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Buchenwald, el reino del horror nazi que hoy visitan estudiantes para "reconocer síntomas en su propia sociedad"

El campo de concentración alemán en el que murieron 56.000 personas acoge actualmente un memorial que realiza tareas pedagógicas para dar a conocer el holocausto y prevenir "rebrotes" de ideología nacionalsocialista. 

Prisioneros de Buchenwald
Prisioneros del campo de concentración de Buchenwald. MEMORIAL DE BUCHENWALD

Pamela Castillo, una investigadora de origen chileno que trabaja en el  área pedagógica del memorial del campo de concentración alemán de Buchenwald, tiene grabado lo que un día le contó un sobreviviente que había pasado por ese centro de exterminio cuando apenas era un niño. Ya de mayor, aquel hombre había combinado los estudios de Física con psicoterapia. "En el marco de una charla –recuerda Castillo–, le pregunté por qué había estudiado psicoterapia, tan diferente a la Física. 'Para curarme yo mismo', me respondió".

Buchenwald es uno de esos sitios que la historia recoge como sinónimo de horror y holocausto. De asesinatos en masa. De pesadillas que persiguieron para siempre a quienes lograron salir vivos de aquel infierno. "A cada uno lo que se merece", sentenciaba el lema grabado en la puerta de hierro que daba la particular bienvenida a los prisioneros. Un lema que hoy sigue visible a la entrada del recinto como símbolo de una crueldad inimaginable. 

Las cifras reflejan la dimensión de ese siniestro lugar: a lo largo de sus ocho años de funcionamiento, por allí pasaron pasaron aproximadamente 280.000 personas, de las cuales 56.000 murieron allí dentro. Esos números fueron expuestos por Castillo durante una conferencia organizada esta semana por el Centro Sefarad-Israel de Madrid en el marco de los actos organizados por el mes del holocausto.

"A lo largo de los ocho años de Buchenwald hubo en total unos 75.000 judíos que eran encerrados en condiciones de vida inimaginables. De esos 75.000, 12.000 murieron en este campo", señaló la investigadora.

Asimismo, entre los prisioneros de ese centro nazi hubo unos 500 españoles, de los cuales 49 murieron allí. El último sobreviviente español, Vicente García Riestra, murió en 2019 a los 94 años de edad. Su historia fue recogida por el investigador asturiano Xuan Santori en el libro "42.553. Después de Buchenwald" (Ediciones Trabe), un título que refleja precisamente el número de prisionero que llevaba García Riestra. 

Papel social

Castillo citó un ejemplo aterrador que ilustra la dimensión de lo que ocurría en ese sitio: entre 1937 y 1940 el campo carecía de crematorio, por lo que las víctimas eran llevadas a la cercana ciudad de Weimar. En aquel contexto, las autoridades locales "hicieron construir un horno extra para abastecer las necesidades de Buchenwald", señaló la investigadora.  

En 1939 se produjo la primera muerte en masa en ese campo, de forma que el número de cadáveres aumentó de forma notoria. A raíz  de ello, las SS decidieron construir un crematorio dentro del centro de exterminio. Luego, en 1942, tuvieron que ampliar su capacidad por el alto número de muertes. "Hay que tener en cuenta que Weimar cobraba a las SS para poder utilizar el crematorio", subrayó Castillo. Dicho de otra forma, "durante tres años Weimar va a ganar dinero a costa de vidas humanas".

En efecto, el papel de la cercana localidad de Weimar durante esos años y su vinculación con el campo de concentración es uno de los aspectos que recoge el área pedagógica del memorial de Buchenwald. "Este memorial también es un lugar de aprendizaje, en el que buscamos analizar la perspectiva de cómo se comporta una sociedad frente a un campo de concentración", apuntó Castillo durante la conferencia.

"Prevención de rebrotes"

Esa complicidad social con el nazismo es uno de los temas que el área pedagógica de Buchenwald busca transmitir a los visitantes, entre los que suelen encontrarse grupos de estudiantes provenientes de Catalunya. En tal sentido, entre los cometidos del memorial figura "la preservación de la memoria y la prevención de rebrotes" de ideología nacionalsocialista.

"Lo importante es que después de esta visita los jóvenes inicien proceso de reflexión que les haga ser más sensibles a su entorno. Para nosotros, la meta más importante es reconocer síntomas en su propia sociedad", subrayó Castillo.

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