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Las elecciones que sí estaban en la agenda y que Feijóo negó

Cuando Urkullu decidió mover ficha en País Vasco y proponer unas elecciones autonómicas en julio, el presidente gallego empezó a seguir sus pasos, aunque la oposición intentase cambiar su rumbo y la que parecía su meta: unas elecciones en verano y en pleno estado de alarma.

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo (c), junto a sus asesores y el portavoz del PP en el Parlamento, Pedro Puy (d), tras la reunión con los representantes de los partidos, para concretar la fecha de las próximas elecciones autonómicas, en Sant
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo (c), junto a sus asesores y el portavoz del PP en el Parlamento, Pedro Puy (d), tras la reunión con los representantes de los partidos, para concretar la fecha de las próximas elecciones autonómicas, en Santiago de Compostela. EFE/Lavandeira jr

Galicia reiniciará el proceso electoral. Ante el propósito del lehendakari vasco, Iñigo Urkullu, de convocar elecciones en julio, las alarmas sonaron en Galicia ya que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ha hecho coincidir hasta tres veces los comicios. Sin embargo, el líder del PP gallego defendió a capa y espada que su única prioridad era combatir la pandemia, pero una llamada de la vicepresidenta Carmen Calvo dándole permiso para convocar elecciones demostró su estrategia electoral, la cual perpetúa en la televisión pública ignorando el debate con la oposición y huyendo de ese “consenso” que tanto prometió.

El presidente de la Xunta había adelantado los comicios autonómicos para el 5 de abril horas después de Urkullu, según él, para evitar una “campaña larga” y “disminuir” el calendario electoral. Ese adelanto también le beneficiaría para esquivar la época de incendios en la comunidad, uno de los períodos en donde más se manifiestan los recortes del Gobierno gallego. Por el momento, el líder del PP cree que la curva del coronavirus en Galicia es “positiva” y que los informes sanitarios y jurídicos avalan y reflejan que “cuanto antes” se convoquen elecciones, existirá más seguridad sanitaria, ya que la “incertidumbre” avanzará a lo largo que transcurra el año.

Feijóo agota su mandato en septiembre y el PP cree que, de alargarlo, podría suponer un cuestionamiento de la “legitimidad” del Gobierno. La situación es muy distinta a cuando se cancelaron los comicios, ya que se disolvieron las Cortes y ya se había empezado la precampaña, irrumpiendo el estado de emergencia que obligó a establecer un decreto para cancelar las elecciones. En esa orden radicaba que la llamada a las urnas podría acordarse una vez pasase el estado de alarma -razón por la que los grupos de la oposición aún dudan de la legalidad de esta convocatoria- y a su vez “escuchados” los partidos políticos.

Sin embargo, Feijóo ha cancelado hasta tres veces la junta de portavoces reservándose su estrategia electoral con la excusa de que se activaba el Parlamento gallego donde hasta el momento funcionaba la Diputación Permanente, al que también faltó este miércoles por comparecer en la Televisión de Galicia (TVG) y en donde los grupos políticos se enteraron de la reunión de este jueves para abordar las elecciones. Los partidos de la oposición han sido los primeros en imponerse aunque se califiquen como los más “interesados” en ir a votar y terminar con la legislatura de Feijóo después de 11 años.

El presidente aspira a su cuarta mayoría absoluta y había colocado de cara abril en los puestos de salida a sus conselleiras, sin embargo, los últimos sondeos apuntaban a una pérdida de escaños, por ello una Inés Arrimadas insistente en Madrid pretendía crear una alianza bajo la marca de “Mejor Unidos”, pero el PP gallego no tuvo ni tiene pensado renunciar a las siglas que tantas alegrías le han traído a Feijóo. Como consecuencia, Ciudadanos, que apoya elecciones en julio y que no tiene representación en la Cámara gallega, se presenta por separado y de manera independiente con la candidata Beatriz Pino a la presidencia de la Xunta.

De la misma manera, esos datos demoscópicos de Electomanía tampoco daban asientos en el Parlamento al partido naranja, pero sí por primera vez a Vox, robándole el escaño que le hacía falta al presidente de la Xunta para obtener su mayoría absoluta. Las fuerzas de la oposición no dudaron en que Feijóo tire de la ultraderecha para permanecer en la Xunta y Ortega Smith ya le tendió en su momento la mano desde Madrid.

Las listas están hechas, pero puede haber cambios

En la última convocatoria autonómica, en 2016, el PPdeG alcanzaba 41 diputados -la mayoría absoluta se cifra en 38-, seguidos de En Marea, Partido Socialista de Galicia (PSdeG) y la coalición BNG-Nós. Desde entonces y por discrepancias con su líder, Luís Villares, En Marea rompió la fórmula y nació Galicia en Común-Anova Mareas (que agrupa a Podemos e Izquierda Unida) para la convocatoria de abril. En Marea continuó de manera independiente pero no se iba a presentar a los comicios pasados, sin embargo, ahora el grupo apoya y valora la convocatoria electoral de julio “con condiciones”.

Por su parte, el portavoz de Galicia en Común y candidato a la Xunta, Antón Gómez Reino, se ha mostrado muy crítico en las últimas semanas con la posición de Feijóo. No ha descartado recurrir a los tribunales en el caso de que se ponga en peligro la salud en la comunidad de cara a las urnas. “Convocar elecciones en plena emergencia sanitaria es una burla al enorme sacrificio de los gallegos y las gallegas y es una tremenda imprudencia”, comentaba sobre ir a votar en julio.

Gómez Reino calificó en su momento como “consolidada” la relación entre las formaciones de su partido y recuerda a su compañera Yolanda Díaz, ahora Ministra de Trabajo. De momento, con la coalición más tranquila que cuando iban a encarar la convocatoria de abril debido a la elaboración de las listas, el exdiputado pretende iniciar un modelo productivo “inverso” al de los últimos años de Feijóo en el caso de llegar al Gobierno.

También a principios de año, Galicia en Común no descartaba una posible coalición con el PSdeG-PSOE imitando la fórmula del Gobierno Central, que alza al secretario xeral del PSdeG-PSOE, Gonzalo Caballero gracias a Pedro Sánchez, y que puede que se haga real si necesitan sumar apoyos. Ante un escenario electoral, Caballero aseguró que en cualquier momento su partido estaría “preparado” para ir a las urnas y denunció también la estrategia electoral “oculta” en las actuaciones del presidente de la Xunta.

“Los tics autoritarios de Feijóo lo llevan a decisiones irresponsables que ponen el riesgo la salud de los gallegos”, comentó Caballero. En defensa de Pedro Sánchez, respaldó el estado de alarma y ante preguntas de la prensa sobre el acuerdo del Gobierno estatal que permite la celebración de las elecciones, postuló que es el presidente de la Xunta el que tiene la potestad para ello.

“Marca la agenda electoral de forma unilateral olvidando los compromisos de poner la lucha contra la COVID-19 como principal prioridad”, alegó Caballero refiriéndose al presidente de la Xunta, al que tachó de “irresponsable”. En un tono parecido, la portavoz del BNG, Ana Pontón, tildó de “temeridad” ir a las urnas en julio. Además, recuerda también que en Francia las elecciones supusieron una “baja participación” por la crisis del coronavirus y en este caso, la época estival, una posible apertura de fronteras y un hartazgo por el confinamiento puede provocar que la población se mueva y no vaya a las urnas.

En el caso de BNG, que ha criticado la centralización de competencias del Gobierno estatal en la gestión del coronavirus, después de cuatro años sin representación en el Congreso el nacionalista Néstor Rego se convirtió en portavoz. En una entrevista a este medio, Rego ya afirmó que “es más fácil derrotar a Feijóo ahora que hace cuatro años”. El BNG defiende su independencia de Madrid para conseguir así su gran reto: que Galiza tenga a una mujer nacionalista al frente.

Una campaña electoral distinta

Feijóo ha aprovechado su tiempo en televisión para promocionarse y colgarse medallas en su gestión del coronavirus que le servirá de impulso en la carrera electoral, así como para endurecer el tono hacia el Gobierno central. El estudio epidemiológico del Servizo Galego de Saúde (Sergas) que Feijóo se empeñó en llevar a cabo en la comunidad promocionándolo como “el mayor” estudio de toda la historia de la Xunta, es el que ha ofrecido los indicadores para los informes sanitarios que se deciden por julio como el mejor momento, y que ha sido tan criticado por personal médico por la baja fiabilidad de los test empleados.

Aunque Feijóo se aferre a esos documentos, existen varias contradicciones e inconvenientes que pueden agravar la crisis sanitaria en la comunidad a partir de julio, y por ello el Gobierno gallego estudia una cláusula de suspensión de elecciones por si fuese necesario. El turismo nacional, la apertura de fronteras, el riesgo de un posible repunte y lo más importante, la poca inmunidad de los gallegos ante la COVID ensombrece la desescalada. Sólo el 1% de la población ha estado en contacto con el virus, lo que provoca que la población este más expuesta en las próximas fases.

Todavía queda por concretar de qué manera se desenvolverá la campaña electoral, las medidas de seguridad a seguir, la creación de nuevos espacios para ello, las instrucciones para el domingo de las urnas y toda la adaptabilidad ineludible a este escenario electoral apoyado por el Gobierno. Las listas están formadas, pero no valdrá la misma estrategia electoral pensada para abril porque todo ha cambiado después de la emergencia sanitaria. Es la crisis social y económica que aprieta la que marcará el programa de las fuerzas gallegas.

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