella horrorosa situación. El falangista hizo oídos sordos y empujándolo con violencia, lo sacó del medio y descargó el arma homicida, dejando sin vida en medio en un charco de sangre a aquel hombre, sin duda una de las primeras personas asesinadas en la ciudad de Lugo.

Retrato de Daniel Varela Varela (1915)
Retrato de Daniel Varela Varela (1915). LUZES

El impacto emocional que Daniel Varela sufrió fue de tal envergadura que no pudo llegar al cementerio. Fueron su hijo y unos amigos quien lo llevaron hasta el Círculo de las Artes para que allí pudiera calmarse tras tan duro trance. Pero el golpe había sido demasiado fuerte para su endeble corazón. Pasados unos días, Daniel murió fulminado por un ataque cardíaco en su casa de la calle de la Reina. Sin saberlo, él había sido otra víctima del conflicto civil que España estaba inaugurando y cuyas secuelas iban a durar tanto tiempo. Su amigo Gonzalo Pozo, preso a quinientos metros de los hechos relatados, vivía agobiado por su más que posible muerte. Felizmente, él llegaría a vivir muchos años más.