Opinión
Cuando los empleados también cuentan
Por Vicente Clavero
Iberdrola está dispuesta a exprimir sus posibilidades para hacer frente a un más que previsible asalto acaudillado por ACS. Junto a la búsqueda de grandes inversores capaces de fortalecer el núcleo duro de la compañía, IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN ha llamado a rebato a sus directivos y mandos intermedios. Entre todos controlan ahora en torno al 0,6% del capital, porcentaje que podría crecer si aceptan cobrar en acciones la retribución variable correspondiente a 2007, como les ha sugerido su presidente.
La oferta, que no es nueva en Iberdrola, recuerda a la que JAIME BOTÍN hizo recientemente a los empleados de Bankinter, al darles la opción de ejecutar por adelantado las obligaciones convertibles que estaban en sus manos. Con ese movimiento, pretendía consolidar su posición ante Crédit Agricole, que se coló de rondón en el banco a finales de año mediante la compra de la participación que tenía el multimillonario indio RAMCHAND BHAVNANI.
En ambos casos (el de Iberdrola y el de Bankinter), el objetivo es idéntico: despertar el temor de los trabajadores a un cambio de propiedad que probablemente rompa su statu quo y ponerlos de parte de los actuales gestores, garantes en última instancia de la continuidad, por contraposición a las incertidumbres de lo desconocido.
Sánchez Galán juega con ventaja en su propuesta de pagar la retribución variable en acciones porque, además, con la perspectiva de una opa (de la francesa EdF) o incluso de dos (si la alemana E.ON entra en danza), lo normal es que los títulos de Iberdrola se revaloricen, con lo cual, se mire por donde se mire, para los directivos y mandos intermedios el negocio sería redondo.
Su aportación al núcleo duro, no obstante, tendría un alcance limitado, pero en una tesitura como la que atraviesa la segunda eléctrica española resulta útil todo lo que suma. Cuando una guerra es larga nunca sobran los refuerzos, y ésta tiene pinta de serlo porque, de momento, ni siquiera se han desatado en serio las hostilidades, habida cuenta de que España está a menos de un mes de celebrar elecciones generales.
Unas elecciones muy reñidas, según todos los indicios, cuyo ganador seguramente necesitará el apoyo del nacionalismo vasco, que no va a tragarse sin más la pérdida de un símbolo de la edad de oro de su industria como es Iberdrola.
El empeño de Sánchez Galán por aumentar el núcleo duro obedece a la necesidad de mantener bajo control una porción del capital suficiente para evitar que sean levantados los blindajes antiopa previstos en los estatutos. El punto clave de esos blindajes es que nadie, cualquiera que sea su participación, puede ejercer derechos de voto superiores al 10% del total, una norma introducida al conocerse hace tiempo las intenciones de FLORENTINO PÉREZ respecto a Iberdrola.
Algunos de los actuales componentes del círculo de confianza del presidente de la compañía han ido arañando últimamente nuevos títulos en el mercado. Tal es el caso, por ejemplo, de Unicaja, Caja Castilla y León, Caja Duero y Caja Murcia. Por el contrario, ALICIA KOPLOWITZ, que está en Iberdrola a través de Omega Capital, ha reducido su posición aprovechando la reciente
El propio Sánchez Galán, cuando la cotización tocó suelo el pasado 23 de enero, compró 120.000 acciones, que le costaron algo más de un millón de euros. Es titular ya de un 0,044% del capital social de la eléctrica. Sin embargo, hay otros miembros del consejo de administración con un porcentaje mayor. Uno de los vicepresidentes, JUAN LUIS ARREGUI, tiene el 2,083%, valorado a precio actual en casi 1.100 millones.