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El Gobierno apuntala la legislatura y la mayoría progresista frente al "hooliganismo político" de la derecha

El Ejecutivo saca adelante sus terceros Presupuestos Generales del Estado (PGE) consecutivos y otras medidas muy simbólicas como los nuevos impuestos a la banca, empresas energéticas y grandes fortunas. Moncloa destaca la "estabilidad" del Ejecutivo frente a las críticas de la oposición. 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), felicita a la ministra de Hacienda y Función Pública, María Jesús Montero (d), durante la última jornada de debate y votación de los presupuestos en el pleno del Congreso, este jueves
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), felicita a la ministra de Hacienda y Función Pública, María Jesús Montero (d), durante la última jornada de debate y votación de los presupuestos en el pleno del Congreso, este jueves. Kiko Huesca / EFE

El jueves comenzaba con los ecos de la "violencia política" ejercida por Vox el día anterior contra Irene Montero en el Congreso. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, marcaba línea desde primera hora. "Ayer vimos un nuevo caso de hooliganismo político que la derecha y la ultraderecha nos tiene acostumbrados", dijo en referencia a las palabras contra su compañera de Gobierno. Unos insultos que, defendió Sánchez, "tienen que servir para reafirmarnos en la política útil". La coalición de PSOE  y Unidas Podemos logró apuntalar la legislatura con la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) y otras medidas muy simbólicas como los nuevos impuestos a la banca, empresas energéticas y grandes fortunas. 

Por los pasillos del Congreso la euforia de los integrantes del Gobierno era palpable. Todo aquel que desfilaba delante de los medios transmitía mensajes similares. "Estabilidad" fue una de las palabras más repetidas durante toda la larga jornada. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, una de las principales protagonistas políticas de las últimas semanas, calificaba el día como "muy importante" tras mucho tiempo de diálogo. 

La maratoniana sesión parlamentaria tuvo su primer punto victorioso para el Gobierno alrededor de las 18.00 en un pleno que había comenzado a las 9.00. Sánchez llegaba pocos minutos antes de la votación definitiva de los PGE. Una holgada mayoría aprobaba definitivamente los PGE para enviarlos al Senado. El Gobierno sacaba adelante sus terceras cuentas consecutivas con el apoyo de 10 grupos parlamentarios: PSOE, Unidas Podemos, ERC, PNV, EH Bildu, PDeCAT, Más País, Coalición Canaria, Compromís y PRC. Un puñado de votos más, por cierto, que los "síes" que obtuvo Sánchez en su investidura. 

Una "victoria del entendimiento", según la calificó un radiante Sánchez en el patio del Congreso nada más producirse la votación. Pero también frente al "ruido" que provoca una derecha que no tiene proyecto. "Quiero expresar mi satisfacción por esa política útil que es más necesaria que nunca y reivindicar, en un contexto tan difícil como en el que estamos, la victoria del entendimiento entre dispares y que no es una victoria frente a nadie, sino frente a los desafíos que tiene por delante la sociedad española", apuntó a los medios el presidente. 

Moncloa destaca que unas nuevas cuenta suponen también "seguridad y confianza". Además en un contexto de incertidumbre donde otros países europeos no han conseguido sacar sus cuentas adelante. Tampoco lo han hecho otros gobiernos de coalición autonómicos de derechas formados por PP y Cs. 

En las filas socialistas la satisfacción era máxima a lo largo del día. "En marzo nadie daba un duro porque se aprobaran los Presupuestos", apuntaban fuentes de la dirección del PSOE a media tarde. "Al Gobierno se le ha dado por enterrado muchas veces", recordaban otras fuentes socialistas. "Los Presupuestos de la socialdemocracia", remarcaron en el partido. ¿Serán los últimos PGE de la legislatura? Parece que sí, por los plazos electorales. 

El Ejecutivo de Sánchez llegaba ya crecido a esta cita tras la sesión de control celebrada el pasado martes en el Senado. Volvieron a verse las caras el presidente y Alberto Núñez Feijóo. Era la primera vez que lo hacían después de la ruptura unilateral por parte del PP de las negociaciones para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Es un formato en el que el líder del Gobierno se siente cómodo. Y la visión de Moncloa es que volvió a salir fortalecido ante un Feijóo cuestionado incluso por su partido y al que presentan los socialistas como un líder sin autonomía. 

La batalla fiscal

La segunda victoria importante llegó unas cuantas horas más tarde. La mayoría progresista de la cámara baja, a excepción de los partidos de derechas, avaló la aprobación de tres nuevos impuestos a la banca, a las empresas eléctricas y a las grandes fortunas. Este era también un asunto capital para el Gobierno de coalición. Decidieron entrar de lleno a la vuelta del verano en la batalla ideológica frente a un PP que comenzaba una espiral de bajadas de impuestos a las rentas más altas. 

Frente a eso, PSOE y UP pactaron un plan fiscal con una clara carga progresista. Un debate sobre el que repetían en Moncloa que se sentían cómodos. Quisieron hacer pedagogía para transmitir un mensaje principal: los que más tienen son los que más tienen que aportar en un contexto de dificultades. Eso, y la defensa de los impuestos en sí mismos como garantes del Estado de Bienestar. 

"Este Gobierno ha decidido que la crisis se reparta de forma justa", dijo Montero en los pasillos del Congreso. "No hay justicia social sin justicia fiscal", acuñó a modo de lema Moncloa durante los días que rodearon a la presentación de los nuevos impuestos. 

El PP intenta enturbiar la reforma de la sedición

La interminable sesión parlamentaria se alargo aún un poco más por las maniobras del PP. El partido de Feijóo decidió pedir que la votación para la toma en consideración de la reforma de la sedición (y otros asuntos del Código Penal) fuera por llamamiento individual. Los populares pretendían que los diputados socialistas, especialmente de territorios como Castilla-La Mancha, Extremadura o Aragón, se retrataran votando de viva voz en favor de una iniciativa que ha irritado a la derecha y que tampoco ven con buenos ojos algunos barones. 

La jugada, que algunos integrantes del Ejecutivo calificaban durante la tarde del jueves como "triste" y "deprimente", no le salió a los populares y todos los socialistas votaron a favor de una proposición de ley que ahora inicia sus trámites para aprobarse definitivamente antes de final de año. De hecho, la primera diputada socialista que votó quiso añadir la frase de "aquí estamos todas las y los socialistas juntos, sin fisuras, sí. Era la respuesta a este reto de los populares. Todos los parlamentarios del PSOE se pusieron de pie. La presidenta de la Mesa, Meritxell Batet, llamó al orden para que se limitaran a una palabra. 

A esta decisión, por cierto, contestaron desde EH Bildu, Más País y Compromís, pidiendo también voto individual para dar luz verde a los nuevos impuestos. "Si nosotros hemos pedido el voto por llamamiento es porque esta sí es una prueba de patriotismo", aseguró Íñigo Errejón.

El Gobierno decidió impulsar definitivamente hace unos días esta reforma, que había sido ya puesta sobre el foco desde el inicio de la legislatura y era una petición de ERC. La justificación, "mejorar la convivencia en Catalunya". Moncloa cree que el rédito electoral negativo que pueda causar este asunto entre sus votantes será mínimo. El asunto catalán se da por amortizado desde la concesión de los indultos. E insisten en un par de mensajes: la situación de Catalunya es mejor ahora que en 2017. Y además, el independentismo está más débil y dividido. 

Así las cosas, el Congreso cerraba definitivamente sus puertas entrada la madrugada. Ya era viernes. Casi 16 horas de sesión prácticamente ininterrumpidas. Con el Gobierno más fuerte. Tanto con sus alianzas externas como internamente. También de manera muy simbólica tras el cierre de filas con Irene Montero tras días turbulentos por las consecuencias en algunos tribunales con la ley del solo sí es sí. Un asunto que todavía no está cerrado definitivamente al menos hasta el pronunciamiento del Tribunal Supremo, al que se aferran desde el Ejecutivo. Pero eso será ya otra historia porque como dicen muchas veces en Moncloa, "cada día tiene su afán". Y este jueves ha sido un buen día para ellos. 

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