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Rajoy da un portazo a Soria y refuerza a la vicepresidenta

El presidente del Gobierno en funciones está muy decepcionado con el exministro, a quien apoyó incondicionalmente frente a las advertencias de Sáenz de Santamaría por su gestión en Industria y su comportamiento privado.

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El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, junto al ya exministro de Industria, José Manuel Soria. EFE

MADRID.- El presidente del Gobierno en funciones no sólo ha dejado caer a su ministro de Industria, sino que ha escenificado su enfado y decepción con quien fuera también un amigo personal de Mariano Rajoy, compañero de momentos de ocio en familia -el padre del jefe del Ejecutivo residió en Canarias hasta que su salud se volvió más delicada y se instaló en La Moncloa con su hijo- y con amigos.

Rajoy apoyó sin fisuras al ya exministro de Industria hasta este jueves, cuando El Mundo, El Confidencial, El Diario.es y otros medios publicaron que José Manuel Soria tenía una sociedad en la isla de Jersey, paraíso fiscal por excelencia del Canal de la Mancha que posee el mayor volumen mundial de fondos captados del extranjero. Ayer, según las fuentes del PP consultadas, el presidente recibió la noticia de Soria y su sociedad en Jersey durante un acto del PP en Cuenca, habló con la secretaria general y presidenta del PP castellano-manchego, Dolores de Cospedal, y tomó la decisión: Soria tenía que irse.

El silencio del presidente y su gesto muy serio cuando los periodistas le preguntaron por su ministro al salir del acto del PP conquense fue el gesto definitivo que hizo saber a los dirigentes del partido que Soria se iría. En La Moncloa, el equipo de la vicepresidenta respiraba aliviado: Soraya Sáenz de Santamaría no tendría que dar la rueda de prensa teniendo que defender a un titular de su Gobierno con el que, además, no tiene buena relación.

José Manuel Soria nunca fue un ministro que se llevara bien con la vicepresidenta, de quien no aceptaba indicaciones ni la dirección política que el cargo de Sáenz de Santamaría le otorga. Soria pertenecía a ese grupo de ministros amigos personales de Rajoy -junto a José Manuel García-Margallo, Jorge Fernández o Ana Pastor- que critican la ambición de la número dos del Ejecutivo en funciones e ignoran sistemáticamente sus indicaciones en cuanto pueden, llegando incluso a cuestionarlas en privado o en público.

La amistad de Rajoy con Soria -que en el PP dan por "finalizada sin matices"- blindaba al ministro de los reproches de Sáenz de Santamaría y a lo máximo a lo que pudo llegar la vicepresidenta para llevar el agua a su terreno fue nombrar a Alberto Nadal secretario de Estado de Energía. Alberto es hermano de Álvaro, jefe de la Oficina Económica del presidente y 'sorayo' de los pies a la cabeza.

Las actividades privadas de Soria, sus viajes de lujo pagados o semipagados presuntamente por empresarios de los que informó El Diario.es y que el exministro nunca justificó; el 'caso Salmón' que lo tuvo imputado varios años por indicios políticamente insostenibles por viajar a cargo de otro empresario a quien luego se le ofrecieron adjudicaciones desde el Gobierno canario en el que Soria fue vicepresidente, lo convertían en un arma arrojadiza de la oposición hacia Rajoy y un quebradero de cabeza constante para el PP. "Esto se veía venir", señalan ahora las fuentes conservadoras, que temen, además, que salgan más papeles contra el exministro.

Soria, reconocen ahora en el PP, tampoco fue un buen ministro: el 'caso Castor', los precios de la gasolina en ascenso pese a la caída del petróleo, la factura energética (un 10% superior cuando Rajoy llegó al Gobierno) o el cementerio nuclear en Castilla-La Mancha llevaron al Gobierno a enfrentarse a todos los sectores implicados: nadie estaba contento con Soria y ni siquiera su número dos, el secretario de Estado Nadal, pudo arreglar el desaguisado. En el PP y en el Gobierno, sin duda, respiran aliviados.

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