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La fiesta terminó en desolación

El atentado sorprendió al presidente cuando finalizaba un mitin en Málaga// Chaves le dio la noticia sobre el escenario

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Como si acabara de recibir un puñetazo en el estómago. Así se reflejó en la cara del presidente del Gobierno el impacto de la trágica noticia.

El atentado de ETA se conoció cuando José Luis Rodríguez Zapatero, ajeno todavía a lo ocurrido, ponía en Málaga el broche al penúltimo acto programado en su campaña electoral con un llamamiento a la participación masiva para que mañana 'sea una fiesta de la democracia, una fiesta de España y de todos los españoles'.

Faltaban ocho minutos para las dos de la tarde. La única señal externa de que algo extraño, y seguramente grave, había ocurrido, vino de los periodistas que hacen el seguimiento de la campaña del PSOE, que acababan de enterarse por las alertas de la telefonía móvil. Pero era una señal sólo para avezados. Cámaras de televisión, fotógrafos y radios saltaron las vallas de su corralillo como un pelotón en maniobras para acercarse al escenario en busca de una reacción del presidente del Gobierno, que recibió la primera información de lo ocurrido por boca de Manuel Chaves.

Estaba el presidente de cuclillas en un lateral del escenario, el que mira a la cuarta pared, estrechando las manos de algunos de los 4.500 seguidores que se dieron cita en el polideportivo de la Universidad de Teatinos, en su mayoría mujeres, pues se trataba de un acto sectorial que pretendía servir también de celebración anticipada del Día de la Mujer, al coincidir hoy con la jornada de reflexión.

El presidente de la Junta de Andalucía subió al estrado en cuanto Zapatero pronunció sus últimas palabras y empezó a sonar la sintonía musical. Chaves se aproximó y dibujó la intención de tirar de él por el brazo, pero se contuvo para evitar cualquier gesto de brusquedad.

En cuanto el presidente se irguió, le comentó al oído lo que acaba de ocurrir hacía escasamente veinte minutos. Justo en ese momento los dos quedaron envueltos por Magdalena Álvarez y otros miembros de la candidatura por Málaga que subieron también al escenario para participar en la tradicional salutación de despedida.

Aun así, entre el ramaje pudo verse cómo se demudaba la cara de Zapatero, que inclinó la cabeza con gesto contrariado y apesadumbrado. El presidente del Gobierno aún tuvo el aguante de devolver con una media sonrisa forzada un beso que le estamparon en la mejilla, pero de inmediato se volvió a Chaves: 'Vámonos', le dijo. Juntos bajaron del escenario con más urgencia de la habitual, pero procurando que el auditorio no percibiera ningún atisbo de anormalidad.

Zapatero abandonó rápidamente el recinto mientras que sus colaboradores le transmitían los datos que en ese momento eran conocidos. Nada más subir al coche, telefoneó al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. A las 15,30 horas aterrizaba en el aeropuerto de Torrejón (Madrid) y se ponía en contacto con el coordinador de su campaña y número dos del PSOE, José Blanco, para preparar la respuesta política.


Recuerdos del 11-M y Buesa

Un sentimiento de rabia y desolación se adueñó de los trabajadores del PSOE que acompañan a los periodistas que siguen su campaña electoral.
En la caravana se removió de inmediato la memoria.

Hace cuatro años sus integrantes habían regresado de Toledo a Madrid para pasar la noche, antes de viajar a Barcelona el día en que se produjo la matanza del 11-M y se suspendió el acto que este jueves sí pudo celebrarse en la capital catalana. En febrero de 2000, durante la precampaña para las elecciones generales del 12 de marzo y con Joaquín Almunia de candidato, a la caravana socialista le sorprendió en Tenerife el asesinato del también socialista Fernando Buesa.

Al igual que en 2004, el PSOE suspendió de inmediato el resto de la campaña electoral. Sólo quedaba un acto. Descartado de antemano el doblete en León, Zapatero tenía previsto hacer el cierre en la localidad madrileña de Leganés, donde se esperaba reunir a más de 15.000 personas.

Si en la campaña de 2004 el último mitin lo celebró en Toledo, en esta convocatoria ha sido el que protagonizó ayer por la mañana en Málaga. Allí hizo el último llamamiento a una participación masiva.

La última arenga electoral

Esta fue su última arenga electoral, las palabras con las que cerró su intervención: 'El domingo es el día más importante que un país tiene cada cuatro años. El más importante. Es una gran fiesta, la fiesta de la democracia, la fiesta de la libertad, la fiesta de decidir cada uno con un voto, todos iguales, los camareros de antes y los de ahora, los que se consideran señoritos y los trabajadores. Por ello, quiero que sea una fiesta de todos, de todos los españoles; una fiesta de los que ganen y de los que pierdan; una fiesta de nosotros y de nuestros adversarios. Tiene que ser una fiesta de España, una fiesta por el futuro, y demostrar como demócratas todos que quien gane lo sabrá administrar con humildad y quien pierda deberá aceptar la derrota'.

Antes, en términos similares a los que el día anterior utilizó en Catalunya, subrayó que 'si Andalucía quiere, habrá un Gobierno de amplia mayoría', para lo que reclamó un 'voto mayoritario'.