Opinión
Peleítas o el meollo

Por Marta Nebot
Periodista
Muchos han visto campaña en la petición de Yolanda Díaz de reunir a la Comisión de Seguimiento del Pacto de Coalición que gobierna este país. Es cierto que primero declaró seria que tenían que reunirse “urgente” para aclarar asuntos importantes y, después, que estaba convencida de que llegarían a un acuerdo. Más allá de los gestos, ha llegado el momento de ponerse serio, de marcar las diferencias, de tirar del carro de este Gobierno hacia la izquierda aunque sea conjugando el verbo sumar. “Sumar”, el nuevo lema de la plataforma de Díaz recién estrenada, tiene todo el sentido, pero corre el peligro de perderlo si implica no poner el foco en todo lo que falta.
El último punto de fricción público en la coalición ha sido la subida del gasto militar hasta el 2% del PIB, con el consiguiente crédito de 1.000 millones de euros en un momento económico complejo –por decirlo suave–.
La cuestión no creo que sea si se puede evitar o no ese gasto, primero, por la situación europea y, después, porque eso depende de la parte del Gobierno que no controla Unidas Podemos.
Lo importante, lo crucial –me atrevería a decir– es si, además, de eso –y de los derechos humanos en Melilla, con los que pasa tres cuartos de lo mismo porque dependen del lado socialista del Gobierno–, la parte de Unidas Podemos del Consejo de Ministros enfoca a las grandes asignaturas pendientes de esta coalición, que empiezan a parecer –más que pendientes– suspendidas.
Por ejemplo, en el acuerdo de coalición se comprometieron a bajar la lista de espera de la dependencia en un 75%. Desde que llegó Pedro Sánchez a Moncloa la lista de espera de quienes tienen concedida esta prestación pero no la cobran ha bajado en casi 100.000 personas. Sin embargo, sigue habiendo 200.000 dependientes esperando. El Gobierno más progresista de la historia no puede permitirse estos incumplimientos, que se traducen en el engorde del mundo al revés en el que estamos viviendo. La izquierda debería ser la primera interesada en que el mundo ideológico se ponga algo más derecho. Me explico: la última encuesta de 40db refleja que, entre los que no llegan a final de mes o llegan justos, el PP es en estos momentos la opción mayoritaria. En ambas categorías, tienen más intención de votar a Vox que a Unidas Podemos y, entre los más apurados, hay casi empate en intención de voto a socialistas y a ultraderecha. Es lo que tienen las medidas a medias: defraudan a los que no les llegan y se buscan otra sitio en el que poner sus esperanzas en forma de votos.
Y hay muchos otros ejemplos. El Ingreso Mínimo Vital está prácticamente vetado para los menores de 30 años. De los casi seis millones y medio de jóvenes de 18 a 35 años, solo el 15% ha conseguido irse de casa y empezar una vida independiente. El salario medio juvenil está por debajo del salario mínimo y, con los precios del alquiler, independizarse hoy es sencillamente imposible. Tenemos la cifra más baja de emancipación juvenil de los últimos 20 años. El Consejo de la Juventud calcula que hay millones de jóvenes esperando el bono de 200 euros al mes por dos años para facilitar el alquiler juvenil que este Gobierno ha aprobado. Pues bien, solo está previsto para poco más de 50.000 jóvenes de entre millones que lo están esperando.
Volviendo al barómetro de julio, el voto de los que consiguen ahorrar está casi empatado entre PSOE y PP. El de los que están peor y votan es el que está en liza. Así que tiene todo el sentido ese tira y afloja en el Consejo de Ministros entre gobernar más para las clases medias o para las más bajas. Al PSOE hoy lo votarían más los más acomodados, pero tanto a ellos como a los morados les está ganando la derecha entre todo lo que está por debajo.
La cuestión es que, por una vez, dadas las circunstancias de empobrecimiento general, de inflación galopante, más la subida de tipos de interés inminente, todo indica que esta vez van a decidir los que peor lo estén pasando, que van a ser muchos, y que habrá que convencer al resto de que lo justo es arrimar más el hombro hacia ese lado. Y si la izquierda no lo hace o no hace la pedagogía que lo explique, si no espabila ni convence de que es capaz de generar cambios profundos, sencillamente los suyos le van a dar los votos a otros.
Ilusionar es parte de la solución, movilizar es imprescindible, pero para eso hay que proponer mejoras concretas y palpables, cambios reales e ir todos a una. No se puede ilusionar sobre un futuro mejor si el presente dice que es mentira.
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