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Pablo Casado ¿Es Pablo Casado el Sebastian Kurz español?

La elección de Casado como nuevo presidente del PP y su intención declarada de anclar el partido en la derecha ha dado pie tanto en los medios como en las redes a todo tipo de comparaciones con otros políticos europeos. El canciller de Austria, Sebastian Kurz, es una candidato oportuno en esas comparaciones.

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El palentino Pablo Casado, durante su discurso tras ser elegido nuevo presidente del PP en sustitución de Mariano Rajoy/EFE

Inmediatamente después de conocerse su elección como nuevo presidente del Partido Popular, Pablo Casado fue comparado desde las redes sociales con varios políticos europeos. El diputado de En Comú Podem Marcelo Expósito, por ejemplo, escribió en su cuenta de Twitter que "con Pablo Casado han ganado Salvini y La Lega, el presidente polaco Duda, el Front National francés y el FPÖ austriaco, el caos geopolítico global de Trump”. Pero también desde esas mismas redes sociales algunos usuarios conservadores compararon –más oportunamente– a Casado con el canciller de Austria, Sebastian Kurz, la estrella emergente de este espacio político. Sin ir más lejos, este mismo martes Hermann Tertsch dedicó una elogiosa columna de opinión en el ABC al canciller austríaco.

Ambos políticos conservadores son jóvenes –Casado tiene 37 años y Kurz cumplirá los 32 el próximo 27 de agosto– y se presentaron como candidatos en sus respectivos partidos con la voluntad de regenerar la organización y reforzar su perfil ideológico, manteniendo en el fondo un programa económico neoliberal, basado en la austeridad presupuestaria y los recortes públicos. En su perfil de Casado, el diario austríaco Der Standard describía al nuevo presidente del PP como alguien que “nunca se sintió cómodo” en el centro y señalaba algo en lo que pocos medios de comunicación españoles parecen haber reparado, como que "a través del think tank Friends of Israel está en estrecho contacto con políticos de la administración Trump". En aquella iniciativa coincidió por cierto con Rafael Bardají, que actualmente trabaja como eminencia gris de Vox y ha puesto a este partido en contacto con, entre otros, el ideólogo del trumpismo, Steve Bannon.

Los paralelismos no acaban ahí. Como Kurz hizo con su actual socio de gobierno, el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), el PP estaría apostando con la elección de Casado por una figura con la que taponar la fuga de votos hacia otras opciones políticas como Ciudadanos o Vox y que las encuestas de intención de voto venían pronosticando. En este sentido, el nuevo líder de los populares podría dedicarse a recoger lo cosechado por otros e incluso utilizar, desde la posición de seguridad que proporciona ser una formación establecida en el sistema de partidos español, tanto al partido de Albert Rivera como al de Santiago Abascal como globos sonda para comprobar la popularidad de determinadas propuestas entre su electorado potencial.

Quedaría por despejar, no obstante, la incógnita de si el giro a la derecha de Casado en cuestiones que van desde el aborto hasta el encaje constitucional de Catalunya ahuyentará a algunos votantes del PP (y en ese caso, hacia dónde). No falta quien ha pronosticado que con Casado el PP podría encaminarse hacia su irrelevancia frente a Ciudadanos. Por lo pronto, y frente a una izquierda que parece estar estancada en debates internos –en ocasiones agrios y violentos–, Casado puede intentar jugar a aparentar, como han hecho algunos de sus correligionarios en otros países occidentales, que “algo se mueve” en la derecha, aunque se trate en el fondo de un proceso vertical y controlado desde arriba.

Lecciones austríacas... ¿y españolas?

Ese tipo de proceso controlado fue justamente el que llevó a cabo Kurz en las pasadas elecciones legislativas en Austria. El politólogo alemán Sebastian Reinfeldt, que desde hace años reside en Viena, describe a Kurz como un “estratega” de tipo “post-político”, para quien los puntos principales de su discurso político no son más que herramientas para conseguir y mantener el poder. De este modo, explica Reinfeldt, el hoy canciller, que se presentó a las elecciones encabezando la Lista Sebastian Kurz y sustituyó el severo color negro de los conservadores por el más amable turquesa, “utilizó la insatisfacción hacia el sistema de partidos, del que el Partido Popular Austríaco (ÖVP) es incuestionablemente un pilar, proclamando un 'movimiento político' que en el fondo, tanto personal como organizativamente, es el viejo ÖVP, sólo que pintado de otro color y reemplazado por un personal más joven.”

“Sebastian Kurz escenificó con éxito una ruptura con la tradición negra [por el color de los conservadores], lo que naturalmente no era ninguna ruptura con el ÖVP, sino que debía ayudar a recuperar el terreno perdido” del ÖVP frente al FPÖ de Heinz-Christian Strache, que había registrado importantes avances en las zonas rurales a costa del desencanto hacia los gobiernos de gran coalición en general y los conservadores en particular, al punto que algunos medios apuntaban a la posibilidad de un sorpasso al ÖVP teniendo en cuenta los resultados en las elecciones presidenciales de 2016 que enfrentaron en la segunda vuelta a un candidato independiente, Alexander Van der Bellen, con Norbert Höfer, del FPÖ.

Mientras Wolfgang Schlüssel –el canciller conservador que formó coalición con el FPÖ entre el año 2000 y el 2005– buscó neutralizar a la derecha en el gobierno, Kurz tiene el objetivo de ocupar directamente su espacio político. Según Reinfeldt, cuando en Austria “hay un problema político, [Kurz] señala la presencia de refugiados y el supuesto despilfarro del gobierno rojiverde de la ciudad de Viena”.

Los independentistas en Cataluña, la izquierda –en referencia al PSOE y Podemos–, especialmente en el campo de las llamadas guerras culturales, y, como en otros países del entorno, la inmigración, acabarán con seguridad siendo los objetivos recurrentes del discurso de Pablo Casado. Como primer y desafiante gesto, Casado ya ha anunciado que los populares celebrarán su primer comité ejecutivo en Barcelona. También ha prometido que hará "una oposición muy firme frente a un PSOE" que está "deshaciendo todo lo hecho anteriormente y que ha propuesto una agenda de ruptura al más puro estilo de Zapatero". Todo ello, como dijo en una entrevista en Onda Cero, con el objetivo de representar, en sus propias palabras, "a la mejor España, a la que sacó la bandera a su balcón independientemente de la papeleta que depositen en las urnas".

Además, el politólogo alemán sostiene que el canciller se benefició de una narrativa mediática construida en torno a su figura pública: “El héroe (= Kurz) abandonó su lugar de origen (= doble ruptura escenificada con la coalición entre conservadores y socialdemócratas y su propio partido) y lucha individualmente contra un ejército de adversarios, entre los que se cuentan 'el' islam, los socialdemócratas, los verdes y sobre todo la sociedad civil crítica”.

Algo que también ha hecho, a su manera, Pablo Casado, el underdog de las primarias de los populares que acabó imponiéndose a la candidata continuista, Soraya Saénz de Santamaría, con un 57% de los votos de los compromisarios del partido. Casado no perdió la oportunidad de presentar su como un retorno a las esencias conservadoras. ”El PP ha vuelto”, sentenció Casado en una de las declaraciones posteriores a su triunfo. Como el nuevo estilo conservador que victoria representa Kurz, suave en las formas y duro en el fondo, Casado intenta mostrarse confiado y decidido en sus apariciones públicas, sin abandonar nunca la sonrisa, dejando el discurso más estridente a sus competidores por la derecha.

La edición alemana de Business Insider quizá sea la cabecera que ha ido más lejos en su análisis y ha enmarcado la victoria de Pablo Casado –que describía como equivalente a la derrota de Mariano Rajoy– en un contexto europeo. Este diario económico mantenía que la victoria de Casado representa un fenómeno continental que deja a la canciller alemana, Angela Merkel, cada vez más aislada.

“Lo que Rajoy permitió Merkel quiere evitarlo a toda costa: la canciller no oculta cómo ve el futuro de la CDU, y si sigue lo que ella dice, los cristianodemócratas mantendrán el curso centrista”, aunque “en toda Europa los viejos partidos conservadores han vuelto a girar a la derecha en los últimos años”. Y en esto, añadía, “los conservadores españoles no son ninguna excepción”.