Cuando el tratamiento (y el trato) cambian si la paciente es mujer
El sesgo de género en la investigación y en la atención médica se salda con peor calidad de vida para las pacientes de muchas patologías que son más prevalentes en mujeres y otras que evolucionan de distinta manera que en varones.

Madrid-
La Constitución Española dice que todas las personas son iguales ante la ley. Al mismo tiempo, la constitución fisiológica de hombres y mujeres no es igual. La diferenciación genética que empieza en el útero materno se extiende al aparato reproductor, el sistema endocrino -esas hormonas que orquestan las funciones del organismo-, ligado estrechamente al sistema inmune, e incluso el sistema cardiovascular.
Lo malo es que, muchas veces, ni la igualdad de derechos ni las diferencias biológicas se tienen en cuenta en la investigación científica o en la atención médica. Es una conclusión a la que han llegado estudios en las últimas décadas en todas las disciplinas de la salud, y está apoyada por la experiencia directa de asociaciones de pacientes.
Corazón: ellas mueren más
Un caso paradigmático podría ser la enfermedad cardiovascular. Es más frecuente en hombres, pero, sin embargo, tiene peor pronóstico y mayor mortalidad en pacientes femeninas, tanto que es la primera causa de muerte en mujeres, según datos del INE. Pero siguen sin recibir un tratamiento ajustado a su sexo.
Desde la década de 1990, se sabe que la cardiopatía isquémica evoluciona de forma distinta en hombres y mujeres, pero, "a pesar de toda la literatura publicada hasta la fecha, aún no ha sido asumida ni interiorizada por los profesionales de la salud. La enfermedad cardiovascular sigue siendo considerada "una enfermedad de hombres", señala un informe realizado en 2022 con la base de datos clínicos de atención primaria del Sistema Nacional de Salud español.
Como afirma este mismo estudio, "la evidencia en la que se basan todas las actuaciones médicas se ha venido obteniendo a partir de ensayos clínicos con participantes varones. Esta circunstancia limita claramente la validez externa sobre la población femenina de estos estudios".
Esta realidad quedó en evidencia con un artículo publicado en Nature hace unas semanas, donde se refleja que el tratamiento farmacológico habitualmente recetado tras un infarto --betabloqueantes-- funciona con los hombres, pero en mujeres puede ser más perjudicial que beneficioso. Si el médico no sabe esto, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de la paciente.
Sesgos desde el laboratorio
Pero este caso no es único. Son muchas las enfermedades y disciplinas médicas donde los sesgos de género campan a sus anchas. Y todo empieza en la fase de investigación. Por un lado, cuando los sujetos de estudio son en su mayoría varones, los resultados serán aplicables en su mayoría a pacientes masculinos.
Por otro, da la casualidad de que las dolencias que afectan más a mujeres son las menos estudiadas en los laboratorios. La encefalomielitis miálgica (EC/SFC), la fibromialgia, la migraña o la sensibilidad química múltiple son algunos ejemplos. Los pacientes son mujeres en el 90%, 90%, 80% y 92% de los casos, respectivamente.
También caracterizada por el dolor y la inflamación crónica, la endometriosis es la enfermedad ginecológica con más prevalencia -la padecen el 10% de las mujeres-. A pesar de ello, "apenas está estudiada, si la comparamos con las dolencias urológicas masculinas", denuncia Soledad Domenech, presidenta de ADAEC.
"El dolor asociado a causas femeninas, como la regla, está absolutamente despreciado. Tiene un rasgo de género muy alto", corrobora por su parte Ana López, ginecóloga en la Unidad de Endometriosis del Hospital La Paz.
Diferente respuesta inflamatoria
Las diferencias en el sistema inmune y la respuesta inflamatoria de ambos sexos están en la raíz de esa mayor prevalencia de ciertas enfermedades en mujeres.
Es lo que ha pasado recientemente con la covid persistente -un 70% de los pacientes son mujeres- y las secuelas graves por las vacunas anticovid -el 80 % de los afectados en las asociaciones AVC19 y ATEAVA son féminas-. Ya en 2021 las mujeres reportaban el 80% de los efectos adversos por las vacunas contra la covid, cuyos ensayos habían obviado la variable sexo, tal y como denunció en su día Público.
Para colmo, los síntomas de ambas patologías son, en cierta forma, invisibles al ojo -cansancio extremo, alteraciones cognitivas, dolor- y conectan con los prejuicios culturales sobre la mujer.
El dolor crónico, otro gran caballo de batalla
Un 30,5% de los afectados por dolor crónico en España son mujeres. Sin embargo, son menos tenidas en cuenta en las consultas. "Se les psicologiza más su dolor, reciben menos analgésicos o antiinflamatorios y se da por sentado que son más capaces de autocuidarse que el hombre", señala a Público la anestesióloga María Madariaga, presidenta de la Sociedad Española del Dolor.
Así, un informe de 2024 de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) reconoce que, en las consultas, se tiende a subestimar el dolor de una mujer en comparación con el de un hombre, a pesar de que sus quejas y necesidades sean similares. En la misma línea, cada vez más investigaciones demuestran que las mujeres con mayor frecuencia deben luchar para que su dolor sea considerado legítimo en el contexto de las consultas clínicas.
Invisibles y silenciadas
Tienen todas las papeletas, además, para ser invisibilizadas por la cultura androcéntrica y patriarcal, ya que sus síntomas encajan perfectamente en el estereotipo patriarcal de la mujer "histérica", "exagerada", "que se queja por quejarse", "que se imagina cosas". Es una etiqueta muchas veces interiorizada por las propias afectadas, que se autosilencian y asumen su dolor como algo inevitable.
Las enfermedades que son invisibles para muchos profesionales, "pueden hacerte pensar que el problema está en ti o en tu cabeza, como algún médico ya te ha dicho a lo largo de los años", cuenta la psicóloga Sara Herrera, refiriéndose a la endometriosis severa que ella misma padece.
Como parte del paquete, las dolencias mencionadas también son más ignoradas por los sistemas públicos de salud de todo el mundo, las peor estudiadas en la carrera de Medicina, las menos conocidas por los propios médicos y han sido, hasta ahora al menos, las menos investigadas en los laboratorios.
Prejuicios inconscientes
"Los médicos también tenemos un sesgo de género cultural que nos afecta en nuestras valoraciones médicas y decisiones clínicas, que siempre son subjetivas. Es algo inconsciente e inevitable", admite Madariaga.
En su opinión, afrontar este problema "requiere de un cambio cultural, de conocimiento y aceptación social empezando por los propios profesionales de la salud. Es un proceso progresivo y lento".
El dilema del huevo o la gallina
Si las enfermedades con mayor prevalencia en mujeres no protagonizan estudios de investigación en salud y si las pacientes tienen que luchar más que sus iguales varones para que se reconozcan sus síntomas, ¿tendrá que ver con lo difícil que es para las investigadoras y las doctoras en Medicina abrirse paso más allá del techo de cristal en laboratorios y hospitales?
El 70% de los profesionales sanitarios son mujeres, pero solo el 30% ocupa puestos directivos, tal y como señaló Eva Serrano Clavero, vicepresidenta primera de la Cámara de Comercio de Madrid, durante el V Foro Mujer y Liderazgo en Sanidad celebrado el año pasado.


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