Opinión
Change, exchange, cambio... climático
Por Manolo Saco
Es el momento de los patriotas. González Pons, uno de los más destacados representantes de la política-gracieta puesta de moda para esta temporada por el PP, ha terciado en la polémica de la reunión de noviembre convocada por Bush, en la que se ha excluido a España. ¿A España? No es justo. En palabras de González Pons, nuestro país debería estar representado... siempre y cuando no sea Zapatero quien asista a la convocatoria.
La reunión para estudiar nuevas técnicas para apagar el fuego está convocada por el pirómano jefe, el más incendiario, torpe, inútil y dañino que haya sufrido el Imperio en toda su historia, al que su forma infantil de entender la política le va a impedir conocer de primera mano el testimonio del representante del único país que ha demostrado tener la receta para controlar las entidades financieras que desataron la crisis.
En medio de la polémica, un amigo español de Bush habló. Es como un oráculo, el más cabal ejemplo de como convertir una aparente necedad en una necedad indudable. Cuando me preguntaron ¿has oído lo de Aznar?, un viejo mecanismo mental funcionó en mí como un resorte, como cuando el cómico Eugenio (q.e.p.d.) preguntaba, arrastrando las palabras, aquello de ¿y saben aquel que díu...? Antes de que me cuenten lo de Aznar ya me parto de risa.
Efectivamente, el patriota insufrible no había empleado su auctoritas e influencia a terciar ante el exquisito cadáver político de su “amigo”, sino para meterse en otro jardín, el del cambio climático. Él no abriga ninguna duda sobre el nivel intelectual de George W. Bush, pero duda de que “los abanderados del Apocalipsis climático” tengan razón.
Ya sé, ya sé lo que vais a decirme. La auctoritas de Aznar sobre ese asunto es la misma que avala sus teorías sobre la historia de los moros en España y el nacimiento real de Al Qaeda. Lo que ocurre es que el empleado de Murdoch parece haberse alineado con Berlusconi para aparcar la lucha contra el cambio climático por el bien del sistema productivo, “un problema que quizá, o quizá no, tengan nuestros tataranietos”. Yo que, como mucha gente, tenía hasta ahora alguna duda sobre la envergadura del cambio climático, al fin lo tengo claro: si Aznar duda, a mí ya no me cabe la menor duda.
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Meditación para hoy:
El gobierno, desde el ministerio de Asuntos Exteriores, está forzando la máquina ante la moribunda administración Bush para que se le haga un hueco a España en la cumbre de Washington. Y como toda ayuda es poca, el ministro de Industria Miguel Sebastián, que sabe mucho de macroeconomía pero que no tiene ni puta idea de economizar palabras (en política a veces hay que ser tacaño con lo que se habla) echó una manita a los negociadores españoles desde China, donde está de visita. Para calmar al mercado chino, tan inquieto o más que el nuestro por el alcance de la crisis, les recordó que ya queda poco para que soplen vientos de bonanza. Tranquilos: “Ya solamente quedan 13 días de Bush, y 13 días pasan rápido”.
Creo que Moratinos está encantado con Sebastián. Con Sebastián y con la madre que lo parió.