Opinión
Orgullo del candidato
Por Varios Autores
COLOFONOSCOPIO// TONINO
Como a los padres de esta patria unida que es España, como a los Munster o los Addams, me encanta la familia. Tanto que no le daría un vulgar ministerio sino, como Napoleón, todas las riendas de Europa. Dicen que la palabra nepotismo viene del griego nepos, sobrino. En la Edad Media los obispos se ocuparon de que sus sobrinos accedieran a altos cargos y en la república romana fue famoso por su ineptitud militar Metelo Escipión, colocado como general por su suegro, el emperador Pompeyo.
Casualidades: Pompeyo da su nombre a la barcelonesa Pompeu Fabra, seria institución que comparte apellido –sin comerlo ni beberlo– con Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón, heredero de la estirpe consistorial desde su abuelo, y cuya hija Andrea está colocada como segunda en las próximas listas del Congreso mientras su puesto de senadora sería para un presunto imputado por presuntos jaleos urbanísticos. Barcelonés no, pero sí Barceló, es el apellido del senador Miguel Barceló, el político más longevo después de Fraga con 84 años, suegro de Zaplana, cuyo suplente –para las elecciones– sería su propio nieto, Agustín Almodóvar, hijo de Ángela Barceló, diputada en cortes.
La familia forma curiosos clanes genéticos infinitos e interconectados. El amor familiar –y quizá el hecho de que ser diputado ralentiza cualquier proceso judicial hasta conseguir que la acusación prescriba– forma lazos que los desinformados jamás podrán romper.