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Liberados en el campo nazi de Mauthausen, olvidados en España

La geopolítica dejó a los españoles republicanos sin un hogar al que regresar. Esta entrega cierra una serie artículos que 'Público' ha ofrecido como avance editorial de 'Los últimos españoles de Mauthausen' publicado por 'Ediciones B'.

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El campo de concentración de Mauthausen el día de la liberación.- LOS ÚLTIMOS ESPAÑOLES DE MAUTHAUSEN

Los españoles fueron los únicos prisioneros de los campos de concentración para los que la libertad no fue completa. El 5 de mayo de 1945, los soldados estadounidenses entraban en Mauthausen. José Alcubierre relata la incertidumbre que vivieron durante los días que siguieron a la liberación: "Los soviéticos se iban a Rusia, los franceses a Francia y los españoles nos quedamos allí, solos. Nadie nos quería, así que nos quedamos un mes en Mauthausen".

En el campo de concentración de Dachau las tropas norteamericanas confinaron a todos los republicanos en un recinto, que rodearon con alambre de espino. Cientos de españoles habían pasado, por tanto, de ser prisioneros de los nazis a cautivos de los "libertadores". En Mauthausen y Gusen no llegaron a tanto, pero se produjeron situaciones especialmente desagradables como la que relata el soldado estadounidense Álvaro Rodríguez: "Algunos españoles empezaron a trabajar para nuestro ejército. Hacían de traductores, de conductores o, simplemente, limpiando las instalaciones. Sin embargo, poco después, les echaron porque decían que eran comunistas".

"Los soviéticos se iban a Rusia, los franceses a Francia y los españoles nos quedamos allí, solos. Nadie nos quería, así que nos quedamos un mes en Mauthausen".

Finalmente, Francia cedió a la presión de su opinión pública y decidió dar refugio a los republicanos. La mayoría de ellos creían que los Aliados les ayudarían en ese momento a acabar con la última dictadura fascista de Europa, la del general Franco. Pero no fue así. Estados Unidos y Gran Bretaña ya solo pensaban en su siguiente enemigo, Stalin. En esa guerra fría que se avecinaba les resultaba más útil un dictador amigo que una democracia que pudiera coquetear con el comunismo. La geopolítica dejó, por tanto, a los liberados sin un hogar a la que regresar. Habían salido de los campos nazis con vida, pero seguían llevando un triángulo azul invisible;

Esa nueva derrota fue menos dolorosa que la sufrida tras la restauración de la democracia en España. Superado el siglo de vida, el cordobés Virgilio Peña baja la cabeza cuando afronta este tema: "La muerte de Franco y la llegada de la democracia fue una enorme alegría para todos nosotros. Pero, poco después, nos dimos cuenta de que nos habían dejado abandonados. Por eso nos llaman 'los olvidados', porque nadie se ha ocupado de nosotros. No le hemos interesado a nadie". Así fue y así sigue siendo. Los deportados españoles fueron víctimas del llamado "espíritu de la Transición". La necesaria reconciliación se transformó en impunidad y en olvido.

Pilar, hija del deportado manchego Luis Perea, lloraba amargamente mientras hablaba sobre este tema delante de su padre. En abril de 2014, Luis había perdido la salud y la memoria, pero miraba a su hija con gesto dolorido mientras ella clamaba: "Los de arriba tenían que haber hecho algo. Tenían que haberlo hecho hace años porque ahora ya quedan muy pocos supervivientes. No se pide dinero porque esto no se paga con nada, se pide un reconocimiento, lo que sea pero algo. Y no lo digo especialmente por mi padre, que salió con vida de allí, sino por los miles de españoles que murieron en los campos. Es de ellos de quien hay que acordarse".

El reconocimiento, si es que se produce, llegará tarde para Luis y para casi todos los deportados españoles. Hoy apenas quedan con vida 25 supervivientes. Luis Perea falleció el pasado 13 de julio y fue incinerado en el sur de Francia. Su último deseo había sido ese, acabar como sus 5.500 compañeros asesinados en los campos nazis, convertido en humo y cenizas.

Adelanto editorial

Este testimonio, ofrecido por Público, forma parte de una serie de cinco artículos que este diario ofrecerá durante los próximos días como avance editorial de Los últimos españoles de Mauthausen, publicado por Ediciones B, y que sirve como homenaje a los más de 9.000 españoles que pasaron por los campos nazis cuando se cumple el 70 aniversario de la liberación de los campos de exterminio del régimen nazi.

Asimismo, el lector podrá conocer más detalles de la experiencia de Antonio Hernández a través de la cuenta de @Deportado4443. De esta manera, el periodista Carlos Hernández, sobrino de Antonio y autor del libro Los últimos Españoles de de Mauthausen, da voz a Antonio y a través de él a los más de 9.000 españoles que pasaron por los campos nazis, en los que más de 5.000 perdieron la vida, y cuyo sufrimiento ha intentado ser borrado del mapa.

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