Opinión
El esplendor de la verdad
Por Ciencias
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI
* Escritor y matemático
La belleza es verdad, la verdad belleza: eso es todo lo que sabemos y todo lo que necesitamos saber”, dice Keats en su Oda a una urna griega. Y Platón, en el Fedro, pone en boca de Sócrates las siguientes palabras: “Cuando alguien percibe la belleza de este mundo y evoca la belleza verdadera [la del mundo de las ideas], su espíritu adquiere alas y ansía volar... De todos los tipos de entusiasmo, esta cuarta especie de delirio es la más magnífica en sus causas y efectos”. Para Platón, la verdadera belleza es la belleza verdadera, valga el juego de palabras, es decir, la belleza veritativa, la que nos revela la verdad, la que se funde y confunde con ella. Una belleza-verdad que, a partir de Pitágoras, algunos identifican con la abstracción matemática. “Sólo Euclides ha contemplado la belleza desnuda”, dice la poeta estadounidense Edna St. Vincent Millay.
Pero no solo los poetas y los filósofos han sido deslumbrados por el binomio verdad-belleza. En una de sus famosas discusiones con Einstein, dice Heisenberg: “Si la naturaleza nos lleva hacia formas matemáticas de gran simplicidad y belleza
–y por formas me refiero a sistemas coherentes de hipótesis, axiomas, etc.–, formas que nadie ha visto previamente, no podemos dejar de pensar que son verdad, que revelan una característica genuina de la naturaleza... Seguro que tú también has percibido la estremecedora simplicidad y plenitud de las relaciones que de pronto la naturaleza despliega ante nosotros y para las que no estábamos en absoluto preparados”. Seguro que sí: Einstein manifestó en más de una ocasión este mismo asombro ante la simplicidad y la belleza de las formas matemáticas que explican el mundo. Y su amigo Gödel, máximo exponente de los matemáticos denominados “idealistas”, estaba convencido de que los teoremas no se inventan, sino que se descubren, igual que se descubre la composición química de una substancia.
Con el vertiginoso desarrollo de la informática, estamos asistiendo a una progresiva matematización del conocimiento (que a su vez propicia dicho desarrollo). Y algunos investigadores están aplicando la enorme potencia de cálculo y la capacidad modelizadora de los ordenadores actuales al estudio de las armonías descubiertas por Pitágoras o expresadas por el li de los filósofos orientales, como animados por la vieja sentencia latina Pulchritudo splendor veritatis. No sabemos si los matemáticos encontrarán la fórmula de la belleza. Pero, si la encuentran, sin duda será una bella fórmula.