Opinión
Todo es posible en Valencia
Por Jesús Maraña
El 15 de abril venía de ala para el presidente valenciano, Francisco Camps. Lo peor no fue quedarse bloqueado en Bruselas por culpa de las cenizas de un volcán islandés. Ese percance sólo estropea el acto que hoy tenía previsto junto al presidente de Murcia para seguir ordeñando políticamente el conflicto del agua con Castilla-La Mancha. La fatalidad fue que el Tribunal Supremo decidiera tramitar los recursos presentados contra el archivo de la investigación sobre los trajes regalados por la trama Gürtel. Camps confiaba en que el asunto pasara judicialmente a mejor vida. Mientras las encuestas confirmen (y así lo hacen) la mayoría absoluta en la comunidad valenciana, a Camps le importa poco que salgan a la luz indicios claros de financiación irregular del PP. Le molestan mucho más esos detalles bochornosos sobre los regalitos que le enviaba El Bigotes, al propio Camps y a familiares de distinto grado.
Quizás para echar una mano a su jefe y evitarle el foco mediático, Rita Barberá anunció ayer mismo que gastará 60 millones de euros de los bolsillos de todos los valencianos en la compra de casas de El Cabanyal, a la espera de que un día (por lejano que sea) el Tribunal Constitucional autorice la demolición del barrio. Aunque suene a broma, ese dinero saldrá, según la alcaldesa, del Plan Confianza de la Generalitat para combatir la crisis mediante obras municipales. Camps no gasta en trajes, pero sí en casas que Barberá promete destruir.