Opinión
Cómo apostatar, sin éxito, de una compañía de servicios telefónicos
Por Manolo Saco
En mi empresa estamos viviendo estos días una historia que no sé si se parece más a un cuento de intriga o a uno de terror. Uno de mis socios es de esos tipos que creen compulsivamente en la bondad innata de la humanidad, y por extensión, en la veracidad de la publicidad. Nosotros, como todo el mundo, estamos descontentos por principio con nuestro proveedor de línea ADSL (las líneas éstas son como los políticos, te prometen una gran velocidad en gestionar tus asuntos, y cuando más los necesitas, se cuelgan), artilugio que cuando te falta tienes una parecida sensación de vacío a como cuando pierdes a tu madre, el DNI, la Visa o el permiso de conducir.
Caímos en la trampa de darnos de baja en una compañía, sin red de seguridad, y darnos de alta en otra que ofrecía una velocidad de conexión mayor, en un plazo brevísimo de 24 horas. Para el que no ande bien de cuentas le recuerdo que 24 horas completan exactamente un día. Pasado ese día, un interminable día con la empresa al ralentí, reclamamos nuestra línea. Pero he aquí que una señorita con voz de contestador automático nos devolvía a la cruda realidad: que no es cierto que la humanidad tenga una bondad innata, que la publicidad miente más que los políticos, y, lo que es peor, que no contáramos con la línea ADSL hasta dentro de 15 días. Quisimos volvernos atrás, echarnos en los brazos misericordiosos de nuestro antiguo proveedor (al fin y al cabo no funcionaba tan mal, sólo corría exactamente a la mitad de la velocidad contratada, una minucia), pero otra señorita, también con esa encantadora voz de contestador automático que no sé dónde coño se aprende, nos dijo fríamente: “¡Ah, se siente!, ahora deberán esperar 15 días hasta que tengamos otra línea”.
¿Venganza? ¿Existe una conspiración universal de los proveedores de voz gangosa contra la especie humana? ¿Viven en realidad, sin nosotros saberlo, del negocio de robar a miles de clientes diarios la menudencia de 15 días de contrato en tierra de nadie?
Como alguien ha dicho, los trámites para desengancharte de una empresa de telefonía son más complicados que darte de baja en la Iglesia católica. Unos y otros, cuando amarran a un cliente, no lo sueltan fácilmente, porque la apostasía es el cáncer de su negocio.