Público
Público

La violencia machista alentada por Vox con sus ataques a Irene Montero contamina las instituciones

Expertos consultados por 'Público' analizan las causas de los constantes insultos sufridos por la ministra de Igualdad y reclaman que "el respeto por el rival político debe estar por encima de todo". 

La ministra de Igualdad, Irene Montero, en la última sesión de debate de los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso, este jueves 24 de noviembre de 2022.
La ministra de Igualdad, Irene Montero, en la última sesión de debate de los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso, este jueves 24 de noviembre de 2022. Chema Moya / EFE

Irene Montero lleva soportando insultos y descalificaciones personales desde que asumió el ministerio de Igualdad. A cada paso dado para ampliar los derechos de las mujeres, a cada norma nueva promovida desde su departamento, nuevos ataques. Esta semana se han elevado hasta cotas intolerables en medio del debate enfangado por la perversa interpretación que se está haciendo de la ley del solo sí es sí.

Al bulo difundido por las derechas de que el Gobierno está dejando en la calle a violadores y pederastas se han unido los ataques hacia la vida personal de la ministra. "Está donde está porque le ha fecundado el macho alfa", profería en el Ayuntamiento de Zaragoza la concejala de Cs, Carmen Herrarte. Argumento barriobajero que también usaba este miércoles en el Congreso la diputada de Vox Carla Toscano: "Su único mérito ha sido estudiar en profundidad a Pablo Iglesias". Lejos de rebajar el tono, este jueves la ultraderecha continuaba su acoso y derribo.

Las líneas rojas que se están cruzando son ya incontables. Desde que accedió a la primera línea, políticos y políticas de Vox, PP y Cs la han tildado de "infantil", "inútil", "inmadura", "humillada", "inferior", "débil", "víctima"... Groserías, todas ellas alejadas del debate político. El objetivo es claro: hacer el mayor daño posible. Pero la divergencia hacia las políticas de un determinado ministerio no debería desembocar en un ataque a la persona que ostenta el máximo cargo.

Lo que subyace en toda esta campaña es que la violencia machista campa a sus anchas en las instituciones de un estado que se presupone democrático. Así lo expuso este miércoles la propia Montero, casi entre lágrimas, al pedir a Alfonso Rodríguez de Celis, presidente del Congreso en ese momento, que mantuviera en el diario de sesiones los insultos hacia su persona para que quedara patente la "violencia política que se está ejerciendo en este momento en la sede de la soberanía popular".

El respaldo a Montero tras lo acontecido en el Congreso ha sido mayoritario y ha reforzado la unión del bloque progresista frente a la extrema derecha. Hasta el propio presidente del Gobierno reprobaba que la violencia machista se apoderara del Congreso: "Estamos juntos contra la violencia machista. Negarla es una forma de ejercerla. Subirla a la tribuna del Congreso es cruzar una línea intolerable".

Marisa Soleto: "Desde hace décadas, las mujeres que en diferentes instituciones se ocupan de las políticas de igualdad suelen ser diana de ataques en España"

Una violencia institucionalizada que no es nueva ni se limita a nuestro país. "Desde hace décadas, las mujeres que en diferentes instituciones se ocupan de las políticas de igualdad suelen ser diana de ataques en España. Le ha pasado a todas y cada una de las ministras de Igualdad que hemos tenido, que han sufrido ataques machistas, porque se ha cuestionado su competencia y su capacidad", explica a Público Marisa Soleto, presidenta de la Fundación Mujeres.

Hay que recordar que ya fueron vilipendiadas en su día Bibiana Aído, ministra de Igualdad durante dos años durante la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero. O Leire Pajín, exministra de Sanidad. Especial repulsión provocaron las palabras del entonces alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, cuando dijo de Leire Pajín que "cuando le veo esa cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir".

"El machismo imperante en las instituciones viene de lejos, solo hay que recordar cómo machacaron en su día a la ministra Bibiana Aído o a Leire Pajín. Siempre es la ridiculización de las mujeres jugando a que son mujeres", sostiene también Miguel Lorente, profesor de la Universidad de Granada y exdelegado del Gobierno para la Violencia de Género.

Miguel Lorente: "Las instituciones forman parte de la cultura machista"

Lorente considera que "las instituciones forman parte de la cultura machista" que sigue instalada en nuestra sociedad. Esa normalización de actitudes machistas en las instituciones, ahora el profesor, se da porque "el machismo forma parte de una cuestión que se considera como menor porque está enraizado con una serie de consideraciones que se hacen en el ámbito privado y que se toman como normales. Lo que se le dijo a Irene Montero en el Congreso se repite a diario en ámbitos privados. Por eso, ni sorprende tanto y ni genera tanto rechazo porque forma parte de lo habitual en otros contextos".

Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, evita considerar que "la violencia machista esté generalizada en todas las instituciones" pero recalca que "determinadas formaciones políticas sí practican la falta de respeto y consideración personal utilizando ataques machistas para descalificar a las mujeres que están ejerciendo una función legítima, como ministra como Irene Montero, como diputada o como responsable del área que corresponde".

Yolanda Besteiro: "La oposición al avance en los derechos de las mujeres viene habitualmente desde terrenos conservadores"

Efectivamente, la violencia machista se ejerce habitualmente desde un espectro del arco parlamentario. "La oposición al avance en los derechos de las mujeres viene habitualmente desde terrenos conservadores y es muy relevante la posición que la ultraderecha, que está presente ya en muchas instituciones del Estado, está tomando al respecto. Hay gente que está haciendo gala de este tipo de ataques, produciendo un daño social muy importante", asegura Soleto, sobre el peligro que representa el poder político de un partido como Vox que niega la violencia machista.

Besteiro tiene claro que en el caso de Montero "se han pasado todas las líneas rojas. El respeto por el rival político debe estar por encima de todo. Cuando no se coincide en las ideas debe argumentarse y cada uno exponer sus posiciones pero siempre respetando al rival político y nunca traspasando ciertas líneas que desprestigian a la propia persona que emite el insulto y también desacredita a toda la institución".

El PP se pone de perfil con la violencia de Vox

Los ataques han sido lanzados por Vox pero la posición del PP está siendo de absoluta complacencia al respecto. Ni algún que otro tuit de Cuca Gamarra maquilla la complicidad de los populares con la violencia ejercida por la ultraderecha hacia las mujeres. Postura de beneplácito hacia postulados con los que hace tan solo unos años eran contrarios que le están permitiendo al PP mantener cotas de poder gracias al apoyo de Vox.

Lorente considera que "un error de la política en general es que no se trabaja por hacer sociedad y país sino por ostentar el poder. Hoy la política busca más el poder en sí mismo que el poder para servir. Entiendo que el PP quiera tener el poder para desarrollar su modelo de sociedad, que es legítimo, pero si priorizas tener el poder a desarrollar tu modelo político te estás engañando y estás engañando a la sociedad". Y recuerda un ejemplo clarificador: "El PP votó en su día la ley contra la violencia de género, que se aprobó por unanimidad, y lo que no puede hacer ahora, porque es incoherente, es pactar con quien niega esa violencia".

Soleto también reprocha esta actitud del PP: "Quienes están pactando con la ultraderecha o a quienes les parece que este tipo de discursos no son lo suficientemente graves como para no encontrar acuerdos políticos son corresponsables".

Mujeres contra mujeres

Llama la atención que los ataques de esta semana a Irene Montero hayan salido, precisamente, de boca de dos mujeres. Mujeres asumiendo el machismo para atacar a mujeres. Un método que, aunque pueda parecer contra natura, no lo es tanto.

Yolanda Besteiro: "Utilizar a mujeres para atacar a otras mujeres no es exclusivo de nuestro tiempo"

"Utilizar a mujeres para atacar a otras mujeres no es exclusivo de nuestro tiempo. Con eso se logra un doble objetivo: desacreditar a todas las mujeres en general y disfrazar el discurso machista y patriarcal. Por ejemplo, hay que recordar el debate que se produjo en su tiempo entre Clara Campoamor y Victoria Kent por el derecho al voto de las mujeres, una a favor y la otra en contra. Es una práctica que usa el patriarcado para enfrentarnos a unas mujeres con otras", recuerda Besteiro.

Tibieza de la Mesa del Congreso

Lo acontecido en el Congreso también ha puesto en entredicho el papel de quién debe velar para que los límites del debate no se traspasen. En este caso, las miradas se han girado hacia la Mesa del Congreso.

Ya hemos comentado antes que el socialista Alfonso Rodríguez de Celis ocupaba la presidencia de la Cámara Baja ante la ausencia de Meritxell Batet. Tras lo sucedido, solo pidió a la diputada Toscano retirar del diario de sesiones su falta de respeto. Montero pidió que no se retirara. Al final, lo que sí se retiró fue la alusión de la ministra al asegurar que "les vamos a parar los pies a esta banda de fascistas con más derechos".

Pese a que desde que Vox irrumpió en el Congreso ha llenado de barro cualquier debate, la actuación de la mesa del Congreso nunca ha ido más allá de llamadas al orden o a la reflexión y reprimendas a pesar de que muchos grupos le han pedido ser tajantes y no ponerse de perfil.

"Aquellos que moderan el debate, en este caso la presidencia de la cámara, deben corregir y evitar que estas situaciones se produzcan"

Una pasividad que solo fomenta perpetuar estas actitudes machistas. Sin embargo, en otras cuestiones sí se muestra mucho más contundente, como cuando se critica a la monarquía, como ha sucedido este jueves con el diputado Jaume Asens. "Me cuesta creer que las instituciones no tengan mecanismos para reaccionar frente a estos tipos de ataques que se producen de forma habitual entre representantes públicos", se sorprende Soleto.

Besteiro conmina a que "aquellos que moderan el debate, en este caso la presidencia de la cámara, deben corregir y evitar que estas situaciones se produzcan. Y utilizar con todo el rigor los reglamentos que regulan el funcionamiento de las cámaras para reconducir el debate y evitar que se produzca ese efecto que desacredita a las instituciones y que provoca una sensación de desafecto de la ciudadanía hacia la máxima institución de la soberanía popular, como es el Congreso".