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¿Volverá Europa a ver
un "cielo estrellado"?

Hay una Grecia de gente amable, solidaria, comprometida que ayer tuvo por unas horas en sus manos los mandos de Europa

Abrazos y celebración por todo lo alto tras la victoria de Syriza. - CLEMENTE BERNAD

Cerca del barrio ateniense de La Plaka hay un rastrillo de antigüedades especialmente transitado los domingos. Caminando hacia la carpa que ha colocado Syriza en el centro de la ciudad, se ve que Atenas es uno de los mayores museos urbanos del mundo. El grafiti ateniense puebla kilómetros y kilómetros de paredes, como si los jóvenes quisieran maquillar la ciudad para gritar que lo que quieren es “tunear” su realidad.

El domingo bastantes bares ofrecen música griega al aire libre. En el centro no se aprecia nada que recuerde que se están celebrando unas elecciones generales; ni carteles de partidos, ni colegios electorales, que parecen estar algo apartados de los alrededores de la plaza Omonia, donde el jueves Tsipras celebró su gran mitin ateniense.

En el interior de un restaurante una familia celebra una comida de cumpleaños. Un hombre orquesta interpreta música griega y algunos de los asistentes bailan en círculo, cogidos de las manos. Cuatro personas se detienen ante el escaparate del establecimiento y contemplan la escena cuando una mujer sonriente les hace una seña y los invita a pasar, pero sólo uno de ellos entra, pide permiso señalando la cámara de fotos y cuando le dicen que sí, retrata el momento sin que nadie se inmute.

Celebración familiar durante el domingo de votación.

Hay una Grecia de gente amable, solidaria, comprometida que ayer tuvo por unas horas en sus manos los mandos de Europa. Hay una gente en Europa a la que el sistema no le permite alcanzar el poder político y que trabaja y vive con honradez, sin pisotear a nadie, sin abusar del otro. Si uno leyera los tuits que lanzaba desde Atenas el articulista Herman Tertsch pensaría que con la victoria de Tsipras se acercaba el apocalipsis, pero era llamativa la tranquilidad de la celebración, como lo es en esta mañana de resaca electoral.

En la carpa colocada por Syriza en una céntrica plaza comienza a concentrarse gente a primera hora de la tarde. Alguien intenta comprar camisetas, pegatinas o banderas de Syriza pero la respuesta es que no venden nada. Mucha gente ha venido de fuera para unirse al pueblo griego y pronunciar la palabra esperanza en distintos idiomas. Italianos, alemanes, españoles, daneses… son muchos los europeos que han querido asistir al que podría ser el parto de una nueva Europa.

Tsipras se dirige a sus seguidores tras ganar las elecciones. - CLEMENTE BERNAD
A la espera del resultado de las votaciones. - CLEMENTE BERNAD
Seguidores de Syriza aguardan los datos. - CLEMENTE BERNAD
Votantes de Syriza en el centro de Atenas. - CLEMENTE BERNAD
Un Tsipras sonriente se dirige a dar su primer discurso como ganador de las elecciones. - CLEMENTE BERNAD
El líder de Syriza, en la tribuna. - CLEMENTE BERNAD
Dos personas se abrazan tras la victoria de Syriza. - CLEMENTE BERNAD

Cuando los resultados avanzan y van confirmando la victoria de Syriza, el interior de la carpa se va convierte en unas fiesta. Se ha formado un círculo en el que la gente baila, se emociona. Empieza a sonar una canción y poco a poco todos los asistentes griegos comienzan a corearla. Es una música que produce una emoción especial. Alrededor del círculo central se ven rostros recorridos por lágrimas mientras las voces corean con fuerza: "Pote tha kanei, pote tha kanei".

Mientras la cantan se produce un momento mágico, como el 'Grándola vila morena' de un pueblo que se pone en marcha, que no está dispuesto a renunciar a su dignidad. Algo que se multiplica al saber que esa canción de origen cretense fue un símbolo de la resistencia contra la ocupación de la Alemania nazi y hoy lo es contra la ocupación financiera de los bancos germanos. Su letra habla de un tiempo que deja a madres sin hijos, a mujeres sin marido, en el que hay que luchar para volver a ver las estrellas en un cielo despejado.

Un cartel de Tsipras en el centro de Atenas. 

La crisis ha dejado muchas madres sin hijos e hijos sin padres o madres. En estos días en Atenas varios interlocutores han hablado de la ocultación que hace el Gobierno heleno de las cifras de suicidios, que en los últimos años se han multiplicado como consecuencia de las duras políticas aplicadas por los troikanos. La vida se ha hecho insoportable para un pueblo en el que se han polarizado el miedo y la esperanza.

Hay en el aire una sensación de que está ocurriendo algo muy importante. La mayoría del pueblo griego le acaba de entregar a Tsipras la posibilidad de girar el timón de la Unión Europea. Mucha gente ha comentado su miedo a que caiga en el pragmatismo, en las redes de otros intereses pero ya hay que decir que ha ocurrido algo importante.

La izquierda europea ha vivido desde la caída del muro de Berlín un importante proceso de falta de respuesta. Pero la victoria de Syriza, esa esperanza políglota que ha llegado a Atenas para festejar su resultado electoral, puede ser el primer soplido de un viento que aparte las nubes para que el continente vuelva a ver un cielo estrellado.

*Emilio Silva es sociólogo y periodista
Fotografías de Clemente Bernad: visite su web

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