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Crisis Cs Cs vive su peor fractura interna tras un seísmo político murciano que se le ha vuelto en contra

En Ciudadanos todas las crisis parecen definitivas, pero lo ocurrido esta última semana deja a la formación que dirige Inés Arrimadas en coma inducido. La presidenta 'naranja' deberá hacer cambios para contentar a sus dirigentes territoriales.

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, durante una reunión del Comité Permanente de Ciudadanos, en Madrid, (España), a 8 de marzo de 2021.
La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, durante una reunión del Comité Permanente de Ciudadanos, en Madrid, (España), a 8 de marzo de 2021. Eduardo Parra / Europa Press

En Ciudadanos todas las crisis parecen definitivas, pero lo ocurrido esta última semana deja a la formación que dirige Inés Arrimadas en coma inducido. Cs certificó su caída en desgracia tras las elecciones generales de noviembre del 2019, cuando perdió más de 2,5 millones de votos y 47 escaños. Desde entonces ha luchado por su supervivencia. El proyecto de Arrimadas ganó las primarias hace precisamente un año, en marzo de 2020, y en 368 días ha tenido que enfrentarse a una pandemia, a unas elecciones en Catalunya, a un adelanto electoral y a una moción de censura frustrada.

Tras llegar al poder, y aprovechando la coyuntura pandémica, Arrimadas hizo una enmienda a las posiciones del anterior presidente del partido, Albert Rivera, y apostó por ser un partido bisagra, diferenciado del PP, con la idea de ejercer de contrapeso, facilitando la gobernabilidad y los acuerdos. Ese fue el motivo que le llevó a pactar con el Ejecutivo de Pedro Sánchez las sucesivas prórrogas del estado de alarma y a negociar con los socialistas el proyecto de Presupuestos. Unas cuentas que finalmente salieron adelante sin sus votos.

Desde hace meses cargos con peso político dentro de la formación alertan de que el partido va por el mismo camino que UPyD, hacia la desaparición, y voces como las del valenciano Toni Cantó reclaman a Cs que se vuelva a situar en el "centroderecha". Este sector, que encuentra en Cantó a su cara más visible, creen que Cs no debe resignarse a ser la 'muleta' del bipartidismo, sino que debe aspirar a liderar uno de los bloques, el de la derecha, aunque sea mediante una fusión con el Partido Popular. Plantean endurecer su estrategia y atraer el foco mediático —emulando aquellas acciones en las que iban a quitar lazos amarillos o a visitar al expresident Carles Puigdemont a Waterloo—, con una confrontación sin cuartel a los independentistas y al Gobierno de coalición. 

El batacazo electoral en Catalunya, lugar de nacimiento de Cs, y donde la formación perdió 30 escaños y aproximadamente veinte puntos respecto a 2017, generó fuertes tensiones internas. Tras ese resultado se celebró una Ejecutiva en la que Arrimadas salió prácticamente indemne: la presidenta de Cs se negó a cesar a su número dos de facto, Carlos Cuadrado, artífice de la campaña catalana, y tampoco anunció cambios en la cúpula.

Ahora el vicesecretario de Ciudadanos vuelve a estar en el punto de mira por la moción de censura —aparentemente frustrado— en Murcia. A tenor de las fuentes consultadas, lo más probable es que dimita el próximo lunes, cuando se producirá una nueva Ejecutiva para analizar lo acontecido y Arrimadas realice cambios en la cúpula para aplacar las críticas. Si las explicaciones no convencen, el citado Cantó podría postularse para liderar Cs o, al igual que ha hecho recientemente Fran Hevías, senador y exsecretario de organización con Rivera, abandonar el partido para irse al PP.

Tres diputados tránsfugas dinamitan el plan de Cs en Murcia

El terremoto político de esta semana comenzó en Murcia, pero la explosión llegó hasta Madrid. Los naranjas registraron el miércoles una moción de censura junto al PSOE contra su socio de gobierno, el Partido Popular, tanto en el ayuntamiento como en la comunidad. Ese movimiento pilló desprevenido al resto de dirigentes territoriales de Cs.

El viernes se produjo otro giro letal para los de Arrimadas. El Partido Popular de Murcia ha logrado amarrar el apoyo de tres de los seis diputados de Ciudadanos para que la moción fracase. El presidente de la Región de Murcia cerró el apoyo de la actual vicepresidenta, Isabel Franco, la diputada Valle Miguélez y el diputado Francisco Álvarez. Los tres serán consejeros en el nuevo Ejecutivo. El acuerdo de Cs pasaba por hacer a su actual coordinadora del partido y portavoz del Ejecutivo, Ana Martínez Vidal, presidenta de la Región.

Con un Ciudadanos completamente en 'shock' tras este movimiento, el portavoz adjunto de Cs, Edmundo Bal, compareció en una rueda de prensa telemática en la que señaló que el PP no quiere socios, quiere "cómplices", y por eso tuvo que "comprar" a tres diputados para "ocultar su corrupción" y sus "prácticas mafiosas". "Esto no pasaba desde el famoso tamayazo", censuró, un término popularmente utilizado para referirse a los diputados tránsfugas de una formación, años después de que dos diputados del PSOE de la Asamblea de Madrid, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, impidieran que Rafael Simancas fuese elegido presidente de la región.

A juicio de Bal esos tres diputados tránsfugas aceptaron los "privilegios" que les ofreció el PP en forma de "dinero, cargos y poder" para que que "callen" ante el escándalo de corrupción conocido como vacunagate -cargos públicos y familiares que se han saltado el protocolo de vacunación-, que ha llevado al partido de Inés Arrimadas a romper su alianza con el PP en Murcia. "Nadie puede tener la mínima duda de que se han vendido, de que han comprado su voz, han comprado su silencio", dijo el dirigente de Cs.

Ayuso se escuda en la moción para convocar elecciones

Tras el movimiento en Murcia, el gobierno de la Comunidad de Madrid, dirigido por Isabel Díaz Ayuso, activó el botón del adelanto electoral. La coalición de gobierno, formada por PP y Cs, iba a presentar este miércoles su primer acuerdo de presupuestos —prorrogados desde hace más de dos años— con Vox. Unos presupuestos que darían cierta estabilidad a un Ejecutivo marcado por las fuertes tensiones entre Ayuso y su vicepresidente Ignacio Aguado, de Ciudadanos, que habían conseguido aplacar en los últimos meses. Pero esas cuentas nunca verán la luz.

La moción de censura en Murcia sirvió de excusa a la presidenta madrileña para justificar la convocatoria electoral. Un botón que ya amagó con activar el pasado año pero que la dirección del Partido Popular, encabezada por Pablo Casado, paralizó para no soliviantar a su socio de Gobierno. Cs tiene la llave de la gobernabilidad en Ejecutivos como Andalucía y Castilla y León, pero los de Arrimadas han repetido a lo largo de la semana que esos Gobiernos no peligran, ni si quiera después del tamayazo murciano.

La intención de la dirigente del PP es que las elecciones se conviertan en un "plebiscito" sobre su figura y, por ende, sobre el futuro de la derecha en este territorio. Cada paso de Ayuso ha estado medido por su jefe de gabinete, el todopoderoso Miguel Ángel Rodríguez. El objetivo final del que fuera 'mano derecha' del expresidente José María Aznar es encumbrar a Ayuso hasta La Moncloa en unos años; un plan que deja fuera a Casado. 

El movimiento tiene evidentes riesgos para el PP, pese a que Ayuso tiene una tendencia alcista en las encuestas, pero es completamente letal para un Ciudadanos en descomposición, que todavía no se ha recuperado de sus últimos procesos electorales. Si finalmente se celebran estas elecciones -una cuestión que se decidirá por los tribunales este fin de semana- Cs luchará por superar el 5% de los votos para lograr representación en Madrid, en plena discusión interna sobre el rumbo que debe tomar el partido.

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